Esto no es un golpe
Argentina, 2018, 120′
Dirigida por Sergio Wolf
Con Aldo Rico, Leopoldo Moreau, Adela Bigatti, Julio Hang, Horacio Jaunarena, Pedro Mercado, Alberto Piotti, Jesús Rodríguez, José Luis Vila

Una épica republicana

Por Diego Maté y Federico Karstulovich

FK: Cuando vi por primera vez Esto no es un golpe me pasó una cosa que no me esperaba: me dejó de interesar el tema, que hasta ese entonces me apasionaba. Naturalmente que esta valoración no indica nada sobre la película, pero esa intuición me sirvió para que, al momento del segundo visionado, pudiera revisar qué cosa podía estar pasando en la película. En efecto, creo que me di cuenta: la película cuenta desapasionadamente un hecho apasionante. Pero no me refiero al tono: sin ir más lejos Videogramas de una revolución es increíble y su tono es desapasionado. En este caso lo que le quita pasión es el ánimo desesperado por cierta neutralidad que tiene la película. Y creo que es una de las mayores limitaciones…

DM: A mí me pasó algo completamente distinto: el tema me interesó más que antes, y lamenté no haber leído más sobre el asunto. Ahí me di cuenta también de algo que en ese momento fue apenas una intuición: en mi paso por materias como Sociedad y Estado, sean del CBC o de carreras, el alfonsinismo recibía poca atención y, cuando se lo veía, el tratamiento era rápido y frío, casi sumario. Algo que, siguiendo el hilo de esa intuición que digo, ahora me parece que se conecta con algo más general que tal vez sea el peso cultural que tiene el peronismo en casi todos los ámbitos de la cultura, y que tal vez haya hegemonizado las dosis de épica y de interés (limitadas, como en cualquier sociedad, supongo) que un país puede dedicarle a las gestas políticas. Esta idea (que no puedo probar) también explicaría la casi total ausencia de documentales sobre el mismo período; ausencia que se siente bastante más cuando hay una proporción tan grande del cine argentino realizado en los últimos años sobre la última dictadura y sobre las experiencias peronistas.

FK: Es cierto. Los períodos de gobiernos radicales no suelen ser muy bien tratados por el cine argentino. Ni siquiera tienen el menor protagonismo. En ese sentido, la relación intensa que tiene la cultura peronista con la noción de gesta épica casi casi que opaca a cualquier otro movimiento político, partido o período ejecutivo de otro orden. Pero creo que eso también tiene que ver con una cuestión de época. El retorno al pasado y a los 70s creo que encontró un cierto límite en el cine argentino. Y esto no quiere decir que no vayamos a ver más películas en esa dirección, sino que lo que entiendo que se terminó es también una lógica posible derivada de esa épica. En este sentido, lo que aporta la película de Wolf si es novedoso: una necesaria bajada de cambio. El desapasionamiento no me parece malo per se, entonces…

DM: Perdón si me excedí un poco con la introducción, pero es que eso venía a cuenta de lo que dije primero: Esto no es un golpe me resultó fascinante desde un primer momento porque iluminaba una zona de la historia reciente que resultaba (resulta) casi invisible para el cine argentino, y porque lo hacía tomando las reglas de un relato con héroes y villanos, con un desafío político de una escala que parece exceder la estatura de los involucrados, con la amenaza de que todo, a cada paso, en cada plano, en cada testimonio, puede salir mal, sin importar las noticias que se tengan del hecho (y ahí está el suspenso, la tensión: el cine, bah). De esto se desprende que no creo que el tono de la película sea desapasionado, sino todo lo contrario.

FK: Bueno, ahí hay un punto: creo que la película está pensada para aquellos que desconocen casi por completo del tema, lo que la hace especialmente didáctica en un punto, pero a la vez fría por otro. Y esto se debe exactamente por el motivo que mencionás: el alfonsinismo (pero el radicalismo en general también) tiene épicas que nunca supo aprovechar políticamente. Y el panorama cultural argentino, que suele ser mezquino y acomodaticio a las épocas, se calló bien callado todo el tramo de los 80s (aunque te adelanto que algo va a volver a aparecer durante estos años; en esta dirección la película de Wolf es de las pocas que abre el juego). Más allá de todo esto, mi preocupación es otra: siento que la historia del golpe frustrado tiene una y mil aristas (y no hablo de pequeñeces, sino de datos super interesantes narrativamente hablando) que creo que Wolf decidió dejar de lado. Presupongo que puede tener que ver que el solo exaltar algunos de esos aspectos podría haber llegado a leerse como una suerte de defensa pro-radical o una posición anti-peronista y que frente a ese horizonte la opción fue esta suerte de neutralidad desapasionada. De ahí que el solo encontrarme con lo que entiendo que son los highlights del tema me resultó decepcionante. Ahora bien, es cierto: la película tiene héroes, tiene villanos y tiene suspenso, pero en su medida justa. No hay pasión, ni exceso ni épica. Es raro: ese hecho pedía pasión, exceso y épica. Pero no en su vertiente partidista, sino en el sentido de una épica democrática y republicana en serio (entre tantas épicas protofascistas con las que tenemos que convivir…)

 

DM: Tampoco sé cómo sería una película con ese exceso y esa épica que mencionás. Creo que la película decide contar una historia conocida por todos, si no en sus detalles, al menos en sus rasgos más generales; la decisión de contar esa historia tomando códigos de los relatos da cuenta por sí sola de una voluntad evidente de imprimirle nervio y vitalidad a los hechos. De todas formas, creo que la película deja espacio en más de una ocasión para que emerja el exceso. El caso más obvio es Rico, malvado con el que Wolf tiene la suerte de toparse, quiero decir que es algo que le da la realidad, un regalo de la Historia, pero que al mismo tiempo hay que saber controlar y aprovechar, por ejemplo, optando por no responder, por permitirle hablar sin restricciones, que es un gran mecanismo para desarmar al villano: dejarlo solo, sin oponente. Las apariciones breves de Alais, que Wolf hace funcionar como comic-relief, cargan por sí solas con una gracia notable y un poco trágica que la convierte en otra ofrenda de lo real. Por otra parte, el momento en que se narra el peligro de que la gente entre a Campo de Mayo es de una tensión pocas veces vista: la sensación de que todo puede salir mal, de que el sueño de un gobierno democrático puede acabarse con un baño de sangre es tangible, se la siente en el cuerpo.

FK: Bueno, ahí es donde encuentro nuestra diferencia mas clara. Cuando hablo de exceso hablo de pasión, de intensidad. Pero me refiero a esos atributos como parte del tratamiento del tema y no como emergentes naturales de los entrevistados. Ahora bien, lo que decís de los héroes y villanos creo que funciona en tanto son personajes extraordinarios. No veo que la película los ilumine de forma especialmente destacable. Ni por acción ni por omisión. Lo que si comparto es el nervio para contar los hechos en formato de Thiller político, que a título personal le funcionó mejor a Wolf en otras películas antes que en esta. Digo: un documental no puede ser solo la voz de quien se entrevista (en el caso de que sea esa la modalidad, ya que hay otras, de más está aclararlo), sino que entiendo que debería ser algo más que esa fascinación con la voz del otro. Y lo que me pasa con el personaje de Rico no es otra cosa que esto: un malo de película, es cierto. Pero un malo tan fascinante que sin su presencia la película quedaría con un vacío irremontable. Creo que su presencia a la vez que ayuda es la mayor evidencia de las faltas por otro lado. Por eso yo diferenciaría intensidad de los entrevistados con apasionamiento a la hora de tratar el tema.

DM: Yo creo que, de existir esa épica republicana que mencionás, tendría la forma que más o menos se ve en Esto no es un golpe: una gesta con héroes civiles pero no mesiánicos, con villanos expansivos pero estrategas; una gesta que no se fija solo en la gestualidad de los líderes sino también en el arte de las negociaciones palmo a palmo, en la ingeniería de ministros y funcionarios de menor rango; también, y esto me parece central, habría un retrato adulto de la ciudadanía, que puede comprometerse con una causa y al mismo tiempo cometer errores (lejos de la infantilización con la que a veces se piensa la categoría de pueblo, esa amasijo mítico de seres irreprochables que no se equivoca y que solo actúa en nombre del bien común).

FK: Ojo, quizás se entendió mal: no reclamo ni me refiero a una épica pensada como una berretada partidista al estilo Nestor Kirchner, la película ni una épica populista como la de una película como Gilda, no me arrepiento de este amor. No: hablo de una épica en tono menor. Hay, si me preguntás, algo de eso en un tipo como Piñeyro tanto en Whisky Romeo Zulu como en Fuerza Aérea S.A. y en The rati horror show. Es una épica fordiana, o en su variable, Eastwoodiana. Es la épica de los perdedores. Perder es un exceso. Ganar también. Y la película de Wolf parece optar por el empate, que es una marca neutral. Es una elección, claro. Pero me parece que esa elección, antes que prudente, termina siendo temerosa, como si implicara un límite sobre lo que puede ahondarse y sobre lo que no. Igual me parece interesante tu idea de esta serie de héroes menores y grises. El tema es que son el gran fuera de campo en esta película. Existieron, sin dudas, pero creo que Wolf no los explota. Estaría bueno que desarrollaras eso…

 

DM: Yo entiendo que lo que termina de dar forma a ese cuadro humano general, a primera vista puede parecer un detalle menor, pero en el fondo es decisivo. Hablo de las artimañas utilizadas por el gobierno para contener la situación y mantenerla a su favor que relata Leopoldo Moreau, que acá ocupa el rol de personaje gris, hasta un poco despreciable, que está, digamos, con los buenos, que al final más que buenos de manual son políticos profesionales que lidian como pueden con una amenaza que los desborda. Hay algo ahí profundamente republicano que no recuerdo haber visto en otro documental argentino reciente, y es que los esfuerzos de los personajes se unen en algo más grande que ellos, un sistema, un entramado de instituciones, de rangos y de competencias sin el cual no habría ningún héroe. A fin de cuentas, el verdadero héroe de la película no es un líder providencial ni un colectivo homogéneo destinado a grandes cosas, sino ese sistema de relaciones.

FK: Termino con lo anterior y te contesto lo último luego. Yo creo que esa épica neutral de la que hablábamos aparece también en la elección de los planos medios, en su formato más televisivo. En su iluminación y ambientación, como si deliberadamente buscará contar un hecho “caliente” con recursos fríos. Al mismo tiempo creo que algo de ese heroísmo de las negociaciones se pierde, despolitizando un poco a la película en pos de no confundir al espectador que desconozca los hechos. Con esto no quiero decir que Wolf banalice o simplifique. Sino que opta por una versión de los hechos que no ofenda a nadie. Pero a su vez que no interpele a ese momento histórico. En este punto si le encuentro algunos de los vicios de la corrección política del progresismo: no tocar vacas sagradas y acusar a quien ya sabemos que es “culpable” (prefiero hablar de responsabilidades, algo un poco mas adulto y menos maniqueo) de antemano. Asi y todo, me parece un hallazgo tu idea del heroísmo del sistema de relaciones. Creo que en esa idea la película descansa. Y quizás sobre ese potencial se duerme en vez de llevarlo a su límite.

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