Venom
EE.UU., 2018, 112′
Dirigida por Ruben Fleischer.
Con Tom Hardy, Michelle Williams, Riz Ahmed, Jenny Slate, Woody Harrelson, Reid Scott, Michelle Lee, Scott Haze, Jared Bankens, Al-Jaleel Knox, Jock McKissic y Tom Holland.

Una aproximación

Por Rodolfo Weisskirch

Repasando en mi memoria imágenes de la infancia, una de las primeras en aparecer es la de Venom. No sé de dónde proviene esa imagen casi estática de la figura del antagonista de Spiderman, saltando de la pantalla de un televisor blanco y negro hacia la cocina del departamento donde pasé los primeros años de mi vida. Durante mucho tiempo, nunca supe el nombre de aquel personaje que aparecía en sueños como una figura amenazante. De hecho, creo que conocí primero a Venom, y mucho después al alter ego de Peter Parker.

Con el paso de los años, me volví una especie de fanático del personaje creado por Stan Lee. Más que por sus apariciones en series animadas que por los cómics. Por eso, me entusiasmé mucho cuando se anunció que el villano iba a participar del cierre de la trilogía de Sam Raimi, y como gran parte de los fans, me sentí decepcionado por su breve e injusta aparición, aún cuando sigo considerando a esa tercera entrega como la mejor de todas, acaso porque es la más bizarra y desprolija, la que tiene el riesgo y humor propios del creador de Evil Dead.

Y así, con expectativas mixtas -especialmente porque la repercusión de las críticas internacionales no venían con demasiado entusiasmo- me metí a ver este spin off que prometía devolverle la premisa mística que el personaje merece. El resultado final posiblemente aún no esté a la altura de ese entusiasmo inicial, pero tampoco de la catarata de insultos que el film de Fleischer se está llevando en su semana de estreno.

Como muchas de las adaptaciones de Marvel, el primer problema que hay que reconocer es su completa acefalía. Fleischer venía de la dirigir la más que atendible Tierra de zombies, y después su filmografía decayó con 30 Minutes or Less -una comedia drogona bastante simple- y Escuadrón antigangsters, un caricaturesco intento de hacer una remake de Los intocables con una horrible interpretación de Sean Penn. Sin embargo, los mayores méritos de Venom en este caso provienen de algunas interesantes decisiones de parte de la dirección y, sobretodo, de la fuerza que le impone su protagonista, Tom Hardy.

Hardy, el intérprete de Bronson, es uno de esos monstruos camaleónicos que se autoimponen nuevos desafíos proyecto tras proyecto que encara. No solo es un torbellino físico, capaz de actuar con cada músculo de su cuerpo, sino que además adapta su fisonomía expresiva con personajes a los que apenas se les ve el rostro. Pero no solamente es un tipo duro. Como demostró en Locke, puede sostener una película solo durante casi 90 minutos sentado detrás de un volante y nada más.

En este caso, Hardy sacrifica su físico en pos de una transformación y metamorfosis diegética, apelando a toques de humor, quizás no demasiado originales o ingeniosos, pero sí efectivos. El actor es un habilidoso clown, y por lo tanto, sus destrezas son aprovechadas por Fleischer para generar gags que permiten que el film le escape a la solemnidad, pero también al cancherismo del humor Marvel. Se trata de un humor visual, completamente cinematográfico.

El otro fuerte de la película recae en una decisión de estilo: Venom es violenta, pero en serio. Sin una gota de sangre, pero violenta al fin. Fleischer comprende que está haciendo cine de género, y sabe -más allá de los éxitos de Logan o Deadpool– que el publico adolescente también busca ese tipo de propuestas frente a un mainestream contemporáneo en general pasteurizado con la violencia. Pero Fleischer, en este caso, no tiene la necesidad de caer en el gore o el toque sexual de las obras mencionadas. Bien por el contrario, Venom es completamente frígida, incluso sentimentalmente. La “chica” de la historia es la ex del protagonista Eddie Brock -con la característica delicadeza que Michelle Williams le aporta a cada personaje que encara, y que recuerda un poco a Grace Kelly- y por lo tanto, la tensión romántica de ambos es casi nula, pese a los torpes intentos de reconquista, que permiten una relación argumentalmente más importante, la de Eddie con la nueva pareja de su ex, un médico que revela su nueva anatomía.

Cuando se empiezan a sacar capa tras capa del personaje, se comprende que Venom le escapa a la mayoría de clisés de este tipo de super héroes. Lamentablemente, como es usual, se queda sin ideas en el final, que termina siendo uno de los desenlaces más decepcionantes de los últimos años. Durante una hora, Fleischer se dedica a construir personajes y relaciones, a crear un universo con pocos elementos y otorgar a posibilidad de que el héroe y el villano, evolucionen y se construyan simultáneamente. Después de esa hora, el director demuestra un correcto virtuosismo para generar escenas de acción sin caer en el efecto videoclipero… no obstante, hacia el cierre todo se desmorona con un final poco acorde al desarrollo narrativo y la construcción ya descrita.

Venom se esfuerza por diferenciarse de todos los demás subproductos de Marvel gracias a su tono oscuro y su humor negrísimo. Hardy se vuelve a montar solito una película sobre los hombros con un antihéroe poco romántico y cínico, al que su director, Ruben Fleischer, no solo no juzga por su perfil más oscuro, sino al que respalda moralmente cada vez, que por mencionar un ejemplo delicado, le arranca la cabeza con la boca a un villano. El realizador le da tiempo a los personajes en desarrollarse, en evolucionar e interrelacionarse, sin importarle la demanda popular de ver al “héroe” convertido desde los 5 minutos en que arranca el film.

Casi se podría decir que estamos ante una película hecha a contramano de la tradición del MCU, con una dirección e interpretación que triplican la apuesta de un guión bastante elemental y banal. Por eso, quizás cuesta comprender la decisión de que en los últimos 20 minutos, todo se comprima con muy poca meditación, haya resoluciones forzadas y una pelea final bastante ridícula. Como si fuera poco, la película amaga con terminar varias veces -fiel al estilo de Avengers -, incluso aunque una de las escenas post créditos le tira un guiño a los fans, pero en definitiva ese cierre no pega de ninguna manera con todo lo que se vio en esa gran primera hora.

A mi versión de la infancia tengo que decirle: no, este no es el Venom de mis pesadillas. Aquel que saltaba de la pantalla del televisor y sostenía a Peter Parker del cuello a punto de destruirlo se queda conmigo en la memoria. El Venom de Hardy es una aproximación cercana a esa imagen. Pero a decir verdad, tal y como está el género de superhéroes hoy en día, una aproximación es mejor que ninguna.

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