¡Por fin solos! (Joyeuse retraite!)
Francia, 2019, 97′
Dirigida por Fabrice Bracq.
Con Thierry Lhermitte, Michèle Laroque, Judith Magre, Alain Doutey, Arielle Sémenoff, Constance Labbé, Gérémy Crédeville, Loup-Denis Elion y Nicole Ferroni.

Sin descanso

Por Carla Leonardi

Marilou (Michèle Laroque) trabaja en un consultorio particular como odontóloga, ya está cansada de su trabajo y especialmente de tener que atender pacientes pesados y descuidados con su higiene bucal. Cuando recibe la visita de su esposo Phillippe (Thierry Lhermitte) con la noticia de que le han concedido la jubilación anticipada en su trabajo, Marilou se pone muy contenta. Llegó también su momento de jubilarse y de cumplir el ansiado sueño de vender su casa para marcharse a vivir a Portugal.

En ¡Por fin solos!, comedia del director francés Fabrice Bracq, no se trata de la clásica premisa de la joven pareja que lucha por la felicidad que significa consumar su casamiento frente a un entorno que se lo complica e impide, sino del matrimonio sexagenario que pelea frente a los distintos obstáculos que imponen diversas situaciones familiares para poder alcanzar el sueño del retiro apacible y feliz, tal como lo refleja con mayor precisión el título en francés, cuya traducción mas adecuada sería ¡Felizmente retirados!.

Un pareja amiga, en su misma situación vital y que se muestra experimentada, advierte al matrimonio Blanchot acerca de la carga del cuidado cotidiano de los nietos durante la vejez. Se convierten en sus consejeros para forjar artilugios mediante los cuales sortear los diversos inconvenientes y equívocos que se presenten complicando su felicidad. El primer impedimento se presenta en la reunión familiar donde celebran su retiro. Allí, el anuncio de la migración a Portugal (que sólo conocen los nietos, con riesgo de ser revelado en cualquier momento debido a la ingenuidad del más pequeño) queda truco cuando se enteren que el médico de Mamiline (Judith Magre), la anciana madre de Phillipe, ha dicho que a ésta le quedan pocas semanas de vida. El plan de huida para vivir un retiro sin molestias, continua no obstante vigente, pero en secreto y a la espera de la evolución de Mamiline, que ha sido internada en un hogar de ancianos, pese a verse muy saludable.

La situación de los Blanchot se complica aún más, cuando su hija Cecile (Nicole Ferroni) se separe de su esposo Arnaud (Omar Mebrouk). Arnaud es el típico esposo bonachón, pero inmaduro; que espera que su esposa lo atienda junto a sus hijos, al regresar ella agotada, luego de su extensa jornada laboral en el mismo hogar de ancianos en que se encuentra internada su abuela Mameline. En esta subtrama el director trabaja la temática de la comedia clásica de re-matrimonio, donde la mujer se ve superada en su rol de esposa y madre, y aspira a conquistar su autonomía y su deseo. De allí que descubramos que Cecile tiene como amante a un ex-atleta, cuya madre es paciente del hogar donde trabaja. La distancia será ocasión para que tanto Cecile como Arnaud, crezcan y encuentren una nueva manera de estar juntos. Pero mientras se produce la separación de Cecile, los Blanchot deben lidiar con el bueno para nada de Arnaud, que se ha instalado en su casa, y con las crecientes demandas de su hija por el cuidado de los niños (donde el consejo de mantener una extravagante agenda a tiempo completo realizando beneficencia para los pobres, oficia de salvoconducto).

La tranquilidad además se ve alterada por las constantes irrupciones de un equipo de emergencia médica que acude ante las insólitas activaciones de un collar con GPS de Marilou, regalo de retiro de la superflua esposa de su hijo Martin (Gérémy Crédeville), que es periodista deportivo de televisión. Y por las grandes reformas que deben realizar en su hogar, bajo la dirección de su insoportable nuera, para hacer de su casa una vivienda cool a los tiempos que corren y conseguir así un comprador.

¡Por fin solos! es una comedia simple, con escasos pasajes logrados, ya que el humor que despliega carece de ideas visuales interesantes. Al mismo tiempo respeta a rajatabla las clásicas convenciones del género, lo que la vuelve absolutamente previsible en su desarrollo como en su resolución. El aspecto valorable es que aquí el humor está puesto al servicio de poner a la luz, la dificultad de muchos adultos mayores, para disfrutar de su retiro cuando todavía están gozando de salud. Habiendo trabajado durante toda su vida, muchas veces continúan realizando el no remunerado trabajo de cuidar diariamente de sus nietos e incluso a veces, sin consideración respecto de sus posibilidades físicas. La posición del matrimonio Blanchot, en su decisión de retirarse a otro país, es extrema y exagerada, cierto, como obedece a las convenciones de la comedia (el retiro es literal). Pero a la vez, plantea una idea de felicidad que toma como modelo a la juventud. Se trata de una felicidad idealizada, basada en un puro hedonismo, que reniega de toda posibilidad de conflicto o malestar.

Después de todo, nos dice la película, no se puede huir de la familia y tampoco todo lo que viene de la familia supone una claustrofobia y demandas intolerables. Tal vez se trate de aprovechar la jubilación como ocasión para vincularse con los propios hijos y nietos de una nueva manera. En este sentido, la película permite pensar una idea de felicidad más madura, que contemple el malestar como constitutivo de los vínculos humanos y que, lejos de evadir los conflictos, los afronte buscando consensos a través del diálogo. No le pidamos milagros a este mainstream francés en plan de consumo geronte, pero algo es algo.

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