The Shape of Water
EE.UU., 2017, 119′
Dirigida por Guillermo del Toro
Con Sally Hawkins, Doug Jones, Michael Shannon, Octavia Spencer, Richard Jenkins, Michael Stuhlbarg, Lauren Lee Smith, David Hewlett, Nick Searcy, Morgan Kelly, Dru Viergever, Maxine Grossman, Amanda Smith, Cyndy Day, Dave Reachill

Historias extraordinarias

Por Emiliano Andrés Cappiello

La magia de Faerie no es un fin en sí mismo, su virtud está en sus operaciones: entre ellas está la satisfacción de ciertos deseos humanos primordiales. Uno de estos deseos es estudiar las profundidades del espacio y el tiempo. Otra es (como se verá) la de establecer comunión con otros seres vivos.

Sobre los cuentos de hadasJ. R. R. Tolkien

 

Cuando J. R. R. Tolkien escribe su ensayo “Sobre los cuentos de hadas”, una de las creencias falsas que busca derrotar es la idea del cuento de hadas como limitado en su público únicamente al de los niños. Tolkien llama a esta asociación de los cuentos con la infancia un “accidente de nuestra historia doméstica”, afirmando que no nace de un interés especial de los niños con este tipo de historias sino de una imposición artificial de parte de los adultos que, con el paso del tiempo, abandonaron estas historias en ese rincón. No hay nada intrínsecamente infantil en los cuentos de hadas, es su punto, sino que este es un estatus al que fueron forzados a traves del tiempo. Es probable que Tolkien, con los limites que le adjudicaba al genero, no hubiese considerado a The Shape of Water como un cuento de hadas; pero el tipo está muerto y no me va a poder refutar, así que sigamos.

Guillermo Del Toro es un director que siempre se ha notado fascinado por lo fantástico. Así sean las criaturas de El laberinto del fauno (2006), los héroes de Hellboy (2004) e incluso las criaturas enormes de Pacific Rim (2013), su obra está plagada de visiones o indicios de mundos extraños, ajenos a las reglas naturales del nuestro, seductores y peligrosos por igual. Al describir la Fantasía, Tolkien, en ese mismo texto, argumentaba que era también uno de los géneros más dificiles de lograr, puesto que involucra la creación de un mundo propio, con sus leyes internas que de no ser respetadas imposibilitan cualquier inmersión del público en el relato. Tolkien, que renegaba del concepto de “suspensión de la incredulidad”, lo planteaba como la existencia de dos mundos: el primario, el que habita el lector/espectador, y el secundario, el de la Fantasía, tan real como el primario, de ser creado correctamente, pero existiendo en otro lugar, la obra. Lo único de lo que no puede burlarse el relato, decía, es de la magia misma. Es fundamental que ese mundo secundario sea absolutamente consistente para poder funcionar.

Dificilmente haya director hoy en día que se tome tan en serio la fantasía como Del Toro. En The Shape of Water, el elemento fantástico quizás sea el más simple de sus obras, pero hace con ello la más rica de sus películas. Lo que irrumpe en las vidas de sus protagonistas es una criatura, un hombre-anfibio incapaz de hablar, recluido para su estudio en una instalación gubernamental. El relato sucede en los 60s, y sus héroes son tres criaturas tan denigradas como el pobre bicho: una muda, un homosexual y una negra. La discapacidad de Eliza (Sally Hawkins) se convierte en virtud al encontrarse con el prisionero; es la única que puede comunicarse con él y comprenderlo. Ambos se enamoran, conectados por el rechazo y la soledad. Eliza es una heroína espectacular, valiente y decidida, idealista y romántica. Y su vecino, Giles, un perfecto narrador y compañero, interpretado por Richard Jenkins, un actor capaz de otorgarle una capa extra de humanidad a lo que sea con solo aparecer en cámara.

 

Del Toro construye la historia de amor entre Eliza y el señor pescado con humor y emoción, pero principalmente por un cariño y respeto absoluto por su mundo y sus personajes. Desde ya que la ambientación y puesta en escena es excelente, sin dudarlo. Pero mas importante, como bien enseñaba Tolkien, desde un compromiso total con el universo del film y con su representación. El cuento de hadas de Del Toro, hermoso y sensible, no ofrece concesiones. La violencia es representada en todo su esplendor, la crueldad de sus antagonistas y el horror de las flagelaciones se vislumbra explicitamente. El sexo tampoco queda relegado del romance: ni esquiva la camara las zonas erógenas, ni oculta los placeres privados (¿cuantas veces vieron en el cine reciente una protagonista femenina masturbarse?). Los deseos de sus personajes son tan contundentes como sus acciones. Sus anhelos y motivaciones, incluyendo al científico (Michael Stuhlbarg) y al antagonista (Michael Shannon, a esta altura maestro absoluto del rígido autoritario), cobran peso al ser representadas con sus matices y sin arrugar. Al aceptar todos los espantos y las bellezas de su mundo, Del Toro dota a la fantasía de la más convincente realidad. Lo que construye es una fantasia mas realista que muchos documentales, un romance épico de belleza singular e indudable existencia.

Los cuentos de hadas son, en parte, siempre sobre los deseos de los mortales. Sobre el deseo de conocer, de explorar, de relacionarse. The Shape of Water es una película sobre el mayor de los deseos, sobre el triunfo de los rechazados y la derrota de la conformidad. Y es, tambien, la mas bella y conmovedora defensa de la fantasía.

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