The Muthers 
Filipinas, 1976, 83′
Dirigida por Cirio H. Santiago
Con Jeannie Bell, Rosanne Katon, Trina Parks, Jayne Kennedy, Tony Carreon, John Montgomery, Sam Sharruff, Dick Piper, Ken Metcalfe, Rocco Montalban, Bill Baldridge, Bert Olivar, Claudine Santiago, Carlo Varca, Robert Lee.

¡Blaxsplotation Now!

Por Rodolfo Weisskirch

¿Quién dijo que la diversión solo está en las calles de Nueva York? Cirio Santiago, nombre emblemático del cine filipino, lleva la acción literalmente al océano pacífico, un poco más allá de la costa oeste. Allá un trío de mujeres afroamericanas -que se dedican a la piratería y comandan a un grupo de hombres caucásicos- son atrapadas por la policía de una de las tantas islas en donde tienen orden de captura. Frente a ese problema, la única forma de quedar en libertad es infiltrándose como prisioneras de un campo de concentración esclavista que dirige un traficante de drogas. Su misión no solo es escaparse y brindar información, sino también liderar una revolución para liberar a todas las prisioneras.

The muthers no hace sino traernos de vuelta al sub-género carcelario en su mejor expresión. Inspirado seguramente por las películas producidas por Roger Corman, Santiago explota todo lo que tiene a mano, literal y figurativamente: cuerpos, botes, cabañas. Tortura y vuela por los aires a hombres y mujeres. Somete a vejaciones de todo tipo a las mujeres encerradas. El capo de la isla es un dictador maníaco, barbudo como el estereotipo de líder comunista latinoamericano de entonces. No hay ideal posible: excepto esclavizar sexualmente. Pasolini un poroto.

La película más políticamente incorrecta de todo el festival de Mar del Plata en 2019 fue este hermoso exponente, orgullosa clase Z de 1973. Bajo presupuesto, malas coreografías, malas peleas. Pero acaso, ¿se puede buscar solemnidad con tal premisa? Lo interesante, a la distancia -dejando de lado la inevitable cosificación de los cuerpos de todo explotation- es que el carácter de las protagonistas no supone reaccionarismo de ninguna clase, sino que resulta completamente coherente con la mirada feminista contemporánea. Las heroínas no pierden femeneidad por ser mujeres fuertes y luchadoras. Por el contrario, se imponen con destreza –al menos los personajes- sobre los mastodontes masculinos que las persiguen y tratan de someterlas bajo toda forma de violencia.

El aspecto más poderoso de estas mujeres es que no necesitan de una figura masculina que las defienda o salte por ellas. Aquí las mujeres son sometidas, si, pero también luchan de igual a igual, alejándose del estereotipo de la mujer empoderada y masculinizada de películas de directores abiertamente feministas, como James Cameron. No: aquí estas mujeres son poderosas, pero también pueden ser muchas cosas más.

La visión de Cirio H. Santiago, sacando obviamente las cláusulas de clisés del blaxplotation, es mucho más progresista que la de muchos realizadores contemporáneos. Incluso aunque no lo parezca. Quizás esto se deba a que la película no parece especular nunca en relación al rol de las mujeres. Por el contrario, son los hombres los que se llevan la peor parte en el plano moral. A lo largo de toda la película el director exhibe la sororidad entre mujeres (antes de que el concepto existiera de forma masiva), siendo víctimas o victimarios. A su vez expone a la mayoría de los hombres como brutos, hipócritas y burócratas. Solo se salvan los marginales, los “machetes” que sirven a las órdenes de las protagonistas.


Por otra parte, como si anticipara cierto clima de época, la película se adelanta casi una década al código de los films bélicos del reganismo –léase Desaparecido en acción, Invasión USA o las secuelas de Rambo-. Como último, en esta coctelera genérica, Santiago suma más capas, en donde también hay espacio para el thriller -en el que trata de evitar el erotismo gratuito: lo hay pero no se regodea tanto como muchos de sus colegas-, pero también para la acción, el suspenso y el drama. Como todo buen explotation, no puede haber un solo público. Y hay que ofrecer todas las opciones a mano.

Sin pensar en la corrección política, sin preocuparse por la incorrección como acto de provocación, sin proponerse un panegírico feminista pero sin olvidarse de sus orígenes desclasados, The Muthers construye, en el corazón de la selva filipina, el horror es más encantador. 

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