Fast-Furious-9-everything-we-know-about-the-new

Tiempo de lectura: 3 minutosRápidos y Furiosos 9

Por Mariano Bizzio

F9
EE.UU., 2021, 145′
Dirigida por Justin Lin
Con Vin DieselMichelle RodriguezJordana BrewsterTyrese GibsonLudacrisJohn CenaCharlize TheronHelen MirrenKurt RussellSung KangLucas BlackFinn ColeVinnie BennettNathalie EmmanuelAlexander WraithMichael RookerCardi BDon OmarOzunaJD PardoThue Ersted RasmussenAnna SawaiBow WowShea WhighamJim ParrackSiena Agudong.

Nos vimos

Cuando todo tira para abajo
es mejor no estar atado a nada

Charly Garcîa

Ya no puedo decir, siquiera, algo como “todo rompen”, porque queda viejo. Pero si me puedo ir despidiendo de una saga que fue una montaña rusa: arrancó muy abajo con las primeras cuatro, subió notablemente y cambió todo con la cinco, mejoró y nos hizo notar que había algo mas que un error y que realmente valía la pena la confirmación de las nuevas ideas con la seis, llegó a su punto más alto y delicioso, dueña de una conciencia y un disfrute notable en la 7 y en la 8 comenzó a expresar algunos problemas importantes, en la 9 no oficia que no era otra cosa sino un spinoff para contentar a The Rock (enojado y distanciado de Vin Diesel) que fue Hobbs & Shaw se replicaban los mismos inconvenientes pero se notaban un poco menos por la pericia del director de Atómica. Pero en esta novena entrega real rompieron el chiche. Porque retomaron lo peor de las primeras cuatro, lo que había sido sabiamente olvidado en las siguientes tres y parcialmente recordado en la cuarta del segundo par tetratológico: la zarandungada de la familia como tema central.

¿Por qué, por qué?

Rápidos y Furiosos 9 hace bien en llamarse F9, que es como si le diéramos F5 pero equivocados de tecla y el asunto no actualizara nunca. Por el contrario, ni futuro ni presente, lo de FF9 es pasado. No confundir: ese FF no refiere a las siglas de la saga, sino a la necesidad desesperada de adelantarlo todo hasta la siguiente escena espectacular. Porque lo que sucede acá es que se perdió la conciencia rítmica que nos hacía desesperar de emoción con saltos y piruetas en las anteriores (no casualmente confiaban en los planos más largos mientras que esta entrega corta en cualquier lado con una histeria asombrosa e incapaz de generar movimiento), pero que aquí nos obliga a pedir un control remoto para asegurarnos que en la escena siguiente haya un verdadero trabajo sobre el ritmo y la musicalidad de los planos como alguna vez James Wan supo darle a esta saga.

Pero nada. Damos fast forward con nuestra cabeza y en el medio nos ponen palos en la rueda: flashbacks innegociables que nos tiran hacia atrás, hacia abajo. Si: nos la bajan (a la intensidad, a las ganas de bailar y soñar con la imaginación del desastre en movimiento). Agregarle saltos temporales y explicaciones a las reapariciones y a los desaparecidos que vuelven. En serio? Agregarle más familia y más venganza a una saga a la que tanto le había costado desembarazarse de estas barbaridades superfluas de gurú de narrativa que recomienda “cada tanto debes revelar la humanidad del personaje en el interior de la aventura”. Pero no de esta manera, sino confiando en la acción. Pero la decisión fue otra: llenar la pantalla de personajes viejos y revividos por una necesidad inconfesable. Y desplazar a aquellos que nos aseguraban la dicha en movimiento.

Acaso la entrega más hablada de la saga, al menos desde las primeras cuatro, lo de F9 no se paga ni con algunas escenas simpáticas como las del viaje al espacio (si si, eso si está muy bien, pero es poquito), como las de alguna de las persecuciones del inicio y las de los usos de los imanes gigantes, que son las que nos recuperan el mundo infantil de lo posible, donde las ciudades se vuelven material para el pisoteo lúdico. Pero son pocas, poquísimas. Momentos iluminados en medio de tanta oscuridad solemne (hasta Vin Diesel volvió a su perspectiva de rostro amargado) que se esparce a lo largo y ancho sin que entendamos muy bien por qué motivo retroceder a la saga tantos pasos atrás. Y la respuesta es: para darle aire. Para ingresar a John Cena, que aquí está desaprovechado. Y de a poco ir jubilando a lo peor? No lo sé.

No hay mucho que podamos resaltar sino que la pobreza estructural de esta entrega deberá ser tragada por el olvido. Y quizás la siguiente entrega nos encuentre nuevamente con Statham, con The Rock, con John Cena, con el movimiento, con la furia y el sonido del cine de acción que cree en los golpes, en las patadas, en los saltos y en los desplazamientos imposibles como una religión, como un modo de habitar el mundo de manera feliz: bailando.

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