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Tiempo de lectura: 2 minutosRecomendaciones Pre Bafici 2019 (2): Desde la cocina

David Obarrio

Las imágenes infinitas

Por David Obarrio

Un festival de cine debe tener al menos un mérito: el mérito de lo desconocido, de lo inalcanzable, de lo intangible, de lo ininteligible, de lo inapresable. Se trata en verdad del mismo mérito; nombres diversos para un efecto de desasosiego que apunta en la misma dirección. Leer un gran festival como el Bafici significa tropezar con signos acaso imprevisibles, ripios gozosos que son en realidad el tesoro irremplazable del aficionado al cine; ese inveterado que capta imágenes esquivas, el que se mete en la sala con la convicción íntima de que eso que cree saber quizá sea, finalmente, un misterio, una cosa distinta de la esperada, un más allá de las expectativas, una entidad extraña, tantas veces dispuesta a saltar de la pantalla y abalanzarse sobre su conciencia para desengañarla, sumirla en la incertidumbre más absoluta, quitarle con violencia eso que creía que tenía, esos automatismos, esa comodidad. En un festival de cine como el Bafici hay siempre una emoción inefable, la garantía de una cierta inestabilidad. El privilegio, nada menos, de estar caminando sobre un territorio en el que late una sensación de incerteza. La de que no se puede saber bien con qué se va  encontrar uno dentro de la sala, con qué caras, con qué vibración, con qué horizonte. Pero así como hay libros que abrimos en cualquier página y no pueden nunca de dejar de decirnos algo –si no encontraron un libro que haga eso con ustedes, deberían buscar uno hasta encontrarlo –de igual modo, el Bafici dice siempre algo. Como si no pudiera no hacerlo. En sus pliegues, que son aquellos del cine existente, no siempre a la vista, ese cine con sus devaneos, sus vuelcos azarosos, sus parpadeos, su estupefacción, sus rutinas inconfesables, sus saltos olímpicos al vacío y sus bellos, a veces indolentes estremecimientos, se puede medir el estado del cine en forma privilegiada, como testigos que observan y son a la vez el blanco: sobre el terreno, en el campo de batalla de las imágenes, en el clima de inmersión y de ebullición de eso que podemos con alguna comodidad denominar, si tenemos suerte, las películas contemporáneas. Porque nosotros miramos el mundo a su través, como niños azorados, siempre renovados, pero ellas, a su vez, con una arrogancia inocultable, nos miran a nosotros.  

Presento aquí, entonces, una breve lista para un festival infinito. Un recorrido posible para un mundo interminable. 

Breeze (Kun Yang)

Ojo de mar (Pavel Tavares, Benjamín Garay)

Entrialgo (Diego Llorente)

Mens (Isabelle Prim)

Spice It Up (Lev Lewis, Yonah Lewis, Calvin Thomas)

The Mountain (Rick Alverson)

The Unicorn (Isabelle Dupuis, Tim Geraghty)

Volcano (Roman Bondarchuk)

Swing Kids (Kang Hyoung-chul)

La afixia (Ana Isabel Bustamente)

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