Revenge
Francia, 2017, 108′
Dirigida por Coralie Fargeat
Con Matilda Anna Ingrid Lutz, Kevin Janssens, Vincent Colombe, Guillaume Bouchède

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Por Diego Kohan

Alguien dijo alguna vez que el cine es un contrabando de ideas. Desde Hitchcock hasta Carpenter, son muchos los directores que para reflexionar u opinar eligen esconder algunas pistas en su película, pero sin perder de vista que lo más importante es entretener, no en el sentido liviano del verbo para justificar una obra chata sino todo lo contrario; apasionarse por la construcción del primer relato, hacerlo consistente, ágil, lograr que el espectador sienta algo, manipular sus emociones, ya sea con el “suspense” del citado Hitch o la acción de Terminator, o el terror de Halloween (quizás ésta sea una de las grandes diferencias entre los buenos y los malos directores). La puesta en escena es conjugar todo esto en la pantalla: las pistas, el entretenimiento, los recursos que ofrece el cine para ordenar los elementos. Las películas que entretienen como algo liviano van directo al shock; si uno sabe cuándo aparece el fantasma en el placard ya no hay nada que amerite una segunda visión .

 

Revenge tiene un poco de ambos modos de entretenimiento. Si bien no se podría decir que es una película de autor (al menos por ahora; esto puede cambiar en el futuro revisoniando una obra que puede llegar a ser más vasta que lo que lo es actualmente), la película de Coralie Fargeat está lejos de ser una del montón. Mezcla de acción, thriller y gore, la película se divide en 3 actos bien marcados: el primero, donde la protagonista se presenta como una mujer-objeto cumpliendo con la apariencia, tareas y deseos del Hombre (como género, no especie) y que culmina con su violación y asesinato. El segundo acto es el iniciático –resurrección mediante- y el último es la caza y venganza.

Con buen manejo de la sutileza (y conocimiento del tema, evidentemente), la directora establece una situación inicial de juego sensual, de estereotipos, y en el medio de ese clima de disfrute expone la fragilidad de la seguridad de las mujeres en una sociedad (aquí reducida a 4 personas) machista, donde todo está bien mientras los hombres lo aprueben. Como dijimos, este primer acto termina con el asesinato de Jen (Lutz), pero no de cualquier modo azaroso sino con una “caída” desde un precipicio.  Es aquí donde la película cambia (incluso, si queremos, en esta caída apreciamos lo que el teórico Angel Faretta denomina “eje vertical”, que podemos resumir como un momento donde el film rompe su horizontalidad para recordar el aspecto trágico de la vida y el límite de las acciones humanas y la película cambia su estado), tanto desde la fábula como desde lo simbólico: la protagonista –Jen- no sólo muere sino que lo hace en una caída y es atravesada por un tronco, es decir que nuevamente es “violada” y hasta “embarazada” (ya que la atraviesa) porque a ella no la mató una persona sino el Machismo.

En el segundo acto –el más breve- Revenge toma un giro que roza lo fantástico. Jen no sólo revive luego de unas horas sino que se encuentra, de algún modo, crucificada. Para que no queden dudas, la sangre le chorrea por los brazos. (En fin). Luego se esconde en un lago o río, se lava y purifica. Su rito iniciático culmina en una cueva, donde finalmente se quita el tronco para luego cicatrizar la herida enorme con los restos de una lata de cerveza previamente calentada en el fuego. Su renacimiento es completo y llevará la marca de la cerveza, que es un águila. Entendemos que se trata del Ave Fénix, lógico. La transformación ya es completa.

Lo que resta de la película es la caza y venganza de Jen. Prácticamente no habrá más diálogo. Porque en esta fantasía propia, Fargeat se permite resolver el problema del Machismo de un modo que no puede hacerlo en la realidad: a los tiros, como harían John Wayne o Rambo. Ya no queda nada por decir ni tiempo para perdonar. Si en el primer acto abundaban los primeros planos a las hormigas para enfatizar la pequeñez de la mujer (en un desierto, recordemos), ahora la atención la tienen las heridas de los cuerpos, lo gore, el excesos.

Parece imposible no vincular la versión final de Jen con algún personaje de Robert Rodriguez (más puntualmente Sin City Machete), como si éste periplo que se cuenta en Revenge fuese el paso previo a ese estadío de mujeres guerreras urbanas.El mayor mérito de Revenge es su medida desmesura, su excursión a lo fantástico y su acción. Una película netamente feminista, combativa y no solemne.

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