Seance_PR-STILL_8

Tiempo de lectura: 3 minutosSeance

Por Santiago Gonzalez

EE.UU., 2021, 92′
Dirigida por Simon Barrett
Con Suki Waterhouse, Madisen Beaty, Inanna Sarkis, Ella-Rae Smith, Stephanie Sy, Megan Best, Jade Michael, Djouliet Amara, Seamus Patterson, Cliff Sumter, Olatunbosun Amao, Leah Mitchell, Taya Ayotte Bourns

Pasado, presente, futuro

Caso extraño el de Simon Barrett. Se trata de un guionista que nos dio verdaderas sorpresas -como enYou’re next (2010) y The guest (2014)- a la vez que nos decepcionó -con despropósitos como Blair witch (2016), hasta ahora la única piedra con la que se tropezó en su carrera-, por lo que el boleto estaba abierto hasta el momento de dirigir la reciente Seance. Indistintamente, si hay algo que comparten en común esas tres propuestas es la idea de trabajar sobre algo ya concebido, sobre texturas e ideas preexistentes, más allá de los resultados (o acaso sin miedo a ellos).

Así sea el cine slasher, o una secuela de una película icónica. Barrett busca en la repetición de lo conocido los materiales que hacen funcionar a su cine. Trabaja en base a ellos para concebir sus escritura, no desde una mirada moderna y censora -con bajada de línea incluida, ¿acaso no van de la mano?-, sino respetando y entendiendo a sus referentes, trabajando su relación con la historia del género en perspectiva y no por encima del mismo. 

Así como en You’re next jugaba con la idea de víctima/victimario, en The guest le daba una vuelta a la trama del infiltrado desestabilizador para acercarla al slasher mas demente e imprevisible. Blair Witch trabajaba sobre la historia original, es cierto, pero en vez de recurrir a la sutileza y a la máxima de no mostrar nada para incentivar la imaginación del espectador (como en la versión del 99) optaba por hacer lo contrario, porque el público ya conocía la película original. Una idea que, por buscar desmarcarse del molde, terminó siendo contraproducente, acaso porque el nuevo publico buscaba el mismo efecto que la primera versión.

Si se presta atención a esos casos es fácil determinar que Barrett se siente cómodo en el marco que le provee el slasher. Y no sólo porque conoce al subgénero sino también porque entiende los mecanismos microscópicos que lo hacen funcionar. Esta vez no solo es el guionista sino también el director en una historia que tiene ecos de Suspiria (Dario Argento, 1978) (y algún que otro crimen remite a la obra del italiano loco), pero sin lugar a dudas creo que tiene más en común con La residencia (Chicho Ibañez Serrador, 1969). En aquella película el hijo de Narciso Ibañez Menta se planteaba una historia sobrenatural cuya resolución estaba más cercana a los terrores que comenzaban a surgir en todo el mundo -y que era cercano a las sensibilidades del nuevo público- que los que se abandonaban en la década anterior. Para ser más concretos: había un asesino y lo fantástico era una trampa, una forma de unir a dos mundos. Uno que se estaba yendo y otro que empezaba a florecer. Una película de transición.

No sé si Barrett pensó esto, pero lo que si podemos afirmar es que el mismo gesto está presente en su película. Por ejemplo en la primera escena, cuando vemos a un grupo de jóvenes haciendo una variación del famoso Bloody Mary en el baño del internado donde transcurre la película. Es una escena efectiva que hace pensar que estamos ante una de fantasmas pero con el tiempo las resoluciones van a ir por otro lado. Al final de cuentas es un ejemplo fractal a la historia, que hasta la mitad realmente no nos permite entender para qué lado va a ir. E incluso una vez tomado el camino, es lógico pensar que lo sobrenatural pesa en la resolución del conflicto. 

Ahora bien, nada esto no significa que Barret juegue la carta de rechazar lo sobrenatural como ocurre con directores como Ari Aster o Luca Guadadigno y su deplorable secuela/remake de Suspiria. No: Barret no rechaza lo fantástico sino que plantea que aquello puede servir como contrapunto, como articulación disrruptiva de un terror más real. 

Es por eso que si en algo falla Seance es que en algunas escenas se evidencia la inexperiencia de su director. Basicamente porque a pesar de contar con buenas ideas en la puesta en escena, hay otros momentos donde no sabe cómo resolver algunas situaciones y esto se vuelve alarmante, en particular, en algunas las escenas de terror que no cumplen su función. Pero también es cierto que con practica todo mejora: el corazón y las ideas están en el lugar correcto.

Hay por ultimo una idea a resaltar. Teniendo Barrett a La residencia o incluso a Black Christmas (Bob Clark, 1974) como antecedentes, lo que busca no es borrar el pasado o querer señalar aquello que estaba mal (la voluntad censora del neopuritanismo del terror contemporáneo) en aquellas películas, sino entender que busca conectarse precisamente con aquello que las hacia funcionar, para así acercarse a las sensibilidades de esta (y de aquella) época sin tener una bajada de línea o machacando una ideología como contraseña de entrada a un club exclusivo. Seance no es ni más ni menos que una película hecha por un tipo que busca lo mejor del pasado para construir su mundo. Y quizás asi tengamos futuro.

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