Spider-Man : Sin camino a casa

Por Gabriel Santiago Suede

Spider-Man: No Way Home
EE.UU., 2021, 148′
Dirigida por Jon Watts
Con Tom Holland, Zendaya, Benedict Cumberbatch, Marisa Tomei, Jacob Batalon, Jon Favreau, Angourie Rice, Alfred Molina, Jamie Foxx, J.K. Simmons, Thomas Haden Church, Rhys Ifans, Harry Holland, Christopher Cocke, J.B. Smoove, Hannibal Buress, Martin Starr, Tony Revolori

La gran bestia pop

Como pocos directores industriales contemporáneos, Jon Watts sabe filmar el movimiento. Pero también entiende a sus personajes y logra trabajarlos a partir de rasgos económicos y precisos. Por eso su incursión en el reboot de la saga Spiderman no solo fue acertado, sino necesario para comprender a uno de los personajes icónicos que menos suerte había tenido luego de las fallas de la tercer entrega de Sam Raimi y luego del desafortunado reboot con Andrew Garfield a la cabeza. Ya había pasado con Hulk, que al día de hoy sigue sin reboot y sin película propia. Por el contrario, los demás personajes nucleares de Avengers supieron lograr una expansión que también había quedado en falta con Hawkeye (quien desde diciembre de 2021 tiene serie propia) y con Black Widow (quien tuvo largometraje propio en 2021). Pero lo de Spider man siempre fue otra cosa, porque su mundo personal había llegado a expandirse de tal manera que era imposible continuar sin una correcta reevaluación. Por eso el factor Watts como ordenador del despiole. Pero además con un personaje que arrastra consigo el concepto del multiverso, que convierte a muchos personajes en un verdadero multimarcas al por mayor, con explotaciones cruzadas a más no poder (como ya habíamos visto en Spider-man: un nuevo universo, que no hizo más que adelantarnos esto que estaba por llegar, pero con fruición y músculo).

Spider-Man: Sin camino a casa convoca a una pertenencia que se vuelve cada vez más fuerte en el mundo Marvel. Encontrarse con personajes del pasado en el presente es como asistir a una fiesta y encontrarse a viejos amigos de distintos orígenes y pertenencias. “The worlds collides” diría George Costanza. Y asi es. Por eso algo de lo extracinematográfico siempre anduvo dando vueltas por acá, ya que al final de cuentas hemos sido tratados como conejillos de indias de un feroz sistema de marketing que anticipa un estadio superior. Ya no solo tendremos películas de superhéroses solitarios. Tampoco películas de duetos (en tandems de a dos o de a tres eventualmente). Tampooco eventos cross-over entre varios personajes. No: el cross-over habilitará al mercado a explotaciones superpuestas. Sony meets Marvel es apenas una parte del asunto. Los nuevos cross-over se parecerán.

Pero no nos quedemos en ese lugar miserable, porque también es injusto. SNWH es también, a su manera, una gran película menor. Es grande porque está respaldada por esa entidad que llamamos “cine acontecimiento”, pero es menor porque su tono grandilocuente no se condice con sus personajes, que son una expresión desandada de lo heroico, como si todo el tiempo quisieran bajarle la espuma a la épica a la que nos malacostumbró Avengers: Endgame. No obstante, como bien sabemos, en la saga Spiderman menos es más (recordemos que lo mejor de las dos películas anteriores no pasaba por sus set-pieces sino por los momentos en donde dos personajes se preguntan por el lugar que tienen. En Homecoming en una escena intimista y peligrosa en un taxi, en Far From Home en una azotea frente al fantasma hamletiano del padre Stark. En No Way Home en el reconocimiento de la pérdida por triplicado, que supone una instancia que ninguna otra película podría tolerar y que Watts logra convertir en emoción pura disfrazando el cuento moral de las elecciones y la aceptación de los duelos. Por eso SNWH es también, a su modo, una película querible y cariñosa con sus personajes que de paso se ha convertido en una estrategia novedosa de plan de negocios (término sobre el cual se ha hablado mucho y mejor que yo en esta revista: indaguen lo que han escrito mis compañeros e incluso yo mismo, modestia aparte).

SNWH recupera a los fans del personaje a un lugar de pertenencia, es cierto. Pero también recupera una sensación intrincada y contradictoria, que es la de, como diría Groucho, pertenecer a un club del cual no se quiere ser parte. O en todo caso del cual se puede ser parte de manera indirecta, pero a veces sin mediar voluntad. Porque el costado más complicado de la saga -jugando a ser dios y cruzando pasados y películas- es que todo aquello que puede ser notable en virtud de la acaramelada estrategia pop -de poner las cosas en una superficie que vaya tan rápido que sea imposible de identificar identidades u orígenes- se nos puede volver en nuestra contra, porque hace rato que Marvel se ha convertido en un mundo más grande que el mundo, una suerte de lotería de Babilonia que todo lo atraviesa y que no deja nada afuera. Por eso cuando abandono SNWH también tengo un poco de miedo. Porque al igual que a Peter Parker, la bestia se nos está comenzando a ir de control. Y convertirse en sinonimo de la cultura contemporánea, engullendo todo a su paso.

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