Spider-Man: Un nuevo universo (Spider-Man: Into the Spider-Verse)
EE.UU., 2018, 117′
Dirigida por Bob Persichetti, Peter Ramsey y Rodney Rothman.
Voces en la versión original subtitulada: Shameik Moore, Jake Johnson, Hailee Steinfeld, Mahershala Ali, Brian Tyree Henry, Lily Tomlin, Luna Lauren Velez, John Mulaney, Kimiko Glenn, Nicolas Cage y Liev Schreiber.

Que el pasado muera

Por Ignacio Balbuena

Avengers: Infinity War se propuso a sí misma como el momento non plus ultra para el cine de superhéroes, y muy por el contrario, terminó siendo, dentro del género, la película más conservadora del año. En 2018 tuvimos una entrega más del humor irreverente y ultra-violento en Deadpool 2, la animación hiperkinética con Teen Titans Go, los mundos acuáticos, grasas y lisérgicos de Aquaman y la exaltación de la diáspora africana de Black Panther. Pero Spider-Man: Un Nuevo Universo, un estreno del 2018 que nos llega recién ahora, las supera a todas. En corazón, en imaginación narrativa y  visual, en la forma en que dialoga con la historia del género tanto en cine como en el cómic. O quizás simplemente por tener a Nicolas Cage interpretando a una versión pulp de Spider-Man inspirada en el clásico serial de aventuras, que dice con voz rasposa en el momento de su aparición ‘A dónde voy, el viento me sigue’, cuando los otros personajes se preguntan por el movimiento injustificado de su sobretodo.

Phil Lord y Chris Miller tienen ya un extenso currículum de películas pop que combinan múltiples referencias con un imaginario visual psicodélico. Lo hicieron en Lluvia de Hamburguesas, en La Gran Aventura Lego, o incluso hasta en Comando Especial, que convertía a un producto olvidable de los ‘80 en un hit de la Nueva Comedia Americana. La Gran Aventura Lego tuvo a su vez una secuela con su breakout star, el Batman de Will Arnett. En esa película había una gran conciencia de los 75 años de historia del personaje, y sus múltiples versiones, a la vez que funcionaba perfectamente como una gran película de aventuras. Esta entrega del superhéroe arácnido (que los tiene como productores y escritores)  sigue de alguna manera los pasos de aquella, pero con Spider-Man en vez del caballero oscuro y con una nueva paleta sonora y visual que toma como principales  influencias el mundo del hip-hop y varios de los los cómics más recientes de Spider-Man, para hacer con ello una especie de versión centennial del hombre araña.

El hip-hop nació en Nueva York, la misma ciudad en la que nació Spider-Man. No solo Peter Parker, el Spider-Man clásico que todos conocemos y amamos, sino Miles Morales, el protagonista de Un nuevo universo (S:UNU, a partir de ahora). Como el hip-hop, Miles Morales viene de la clase trabajadora (un padre policía, una madre enfermera) y es afrolatino. El hip-hop, igual que los cómics de superhéroes, fue considerado durante mucho tiempo entretenimiento lowbrow para la cultura de masas, pero hoy tiene una relevancia cultural enorme y dato no menor, factura millones y millones de dólares. A su vez muchos de los grandes íconos del hip-hop tienen origin storiesque fueron adaptadas a la historieta -como en el cómic Hip-Hop Family Tree de Ed Piskor, que también revisó la historia de los X-Men en los libros Grand Design-, y también identidades dobles: Joseph Saddler, el inventor del scratch, es más conocido como Grandmaster Flash. Su sidekick era Grand Wizard Theodore.

En los cómics de superhéroes, es fundamental esta idea del desdoblamiento pero también el concepto de continuidad, la idea que de cada personaje tiene una historia que lo preexiste, que cada creador puede y debe conocer para crear mejores cómics. El hip-hop nació básicamente usando la historia del funk, soul y la música disco, y permanentemente se retroalimenta, con nuevos raperos usando samples usados por otros, cantando letras nuevas sobre bases preexistentes, dialogando casi en tiempo real con otros intérpretes. Ambos géneros tienen una conciencia de su historia. Como ningún otro género musical, el hip-hop es una suerte de caleidoscopio que promueve la cultura del ‘crate digger’, el nerd que entra a negocios de discos (o navega las profundidades de YouTube) para encontrar nuevos sonidos y nuevas historias. Los cómics tienen sus propios crate diggers, claro, creadores y fans dispuestos a revisar pilas y pilas de cómics para adentrarse más en la historia de un género infinito con una catálogo enorme e inabarcable. Y el sampleo, esa práctica esencial para el hip-hop que consiste en levantar un pequeño fragmento musical preexistente y repetirlo ad infinitum o modificarlo o remixarlo para crear música, es una práctica muy común en el mundo de la historieta.

Basta observar, por ejemplo, la tapa de Crisis on Infinite Earth #7, en la que Superman sostiene a Supergirl muerta en sus brazos, gritando angustiado, una tapa que inspiró incontables portadas tanto de Marvel como DC.  Y algo que ocurre permanentemente al día de hoy, con portadas de números que citan directamente otras de más de cuarenta años atrás, o con las series de tv o películas actuales citando el cómic original. Es una práctica común en el cine en general (sin ir muy lejos, recordemos la cita directa a Spielberg en el final de Bumblebee, en sí misma también una serie de sampleos de los ‘80s), pero la cita directa en  el mundo del cómic es una parte intrínseca de su historia y su desarrollo, quizás por su propensión a un imaginario épico de personajes coloridos en poses icónicas. 

Entonces, si el hip-hop y los superhéroes han estado vinculados estilística y formalmente desde siempre, S:UNU es acaso la máxima expresión de esta unión hasta el momento. Si Black Panther fue la lectura de la cultura negra a través de un lente profundamente político, Spider-Man nos muestra, como pretendía en su momento Brian Michael Bendis, creador de Miles Morales, a un Spider-Man posible en el mundo de hoy, adolescente y urbano. O en realidad, a varios Spider-Man. Si Lego Batman nos mostraba a la sucesión de distintos Batman como una cronología, S:UNU es algo así como una casa de espejos en la que los hombres araña se reflejan y refractan. Co-existen, gracias a esta idea, simple y compleja a la vez que supone el concepto de ‘multiverso’ (que no es otra cosa que la coexistencia de distintas realidades todas a la vez y en niveles paralelos). Pero la película, antes de meterse con eso, hace un repaso por lo que ya sabemos del personaje. Después del robo seguido de asesinato de los padres de Bruce Wayne en el callejón a la salida del teatro, la muerte del tío Ben y la frase ‘un gran poder conlleva una gran responsabilidad’ es probablemente el origen superheroico más conocido y repasado por el público no especializado.

Pero como presentar a un hombre araña nuevo al público mainstream sin confundirlo? De por sí, el origen de Miles Morales en el universo de los cómics es bastante confuso, o al menos difícil de explicar en pocas palabras. En los 2000s, Marvel decidió que quería contar historias con sus personajes clásicos sin necesidad de respetar la continuidad establecida, y creó una dimensión paralela para darle total libertad a los creadores para que hicieran lo que quisieran. Brian Michael Bendis empezó allí la saga de Ultimate Spider-Man, empezando por los beats habituales: la araña radioactiva, la muerte de Ben, los archienemigos conocidos, y el nerd Peter Parker adquiriendo poderes arácnidos como agilidad, fuerza y un sexto sentido que lo alerta del peligro. Pero eventualmente hizo lo impensable: Mató a Peter Parker. Y para siempre (aclarar esto es fundamental: morir y revivir es tan común en los cómicscomo respirar). Miles Morales, un adolescente negro y latino, tomó su lugar. Y se convirtió en uno de los personajes más populares del universo Marvel, que eventualmente se deshizo de la dimensión Ultimate pero conservó a Miles, que co-existe con personajes clásicos de Marvel como Iron Man, el Capitán America y Thor.

La muerte de Peter Parker le llevó a Bendis 160 números, pero (CUIDADO, SPOILER!) ocurre aquí en la primera parte de la película. Por supuesto, es la muerte del Peter Parker del universo en que vive Miles Morales. La película se encarga, mediante un cachito de exposición disimulado en una clase de física, de aclarar la posibilidad de numerosas dimensiones paralelas, similares pero con pequeñas diferencias. Así es como nos encontramos primero con el Peter Parker que conocemos desde siempre, interpretado aquí como un slacker por el genial Jake Johnson, y luego con más versiones de otras dimensiones paralelas, todas levantadas del arco argumental ‘Spider-Verse’ de los cómics: el spider-man de los años ‘30, Spider-Man Noir, la mujer araña Gwen Stacy, de una dimensión en la que Peter Parker se convirtió en el Lagarto y murió en batalla, Peni Parker, una nena pequeña que pilotea un mecha al estilo del animé japonés, y Spider-Ham, una araña que fue picada por un cerdo radioactivo y viene de una dimensión estilo Looney Tunes. Cada personaje está animado en su estilo particular: Spider-Man Noir está en blanco y negro, el chancho Peter Porker se mueve con la elasticidad de un cartoon a la vez que usa yunques y martillos, y Peni Parker hace poses y emojis en fondos estilizados y dramáticos típicos del animé. Todo esto en una película que además de por sí, está llena de texturas y elementos muy diversos, algunos del cómic (globos de pensamiento, división en viñetas, onomatopeyas visibles –thwip! -o tramas de círculos para simular superficies coloreadas), y algunos del mundo de la ilustración y la animación digital, como trazos 2D sobre figuras con volumen, o correr levemente los canales RGB (red-creen-blue) para simular un desenfoque (como pasa al mirar una imagen con lentes rojos y azules, de esos para mirar 3D en revistas).

A su vez muchos fragmentos de la película corren a 12 cuadros por segundo que de acuerdo al momento de la trama se acomoda a la velocidad, pero al igual que el autotune que suena en muchos de los temas R’n’B del soundtrack, no se trata de un error o de la corrección del mismo, sino de una decisión artística que provee a la película de una textura única y propia. Todo esto que podría ser un pastiche incomprensible es un éxito absoluto y realmente hay que verlo en una pantalla lo más grande posible. Por supuesto, funciona también por mantener un norte emotivo y temático claro, y escenas de acción bien dosificadas y exhilarantes. 

A la vez que subvierte varios tropos y elementos del cine de superhéroes o se ríe de ellos, S:UNU usa la idea de los variados héroes arácnidos para dar cuenta de que a pesar de la multiplicidad de personajes, hay elementos históricos del género de los cuales ningún personaje puede escapar. Así, Miles también tendrá su propio Tío Ben. Incluso el Kingpin, el villano central y responsable de crear el artefacto que permite acceder a las múltiples dimensiones, no puede escapar ni a la idea de la familia como eje central de su mundo (su motivación es recuperar la familia perdida) ni de cierta idea de circularidad (cuando finalmente la familia reaparece, lo ve en la misma pose en la que lo dejaron). De la misma forma, la narrativa que rodea los aspectos superheroicos es algo similar a la explorada en Spiderman: De Regreso a Casa, en la que veíamos a Peter Parker en una suerte de coming of age a lo John Hugues. Esa película planteaba mejor la dualidad entre la vida de Peter Parker y Spider-Man y la imposibilidad de llevar ambas vidas a la vez de forma viable. Ese aspecto -fundamental- del mito de Spider-Man acaso aparece un poco dibujado en esta nueva entrega del personaje, pero por otro lado es comprensible, dado que estamos viendo representadas las primeras 48 horas del personaje como superhéroe. De hecho, S:UNU tilda muchos casilleros del género (el trauma iniciático, el mentor, la incapacidad inicial y posterior descubrimiento pleno de los poderes) sin innovar demasiado en ninguno de ellos, pero la forma de representarlos es tan fresca visual y sonoramente y hecha con tanto corazón que es imposible no celebrarlo. Hay algo explícitamente mítico y religioso en la película, que habla de la posibilidad de abrirse a la vida superheroica como un salto de fe. El verdadero salto de fe que S:UNU es dejar ir a Peter Parker, que insiste en quedarse para el clímax de la película mediante un sacrificio final, pero finalmente deja todo en manos de Miles.

Recordando la reciente frase ‘Let the past die’ de Los Últimos Jedi, en un año de conclusiones definitivas para la cultura pop (Star Wars, Game of Thrones, el MCU como lo conocemos), S:UNU es el canto de cisne del mito de Peter Parker, que revive hoy en Miles Morales y en sus alter-egos. No del todo, por supuesto, este mismo año tendremos más Peter Parker de la mano de Avengers: Endgame, la secuela de Avengers: Infinity War (alguien se creyó que está muerto allí?) y en Spiderman: Lejos de casa, la secuela de Spiderman: De regreso a casa. Pero la gran victoria de S:UNU no es solo su revolucionaria estética o su absoluto homerun nerd (ese maravilloso post-créditos casi me da un infarto de emoción y risa) sino darle la cara nueva a un héroe conocido y probar que el pasaje de antorcha del mito es posible. Si, chico, The Future is Miles Morales. 

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