Terminator: Destino oculto (Terminator: Dark Fate)
EE.UU., 2019, 128′
Dirigida por Tim Miller.
Con Linda Hamilton, Arnold Schwarzenegger, Mackenzie Davis, Natalia Reyes, Gabriel Luna, Edward Furlong y Diego Boneta.

El eterno retorno

Por Ignacio Balbuena

Como muchas sagas de largo aliento, la franquicia Terminator fue empeorando mucho con el paso del tiempo. Empezó como una especie de slasher en versión tech-noir y se re-inventó con una secuela que es una de las grandes películas de acción de los 90’s y acaso de la historia. De paso, puso la vara muy alta para cualquier blockbuster que hiciera de la presencia del CGI algo fundamental. Terminator: Destino oculto apunta a ser una continuación directa de esas dos películas iniciales y trae una serie de novedades además de la intención de hacer borrón y cuenta nueva con esta franquicia tan manoseada. Por empezar, el regreso de James Cameron, que aparece en carácter de productor ejecutivo y co-escritor de la historia. Segundo, y lo más importante, el regreso de Linda Hamilton al papel de Sarah Connor. Obvio, también está Arnold, pero técnicamente nunca se fue: repitió su papel de terminator heroico en la tercera entrega de Jonathan Mostow, hizo un pequeño cameo CGI en Terminator: Salvation, película integramente situada en el futuro, y ensayó su regreso como Old Man Terminator (y comic relief) en la cuasi incomprensible Terminator: Genysis, que traía de vuelta a Sarah Connor pero con la actriz Emilia Clarke (Game of Thrones) interpretando al clásico personaje. 

El regreso de Linda Hamilton y su mezcla de paranoia belicista con extrema vulnerabilidad es el gran acierto de esta película, que salvando algunos twists interesantes, recorre territorio extremadamente familiar. Salvando una escena situada inmediatamente después de T2: Judgment Day que justifica la ausencia de John Connor y la presencia de un Arnold envejecido más adelante, la película se siente prácticamente como una remake de la 2da entrega, con un terminator tecnologicamente avanzando que persigue a la adolescente mexicana Daniella Ramos, la chica de la que depende el futuro de la humanidad. Pero como? No era que Sarah Connor, John y el Arnold de la 2da que se despide pulgar arriba cambiaron el curso de la historia? Pues no. En línea con todo ese discurso grandilocuente sobre el destino que funciona como uno de los ejes centrales de la franquicia, la guerra contra las máquinas parece ser históricamente inevitable. Sarah Connor impidió la creación de Skynet pero en el futuro la AI que busca exterminar la humanidad se llama Legión. Así, la historia se repite (cabe destacar que la película se deshace de la tercera, cuarta y quinta entrega, borrándolas por completo de la continuidad. Virtudes de las historias con viajes en el tiempo). Legión envía entonces un terminator avanzando (con la capacidad de desdoblar su cuerpo en un terminator con las propiedades de Robert Patrick en la 2da pero también en un esqueleto metálico que se mueve de forma independiente del metal líquido. Una suerte de villano 2×1, ah, y también mexicano). Y asi como ‘el John Connor’ de esta película es una teen mexicana (hermana de Diego Boneta, nuestro querídisimo Luis Miguel, que participa algunos minutos apenas), la soldado del futuro también es una mujer, Grace, una viajera temporal con implantes cibernéticos interpretada por la siempre luminosa Mackenzie Davis (Halt and Catch Fire, Blade Runner 2049). Beats habituales de la saga se repiten, como el terminator villano imitando gente y desplegando todos los recursos a la mano para acercarse a su blanco, desde persecuciones en camión a hackeo de drones, mientras los héroes hacen lo imposible para mantenerlo a raya. Eventualmente hace su gran entrada el terminator de Arnold, con un subplot medio tirado de los pelos (se agradece siempre su presencia, pero tranquilamente podría no estar, en términos argumentales), y además de colaborar con su imponente presencia física también ensaya varios pases de comedia deadpan (repitiendo su schtick de terminator de la 3era edad de la anterior, en rigor). 

Terminator: Destino oculto se vale entonces de estos elementos familiares para crear quizás la mejor secuela no tanto por méritos propios sino simplemente porque la vara venía muy baja. Linda Hamilton se entrega por completo al personaje, y el resto del cast cumple, pero estamos lejos aquí de las altísimas primeras entregas. Tim Miller, director de Deadpool, aparece aquí falto de la inventiva fiestera de aquella, con secuencias de acción comprensibles y funcionales pero no extraordinarias, y no ayuda el hecho de que la película tiene un CGI por lo momentos bastante pobre (el de-aging del comienzo, un terminator que parece muy plástico). Seriamente, la secuela del 1992 se sostiene aún, mientras que muchos efectos de esta última entrega ya están viejos hoy…y ni hablar dentro de un par de años. Resulta curioso que este mismo año en curso se haya estrenado una secuela tardía de Rambo, también con una adolescente mexicana a cargo del héroe titular. Pero mientras aquella apuntaba a una incorrección política absolutamente sanguinaria, Terminator intenta una postura opuesta, intentando hacer algún tipo de comentario sobre la forma en que los mexicanos son tratados en la frontera y de paso también, hacer una reivindicación feminista del papel de la chica en peligro, en contraposición al papel de Sarah Connor, que se limitó en su momento a dar a luz el futuro mesías.

Se podría hablar de un gesto oportunista sino fuera porque James Cameron trabajó la maternidad tanto en las películas originales de esta saga como en otras secuelas de su autoría (Aliens), y porque ese giro apunta también a darle un cierre adecuado al arco argumental de Sarah Connor. Insisto con esto: esta entrega de la saga Terminator vuelve a recorrer terreno conocido (hasta termina en una fundición!) pero Linda Hamilton brinda una presencia escénica notable, apropiándose del caracter trágico del personaje sin dejar en ningún momento de ser canchera y badass, y eso alcanza para sostener una película, en el fondo, algo olvidable. Ojalá si insisten con una secuela o una eventual remake, vuelvan al espíritu tech-noir mezclado con terror de la primera de todas. Después de esta secuela, sería absurdo volver a jugar con los esquemas de T2.

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