The Ballad of Buster Scruggs
EEUU, 2018, 133′
Dirigida por Joen & Ethan Coen
Con Tim Blake Nelson, Bill Heck, James Franco, Liam Nesson, Zoe Kazan, Tom Waits, Tyne Daly, Brendan Glesson.

Alarmas

Por Andrés Brandariz

Ya es hora de empezar a preocuparse por los Coen. Después de la narrativa fragmentar de Hail Caesar!, los hermanos optaron por particionar literalmente su nueva película, una antología de relatos unida conceptualmente por su pertenencia al género cinematográfico norteamericano por excelencia: el western. Lo que termina ocurriendo es que, al revés de varios directores de renombre que abordaron la escritura de series de la mano de un servicio de streaming, The Ballad of Buster Scruggs funcionaría mejor como un producto seriado que como largometraje. Eso tal vez amortiguaría un poco la percepción de que se trata de una obra, cuando menos, poco memorable.

Si The Ballad of Buster Scruggs tiene algún interés, es el de ver a los hermanos desplegarse en una gran variedad de tonos, subgéneros y estéticas diferentes de acuerdo a las necesidades de cada uno de los relatos que integran su película. Siempre destacados por su estilo, los Coen en esta ocasión apuestan porque el cuento dicte la forma. Por supuesto que hay un balance y cada uno de estos cuentos de la frontera norteamericana reviste su particular sentido del humor retorcido, violencias varias y caracteres estrafalarios. Lo problemático (que ya aquejaba a Hail Caesar!) es que pocos de estos relatos logran cruzar la valla del ejercicio. Los dos primeros, a priori, se establecen en torno al mismo concepto (la reducción al absurdo de la arbitrariedad de la muerte en el Lejano Oeste) y están llenos de situaciones pintorescas que a cualquier cineasta le gustaría filmar: desde un desenfrenado musical comandado por el Buster del título (Tim Blake Nelson) luego de asesinar de forma violentísima a un cowboy bravucón hasta un empleado bancario (Stephen Root) con una armadura hecha de cacerolas. Ambos ofrecen algo de diversión durante el visionado pero lo que queda después de verlos en una impresión de total irrelevancia. Podrían no existir, un constituyen un poco promisorio arranque para una película que, afortunadamente, mejora.

El tercer relato, protagonizado por Liam Nesson y con una extraordinaria actuación de Harry Melling (el Dudley Dursley de la saga cinematográfica de Harry Potter) levanta vuelo con una oscurísima historia que, a su vez, un ácido comentario sobre la degradación del imaginario capitalista ya en aquellos tiempos del Oeste. El cuarto relato tiene de protagonista a Tom Waits, a esta altura un aliado invaluable del cine norteamericano de autor, y también es muy bueno. Pocas veces a Waits le toca un protagónico y acá, en un personaje que permanece afortunadamente anónimo, se divierte muchísimo.

Entre los dos últimos relatos aparecen, por un lado, un homenaje noble al género (más cercano al tono de la versión de True Grit  que los hermanos firmaron en 2010 que el resto de los cuentos que integran la película) y una muy tediosa alegoría sobre la muerte. Zoe Kazan es otro rostro sub 40 que es una bienvenida adición a la galería actoral de los Coen y mantiene el interés en The Gal Who Got Rattled, un relato un poco cansino que no sabe ni dónde empezar ni dónde terminar. Por último, la película cierra con un poco ilustre exponente en The Mortal Remains, que en su mayor parte es un diálogo sin gracia entre cuatro personajes dentro de ¡una diligencia! Si de algún espacio debieron haber huido los hermanos como la peste a la hora de evitar comparaciones odiosas, es de este vehículo mítico asociado a uno de los más ilustres exponentes del género. O se sintieron a la altura de la prueba, o directamente no les importó. Este cierre debilita mucho al conjunto, y deja con un mal sabor de boca a una película en la que ya parece que los Coen se aprovecharan de su condición de autores consagrados para obtener dinero y filmar algo que, sólo de manera intermitente, reviste algún atractivo más allá del ejercicio cinéfilo.

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