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Tiempo de lectura: 2 minutosThe Nest

Por Pedro Gomes Reis

Reino Unido, 2020, 107′
Dirigida por Sean Durkin
Con Jude LawCarrie CoonCharlie ShotwellAnne ReidMichael CulkinBernardo SantosOliver GatzMichel Alexandre GonzalezJulian FerroKaisa HammarlundMarcus CornwallAdeel AkhtarJames Nelson-JoyceOona RochePolly Allen MellenAndrei Alén

Ver, mirar, observar

“Persistencia del encuadre” pudo haber sido un nombre más adecuado para dar cuenta de las decisiones que toma el director de la notable Martha Marcy May Marlene, que aquí sustituye cantidad por intensidad. Aclaración pertinente: no es un juicio de valor sobre MMMM, sino sobre las posibilidades que expresa este segundo largometraje del director, recibido con frialdad, interpretado erróneamente como una película de terror (aunque algunos climas la emparenten con el género). Ahora bien, la pregunta es concreta: Qué diantres es The Nest?

La historia del padre de familia que esconde, que espera y desespera, que tiene una doble agenda, que estalla y que, finalmente, encuentra una suerte de sosiego en el final, tenía algo de las magníficas Una historia violenta y El empleo del tiempo.También circula por los planos que conforman The Nest algo del cine de Nicholas Roeg. Pero lo que hace Sean Durkin es un poco más y un poco mejor que sumar capas de citas y referencias. No me refiero a que conciba algo completamente nuevo o revelador, pero si que lo que compone es una prolongación de algunas de las ideas visuales que ya estaban en su ópera prima pero por otros medios. Si MMMM era, además de una película sobre la dependencia y las sectas, una gran película sobre la paranoia (que dialogaba con esa obra maestra de la paranoia y el encierro que supo ser Safe (Todd Haynes, 1996), The Nest se revela como una película sobre la mirada y los detalles, aspecto que la emparenta de modo indirecto (no por estilo, sino por obsesión perceptiva) con el cine de Alfred Hitchcock, Brian De Palma y Dario Argento.

Pero volví a las referencias. Vamos de vuelta.

El entramado que concibe Sean Durkin en The Nest es sofisticado. Y reside en confiar en el plano fijo. En el encuadre persistente al que nos referíamos al inicio. Pero también en las capacidades del reencuadre. To frame somebody no implica solamente el acto de encuadrar, sino también de engañar, de simular, de esconder arteramente. Y el juego al que juega la película precisa de esa clave: el encuadre como forma de comunicar un engaño y a la vez como forma de exponerlo mediante pistas dispersas en en plano. Porque, nuevamente, la película es una invitación a mirar con atención mientras en la superficie se desarrolla un juego que mezcla algún aspecto inquietante del thriller psicológico con un melodrama doméstico de baja escala. Pero, nuevamente, si nos quedáramos estrictamente con esa superficie distractiva, se nos estaría pasando por alto el verdadero juego de fondo.

Todos los personajes de The Nest son, también, en escencia, una cáscara maldita, que espera a romperse. Pero también son operaciones antes que personas. Quizás porque en los planes del director-guionista la idea nunca fue revisar y revisitar las posibilidades de un género, sino construir una sucesión de climas que dispongan sobre la superficie un estado de malestar, de ansiedad, de espera, que revela nuestra incapacidad de mirar con atención a todos y cada uno de los detalles de los espacios que los personajes habitan.

Parece tratarse de un juego, pero como el estilo no es vistoso y virtuoso, se pierde. Pero el juego está. Parece tratarse de un film de género (como con MMMM), pero en el fondo siempre importó otra cosa. Como si siempre hubiera un telón para correr. En este sentido, el final de The Nest es, apenas, un principio. Ver para creer.

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