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The World is Full of Secrets

Por Ludmila Ferreri

EE.UU., 2018, 98′
Dirigida por Graham Swon
Con Elena Burger, Dennise Gregory, Ayla Guttman, Alexa Shae Niziak, Violet Piper, Samuel Shapiro

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Todo es historia. Todos somos historia, de alguna u otra forma. Graham Swon no precisa demasiadas herramientas (como el Llinás de los momentos narrativos más inspirados en la voz over de La Flor) para construir un clima perfecto, en donde todo está tan abierto, tan a flor de piel, tan delicadamente planificado con maldad inaudita que cualquier breve atisbo de normalidad se convierte en una amenaza.

The World is full of secrets es otra de esas películas que se pasan, que se pierden luego de su paso por los festivales. Afortunadamente, en el año de la peste (2020), hacia el final, comenzó a hacer ruido nuevamente, como si la pandemia y el encierro nos convocara al juego de las narraciones orales, los cuentos de medianoche, cuando los padres duermen y la inocencia se transforma en maldad, sadismo, crueldad o lisa y llanamente en placer por el sufrimiento. En ese orden de cosas, donde todo se invierte, seis adolescentes juegan a un juego que nos pone los pelos de punta. No porque estemos ante una película de terror organizada en torno a jump scares. Siquiera porque estemos ante una película que juegue con la construcción paso a paso de las expectativas. Bien por el contrario, todo el tiempo esperamos que suceda algo terrible que nunca vemos, pero que es convocado a cada paso, de manera inevitable.

Sostenida sobre una serie de narraciones centrales (una que nos retrotrae a la antigüedad clásica, en la Roma del imperio, cuando el cristianismo era mala palabra, otra que nos trae a la actualidad, que se concentra en una venganza entre chicas mediando un cuento de brujas), una serie de indicios perturbadores (un recorte sobre el asesinato de una chica y una foto de la misma escondidas en un libro familiar, que nos hace dudar del padre de familia; un juego con un espejo a partir del cual hay que ver retrospectivamente en la oscuridad, apenas iluminado por la luz de una vela; un juego de invocación satánica en un jardín que termina con un aparente susto banal) y, especialmente, un clima de expectativa permanente que nunca se concluye (por qué se narra la historia desde un futuro tentativo en donde una de las adolescentes es una viejita, que a su vez se refiere a los hechos terribles del pasado inmediatamente posteriores al final de la película sin que tengamos el menor dato?), es que The World is full of secrets consigue mucho más que cualquier compañera de género de estos últimos años.

Ahora bien, cuál es el secreto de esta pequeña gran hazaña? El poder de la narración oral, cuyo carácter hipnótico nos hace ingresar, literalmente, en trance, como si nada importara. El segundo gran secreto es que gracias a ese estado de puesta en suspenso todo nuestro mundo perceptivo respecto de la película se transforma, es decir, todo lo que vemos y oímos en la película se transforma en una amenaza (las niñas son las brujas asesinas de la historia? La joven asesinada y torturada por romanos reencarnó en la menor del grupo para contar su sufrimiento? El padre de una de ellas es un asesino? Convocaron al diablo y se hizo presente en la ronda ocultista a oscuras? Están en peligro de ser asesinadas y no lo sabemos y acaso solo una de ellas -la narradora- sobrevivió para contar la historia?). El poder narrativo de esas voces, el poder hipnótico de los relatos, como tercer secreto, también se convierte en imagen en nuestra cabeza. Incluso podemos cerrar los ojos (si entendemos el inglés) e ir viendo la película que las historias narran. Ese poder, incluso, es aún más fuerte que el de la narración, el un poder casi sugestivo, un acto de manipulación.

Munida de elementos que usa con un poder infrecuente. Dotada de unos fundidos encadenados que enfatizan la condición hipnótica, rodeada por un diseño de sonido encargado de generar un extrañamiento mayor que el que un hogar sin padres puede proporcionar, The World is full of secrets redescubre eso que el mismo título anuncia: el mundo, por un lado, y los secretos, por otro, como si pudiéramos volver todos a 1996 (no casualmente el contexto en el que sucede la película: el año en el que internet explota y comienza a alejarnos del mundo de los misterios que precedía a esa red de circulación informativa), a cagarnos en las patas y a creer, que todavía es posible el misterio. Porque en el fondo no sabemos nada.

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