The Sisters Brothers
Francia, España, Rumania, Estados Unidos, Bélgica, 2018, 121′
Dirigida por Jacques Audiard
Con John C. Reilly, Joaquin Phoenix, Jake Gyllenhaal, Riz Ahmed, Rebecca Root, Allison Tolman, Rutger Hauer, Carol Kane. 

En esta visión no hay mañana/ Como se diluye el porvenir.

Por Andrés Brandariz

Jacques Audiard decidió hacer su primera película en inglés, e hizo un western (si, asi, en itálica, como si fuera una anomalía). Hizo un western extraño: levemente desconcertante, pero no tanto. Hizo un western al que le vendría bien ser un poco más extravagante , o abrazar de forma más decidida las convenciones del género (sin itálica). De cualquier manera, es un espécimen curioso cuya existencia, cuyas búsquedas, resultan valiosas y bienvenidas.

Encabezado por dos de los mejores actores norteamericanos activos en este momento (John C. Reilly y Joaquin Phoenix), secundados por otro dúo no menos destacable (Riz Ahmed y Jake Gyllenhaal), The Sisters Brothers narra el periplo de los hermanos del título, pistoleros que se ganan  la vida como asesinos a sueldo. Eli (C. Reilly) manso y contenedor, está cansado de la vida de peligros y desea poner un negocio; Charlie (Phoenix) alcohólico y pendenciero, vierte en su violencia el resentimiento hacia una infancia difícil. El Comodoro (Rutger Hauer) les encarga un trabajo: capturar a Kermit Warm (Riz Ahmed), un químico que, junto con el escribiente John Morris (Gyllenhaal), busca aplicar una invaluable fórmula para extraer oro.

La película combina una amplio abanico de tonos. Hay escenas humorísticas entre los hermanos del título (que, de por sí, ya plantea la ironía de un vínculo entre mujeres en un paisaje dominado por lo masculino). Hay cierto ímpetu aventurero en sus planos generales de amplios paisajes (ninguno de ellos filmados en Estados Unidos), que remiten a lo más clásico del género y se contraponen a la cámara más movediza que rige el resto de la película. En su segunda mitad, en la cual finalmente se reúnen sus cuatro actores y la película adquiere más certezas, The Sisters Brothers se convierte en un drama moral sobre la fiebre del oro. Finalmente, hay una relectura del tópico del “duelo final” y de la figura solitaria del outcast (con reescritura del mítico plano final de Más corazón que odio y todo). Esa variedad de tonos no significa que la película no sepa decidirse por uno: todos confluyen razonablemente bien y son adecuados. Nada es forzado pero, en conjunto, la película es más una sucesión de secuencias que una construcción orientada hacia algún lado en términos de sentido. La mayor parte del tiempo no resulta una película poco lograda. Y quizás en eso radique el punto: hablamos de una película que quiere lograr algo poco interesante.  

En esta diversidad, aclaremos, hay hallazgos. Audiard muestra interés en la insalubridad de la vida en el Oeste, lo cual eventualmente se vuelve relevante en el tardío desarrollo de la trama. Mientras tanto, hay varias escenas que divierten y que resultan curiosas observaciones sobre el imaginario del género, como si se lo mirara con cierta distancia y curiosidad a la vez. En una de ellas, Eli compra en un negocio un peculiar objeto de higiene personal: un cepillo de dientes. Ver a un cowboy cepillándose torpemente los dientes y, posteriormente, coincidiendo en su uso con John Morris (un hombre más culto y leído que él) tiene su encanto. Y acaso esa coincidencia sea algo más que un gesto. Por último, es digna de mención la música de Alexandre Desplat, que le suma amplitud y emoción a una película que no se destaca por esas cualidades, quizás por estar demasiado preocupada por pertenecer.

En fin: Jacques Audiard hizo un western, y es una cosa curiosa.  

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