Todo el año es navidad
Argentina, 2018, 76′
Dirigida por Néstor Frenkel
Con Ricardo Castro, Oscar Brimanti, Fabián Orce, Walter Ceni

¿Acaso vos no tomás Coca Cola también? 

Por Rodolfo Weisskirch

Recuerdo que, cuando era muy chico, mi madre me llevaba a Harrods para ver a Papá Noel. En ese momento las cosas eran distintas, no como hoy en día, en donde el ícono diseñado por Coca Cola, se sienta en un sillón y espera que los pibes se sienten sobre sus rodillas y se saquen selfies, al tiempo que le piden la última Play, una X Box, el último celular del mercado. No, antes uno debía encontrar a Papá Noel. Entraba en una especie de laberinto y debía seguir diferentes pistas que lo conducían a un señor con barba blanca y cara de cansado.

Creo que nunca me puse a pensar, incluso ya siendo adulto, qué es lo que pasa por el interior de ese señor, quién está realmente vestido con ese traje de invierno cuando en la calle hace 30 o 32 grados. Nunca, a lo largo de mi vida, supuse que lo hacía por caridad. Pero también me pregunté en muchas ocasiones cuál era la motivación, más allá de lo económico, de pasar una semana o dos dentro de ese personaje.

Películas varias -la mejor, sin duda alguna es Un santa no tan santo– intentaron descubrir desde la ficción y el humor al personaje detrás del personaje. Pero nunca desde el terreno documental. O al menos no en Argentina, claro.

Néstor Frenkel, acaso un nombre clave del documental nacional, busca descubrir como lo hizo en gran parte de su filmografía, la historia de estos personajes anónimos, que están siempre al lado nuestro y sobre los cuales nunca reparamos ni nos detenemos realmente a pensar.

A través de la ironía, Frenkel descubrió una banda de punk rock liderada por un muchacho con síndrome de down – en la notable Buscando a Reynols –, hizo emerger la memoria de un pueblo entero – en Construcción de una ciudad –  ingresó en la filmografía de un dentista que se dedicó a hacer películas de género con una cámara super 8 – en Amateur – y más recientemente le hizo un homenaje al gran maestro de la magia, Rene Lavand – en El gran simulador. En Todo el año es Navidad – título que le toma prestado a un largometraje de Román Viñoly Barreto de 1960, al que también cita en ciertos pasajes – Frenkel posa el ojo en aquellos hombre que se ofrecen a ser Papá Noel por un par de semanas al año.

El humor, el montaje y la música seleccionada para acompañar los relatos son una marca de autor incuestionable. Pero también los pequeños toques de cinismo marcan el tono de la narración – como sucede en Los ganadores –. No obstante, la mirada de Frenkel casi siempre es complaciente con la de sus personajes. No importa mucho si a veces ingresan en el terreno del ridículo: el director los respeta y se divierte con ellos.

Ahora bien, debajo del superficial y cálido relato episódico sobre quiénes son estas personas -ferreteros, artesanos, trotamundos, entre otros-, se cuela brevemente un cuestionamiento al consumismo iconoclasta y el doble discurso que late detrás de la celebración navideña. Si bien no todos los personajes tienen el mismo nivel de atracción, hay algunos, como el militante del Partido Obrero, que demuestran la doble cara del integrante social. En uno de los pasajes, el personaje tiene un momento revelador:  ¿Qué hay? ¿Acaso vos no tomás Coca Cola también?

Siempre al margen de la cámara, pero tampoco desapareciendo del todo detrás de los personajes, Frenkel lleva al espectador a la intimidad de cada uno. Se interesa más en cada una de sus historias de vida -y de supervivencia cotidiana- que las anécdotas que podrían surgir del trabajo en sí. Y en ese sentido, el realizador nunca es hipócrita. No pretende vender un producto que no es. La realidad socio económica del personaje lo lleva a meterse dentro del traje -la mayoría se deja crecer la barba o incluso teñir el pelo para entrar en el physique du rol– pero también la búsqueda de una aceptación social popular, que fuera del personaje no se produce.

Más allá de la reiteración a la que apela para conocer a cada personaje, y la ausencia de creatividad para diferenciar a uno del siguiente -lo que constituye un tono un poco monocorde, también es importante aclararlo- la película nunca deja de ser atractiva. Y es que si el ritmo fluye con naturalidad también se debe a que cada personaje aporta lo suyo como para que la película no se amesete. Cualquier atisbo o amague de apelar al golpe bajo o a cualquier sentimentalismo es abandonado de entrada. Frenkel festeja, celebra las decisiones de vida de cada uno.

Hay cierta manipulación y juego metacinematográfico a medida que construye a cada uno, dejando atrás al hombre y visualizando al mito que revive con cada nuevo Papá Noel. También hay sorpresas, especialmente en los últimos 15 minutos, en donde se destaca la búsqueda del próximo Papá Noel, de la que no se salva ni el realizador, ni un conocido crítico y programador de cine, así como una asamblea conducida por el manager de todos estos personajes viscerales.

Todo el año es Navidad, constituye un nuevo, fresco y honesto retrato de personajes anónimos, que es otra marca autoral. El asunto novedoso es que Frenkel evade los laberintos intelectuales del documental más contemplativo para generar una obra clásica con su firma personal, que sin romper ningún canon ni estructura tradicional, tampoco indigna. Es más, quizás sea el mejor bono navideño que tuvimos -y tendremos- en los últimos años.

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