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Tiempo de lectura: 7 minutosUna casa lejos

Por Carla Leonardi

Argentina, 2020, 77′
Dirigida por Mayra Bottero
Con Valeria Correa, Stella Gallazzi, Alicia Muxo, Carlos Rivkin

Un lugar al cual volver

No es fácil abordar una película que refiere a temas familiares y sociales con humanismo y sensibilidad, sin caer en la sensiblería o el golpe bajo. Este desafío es el que enfrenta con inteligencia la realizadora argentina Mayra Bottero en su opera prima de ficción Una casa lejos (2021). 

Rodo (Carlos Rivkin) es un jubilado, que vive solo (tras el fallecimiento de su esposa) y que forja una inesperada amistad con Sabrina (Valeria Correa), una joven de la calle. Al mismo tiempo, Graciela (Stella Gallazzi), tras una larga carrera como docente en el sistema público, ha iniciado los trámites de su jubilación. Ella ha puesto en venta el departamento de su padre, Rodo, y sueña con  dejar la ciudad para ir a vivir, junto con él, a una casa rodeada de un entorno agreste en el campo. 

Una primera linea de entrada del film es el drama intimista a partir del cual se despliega la conflictiva relación entre padre e hija. En este punto, la película está construida desde un punto de vista amplio, de manera que el espectador va tomando conocimiento de aspectos de la vida de Rodo y de Graciela, que cada uno de ellos ignora del otro, dado el desencuentro entre ambos.  

Para Rodo, la llegada de Sabrina a su vida (que bien podría ser su nieta, por su edad) es un aliciente en el invierno de la vida. La joven está embarazada. Ayudarla y brindarle mejores condiciones para el advenimiento de esa nueva vida, es para Rodo una causa por la cual continuar viviendo. De allí que en el inicio lo vemos, con esfuerzo, cargar por la calle los soportes de madera con los cuales va a armar una cuna para el bebé por venir. El vinculo de alianza y confianza mutua entre Rodo y Sabrina lo puntúa la directora desde la puesta en escena a partir del color bordó que los une, presente en el chaleco de Rodo y en el pantalón cuadrillé de Sabrina. 

La joven es el punto de discordia entre padre e hija, ante la cual presentan reacciones opuestas. Mientras que en Rodo, Sabrina despierta sentimientos de cuidado y protección, en Graciela despierta celos por tanta atención prodigada, los cuales llegan hasta el colmo de llegar pensar si acaso el bebé no sea de su padre, cuando se entera de que Sabrina está embarazada. La rivalidad de raigambre edípica de Graciela para con Sabrina, compitiendo por el amor de Rodo, queda entonces planteada. 

Sabrina encarna el motor de la trama y es el personaje entorno del cual giran los demás. El color rojo de su remera que la identifica, atiende a dos cuestiones: por un lado, a situar al personaje que sufre el rechazo por parte de los demás, y al mismo tiempo, refleja la intención de la directora de visibilizar la realidad social de las mujeres en situación de vulnerabilidad. 

En este línea, se despliega el drama en clave de realismo social, en el cual Sabrina encarna al sujeto caído del tejido social. De ella sabemos que se fue de un hogar juvenil, que abandonó la escolaridad al ser desvalorizada por una profesora, que sobrevive en la calle, vendiendo baratijas. Para los hombres es un mero objeto del cual gozar y al cual luego descartar. El zurdo que atiende en la verdulería y con quien mantiene una cierta relación, la rechaza a partir de su embarazo; los vecinos del barrio a quienes frecuenta por servicios sexuales, la reemplazan por cualquier otra jovencita muy rápidamente. Frente al panorama de la mujer como mercancía como una manera de ganarse la vida en un determinado contexto social y en una sociedad que no ofrece demasiadas posibilidades para las mayorías humildes; Rodo oferta desde su falta, desde su soledad, la posibilidad de alojarla amorosamente desde lo humano y también desde lo literal al cobijarla en su departamento. 

La directora trabaja muy bien la segregación social del diferente y la hipocresía de la clase media, las cuales se plasman claramente en la escena de la reunión de consorcio. A Sabrina la nombran como “mujer de la calle”, nada más despectivo y deshumanizante, y al pertenecer a otra condición social ven en ella un peligro para sus bienes y supuestos privilegios de clase, del cual atinan a defenderse cambiando la cerradura, colocando cámaras de seguridad o realizando denuncias a la policía, como hace Graciela al tomar conocimiento de que frecuenta a su padre y de que dispone de sus bienes. De aquí se deduce que en su rechazo del otro, el mal no está fuera de ellos, sino en ellos mismos. En contraposición, Rodo es aquel que puede ver en el otro a un ser humano, a un par con quien algo puede aprender y compartir, de ahí que sepa el nombre de la joven, que se interese por conocer su historia de vida y por brindarle su asistencia dentro de sus posibilidades.  

Mientras que nosotros sabemos que Rodo es un hombre afable y generoso. Graciela ve en él a un viejo al borde de la locura senil, del cual tiene que hacerse cargo y que le estorba sus planes. De allí su permanente malhumor y enojo. Pero al mismo tiempo, pronta a su jubilación, separada y sin hijos, encuentra en él su proyecto de vida: Rodo es el niño de quien hacerse cargo y a quien tener bajo su control. Aquí introduce la directora una mirada bastante frecuente respecto de la tercera edad que los sitúa como inútiles o inválidos. Despojándolos de sus derechos y de su independencia, muchas veces anticipadamente, los hijos infantilizan a los adultos mayores a los fines de restaurar carencias propias no resueltas o incluso los recluyen en asilos para disponer de una vida más cómoda en lo material. 

Es esta lectura que realiza Graciela de su padre, la que lo aleja de él y no le permite comprenderlo. A diferencia de Graciela, omnipotente y posicionada desde un lugar de saber inconmovible; que arrastra de su oficio de docente, buscando controlarlo como un objeto (como cuando domina a su auto con el control remoto que activa o bloquea su alarma en el estacionamiento); Sabrina, es alguien que está en falta y que lo necesita, de ahí que puede mirarlo como alguien valioso y capaz de dar. En esta linea, la película de Bottero, revaloriza a la tercera edad y la reubica en un lugar activo, de transmisión de experiencias y deseos a las nuevas generaciones.

A través de la historia de vida de Sabrina, la directora aprovecha para dar cuenta de la dura vida en los márgenes y también del triste deterioro social que sufren las instituciones públicas en nuestro país, donde se aprecia la experiencia de sus comienzos en el cine documental. Cuando Sabrina rompe bolsa de manera imprevista, al ocultarse de la amenazante Graciela que aparece en el departamento de Rodo con la policía; es acompañada por Rodo y luego por ésta (por efecto de la culpa), al Hospital público. Allí vemos a partir de la sala en la cual es internada, las condiciones de hacinamiento, la escasez de higiene y de insumos en que las mujeres vulnerables traen al mundo a sus bebés. También hace palpable el deterioro en que ha sumido al hospital público la falta de políticas de salud, como se ve en la escena en que Graciela explota de bronca en uno de los pasillos del hospital (al ser rechazada por Sabrina), y yace a su lado, en el suelo, una impresora destartalada y descartada. Asimismo se plasma el deterioro en la calidad profesional a través de la pancarta colgada en el exterior del edificio que da cuenta de la lucha de los trabajadores de la salud por mejores condiciones laborales y salariales.

En esta línea es interesante también señalar el detalle del cuadro de Domingo Faustino Sarmiento que Graciela descuelga de la pared de la sala de profesores en refacción, luego de tantos años de permanencia intacta en el mismo lugar. Este acto, no sólo anticipa el fin de la carrera docente de Graciela al solicitar la jubilación, sino que también es un gesto que desidealiza al prócer y lo pone en su lugar. Sarmiento, fue una figura controvertida, ya que si bien promovió la educación pública durante su gestión, al mismo tiempo en el dualismo entre civilización y barbarie de los comienzos de la fundación del estado nación, la consideraba como una herramienta para asimilar a los pueblos originarios a la cultura occidental, desposeyéndolos de la suya a la cual despreciaba. Se trata de un modo de pensar la educación bajo un modelo jerárquico y de dominación, que desconoce la posibilidad de nutrirse de la otredad. 

Al mismo tiempo, este acto cifra también el cambio del lugar de la educación en la época contemporánea. El saber ya no es un valor que permite el ascenso social y las formas de transmisión muchas veces son obsoletas como para disputarle espacio a las redes sociales. De ahí que muchas veces la escuela resulta insuficiente e impotente en la contención de realidades marginales que se ordenan con otros valores, donde muchas veces es la violencia o el dinero fácil la única manera de sobrevivir en esos contextos tan duros.  

La primera vez que tomamos contacto con Sabrina, ella se presenta donde Rodo muy contenta de poder lucir unas sandalias rojas, de taco alto, que reemplazan las usuales zapatillas de lona con que la vemos en adelante en la película. Estas sandalias representan para ella, su sueño de una posición y un futuro mejor. 

Y siguiendo la linea de aquello a lo que aspiran los personajes, “la casa lejos” del título, no sólo refiere a esa casa idílica, lejana en cuanto a la distancia física, situada en el campo, con la cual sueña Graciela y que los imprevistos de la vida hacen cada vez más inalcanzable. También se refiere a la casa con que sueña Sabrina, inaccesible, dada su realidad social. 

Una casa lejos en esencia es una película que tiene como protagonistas a tres personajes solitarios y por esa vía nos permite pensar la diferencia entre una casa como espacio físico y un hogar. La casa como vivienda puede estar lejos de nuestras posibilidades materiales, pero un hogar es un lugar al cual siempre podemos volver, como bien lo señala Rodo, confiado de que Sabrina aunque desaparece por momentos, siempre vuelve. El hogar se construye en los lazos de amor y de cuidado que se  forjan entre familiares o vecinos, en la confianza de que allí tenemos un lugar al que regresar porque fuimos causa de un deseo. La casa puede ser una sueño imposible, pero el hogar es posible encontrarlo en la cercanía de esos otros que nos constituyen como sujeto.

En este viaje emocional e interior, la amargada Graciela va a reencontrarse con valores del pasado, esos que esgrime sus padre o aquellos olvidados que enarbolaba cuando era estudiante. Entonces puede comprender que acaso sea mejor deponer todo juicio y saber, para dar lugar a la sorpresa de la contingencia del encuentro con otros con los cuales un nuevo hogar puede advenir.Mayra Bottero maneja las formas con austeridad, pero con una atenta minuciosidad en los detalles  de puesta en escena. Así construye una trama que al no caer en subrayados innecesarios, es capaz de abrirse a la sorpresa. Al mismo tiempo nos brinda unos personajes entrañables y singulares, que construye con la inteligencia de evitar la sensiblería o la victimización. En un mundo contemporáneo regido por el individualismo y la indolencia, en ultima instancia, Una casa lejos puede leerse como el bello sueño de la directora de una sociedad más humana y más justa. Y eso, en estos tiempos aciagos, siempre se agradece. 

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