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Tiempo de lectura: 4 minutosUna chica fácil

Amilcar Boetto

Una chica fácil (Une fille facile) 
Francia, 2019, 92′
Dirigida por Rebecca Zlotowski
Con Mina Farid, Zahia Dehar, Benoît Magimel, Clotilde Courau, Nuno Lopes, Lise Lomi, Loubna Abidar, Henri-Noël Tabary, Lakdhar Dridi

Ese oscuro objeto

Por Amilcar Boetto

En una de sus frases más controversiales, Godard dijo algo así como que el cine consiste en  hombres fotografiando a mujeres. Más allá de la evidente búsqueda de provocación que la frase  encierra, Godard parecía querer dar cuenta de que el cine consiste en fotografiar la belleza, el  erotismo, el misterio (que para Godard estaban representados por una mujer -ahí está su otra  frase, que para hacer una buena película solo hacen falta una mujer y una pistola-). Está idea  godardiana del cine habla acerca de una búsqueda de afección pura, o por lo menos de que la  afección importe más que la acción.  

El comienzo de El Desprecio es particularmente literal con esta afirmación, en donde vemos a  Brigitte Bardot desnuda, con la cámara recorriendo su cuerpo en detalle y distintos cambios de  temperatura lumínica nos hacen ver la misma imagen de otra manera. Los godardianos dicen que  la productora le exigía más desnudos de Bardot, por lo que el director decidió exagerar está idea  y convertir a la película en una especie de apreciación de la desnudez de la actriz francesa por  momentos. 

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Una Chica Fácil evidentemente está influenciada por estos pensamientos de Godard, y no solo  particularmente por el parecido entre Zehia Dehar y Briggite Bardot, la búsqueda de Rebecca  Zlotowski parece estar orientada hacia un lugar parecido, hacia comprender el misterio del  erotismo como el deseo y articular una narración al rededor de el hipnotismo de esa afección.  Porque Godard entiende perfectamente que el cine tiene el gran límite de la temporalidad y que  por más Briggite Bardot bajo distintas temperaturas de color que haya, tiene que haber, también,  una narración.  

Pero entonces el problema está en encontrarle a esa plástica un lugar de afección tal en la  narración (y también en su propia plástica) que aleje a la imagen de la pornografía o del modelaje  y que lo acerque al cine. Godard tiene a Fritz Lang, el arte pop, las estatuas de Capri y el  resentimiento de Michel Piccoli con el cine industrial, con la producción, con Estados Unidos, que  deviene en una castración de esa imagen afección y en un deseo final de muerte. Pero Zlotowski  no tiene nada de eso, entonces se propone un coming of age en el que la imagen sexualizada de  Dehar se convertirá en un momento de duda de la propia sexualidad. 

Y ahí empiezan un poco los problemas, porque como se habrán dado cuenta, la operación de  Godard es la de tener una imagen y al rededor de ella fundar una narración que siempre la este  rodeando, mientras que la operación de Zlotowski es introducir esa imagen en un aparato  narrativo (casi un género hoy en día) bastante determinado. Y no es algo muy sencillo. Porque  rápidamente la película cae en una especie de falta de decisión entre distintas narraciones  posibles sin terminar de decidirse por ninguna (las audiciones, la atracción por la prima, la  relación con esos hombres del barco, el conflicto clásico del coming of age sobre el miedo de  crecer).  

El problema se manifiesta cuando la película tiene intenciones de establecer un conflicto y  momentos de tensión narrativos, y estos no terminan de producir nada, como en el momento en  que Naïma falta a su audición o su despedida con Phillippe.  

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Entonces, la construcción al rededor de la figura de Zahia Dehar parece quedar como una  operación bastante simple de acercar la cámara al cuerpo sudoroso de una modelo y panear  recorriéndolo. Porque para que la imagen pase de lo expositivo a lo sensorial debe ser rodeada  de otras imágenes que la potencien, que la hagan llegar a ese punto de afección infinita que la  directora parecería buscar. En ese sentido, el personaje de Sofia podría estar bien construido  como un personaje que genera deseo pero a la película le falta peso en la mirada que la desearía,  y en parte eso se debe a que la película crea focos de conflicto que no atiende y desvía  constantemente su narración. 

El momento del sueño que es, a mi entender, el momento de relaciones audiovisuales mejor  construido en todo el film parece quedar aislado del resto de la película, una película cuyo  montaje termina fragmentando todo y las escenas terminan siendo cortas e intrascendentes (otro  momento quizás es la primer escena de la película, de Sofia nadando) y en definitiva sin mucho  que narrar. Tan así que las ideas tradicionales del coming of age aparecen en los últimos  minutitos del metraje casi de manera desesperada para llegar a un emotivo final que nunca  hubiera existido sino.Un párrafo y una discusión aparte habría que tener acerca del problema del concepto objeto de  deseo que podría ser interesante entender como funciona en el cine y como y de forma muy  distinta funciona en otros tipos de realizaciones audiovisuales (el porno, la publicidad), pero no  me interesa necesariamente escribir sobre ello en esta nota, tan solo, a lo sumo, dejar explicitado  que es un debate que merece tenerse en relación a la coyuntura social y a los materiales/límites  del cine o del arte en general.

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