Una hermana
Argentina-Italia, 2016, 68′
Dirigida por Verena Kuri y Sofia Brockenshire.
Con Sofía Palomino, Adriana Ferrer, Saúl Simonet, Sebastián Carbone y Mateo Giménez.

Géneros, realidades, búsquedas frustrantes (*)

Por Hernán Schell

En una escena de Una hermana encontramos a Alba (una extraordinaria Sofía Palomino) mirando fotos y videos en un celular. Alba es una mujer que tiene a su hermana desaparecida y está tratando de hallarla como sea, y por las características de las imágenes que está mirando, parecieran ser pistas que la conducirán a resolver el caso. La siguiente escena encuentra a Alba llegando a un lugar que, creemos, tiene que ver con esas supuestas fotos y videos. Sin embargo, ese espacio termina siendo el lugar donde trabajaba su hermana, y lo que ella va a hacer es reclamar el sueldo que le deben y, de paso, pedir trabajo ella misma porque su familia se encuentra sin ingresos.


La sensación que da Una hermana en ese momento es rarísima, porque se han visto policiales negros que deciden resolver un caso pero sin que exista justicia final (Barrio chino, Roman Polanski, 1974) o policiales negros donde finalmente ni se resuelva el caso aún con pistas acumuladas (Zodíaco, David Fincher, 2004, o su gemela coreana, Memorias de un asesino, Bong Joon Ho, 2003), pero Una hermana se propone otra cosa: construir un policial negro sin pistas concretas, y por ende también sin sospechosos, ni culpables y por supuesto sin justicia. En su estudio sobre los géneros, el teórico y crítico John Cawelty decía que una de las formas de desarmar las convenciones de un género es hacerlas chocar con la realidad mostrando así que ciertos verosímiles de un género serían imposibles si se aplicaran a un relato realista. Hay mucho de eso en esta película, ya que su clima puede ser de policial negro tradicional, con sus ambientes de pesadilla, su visión escéptica de la justicia y su personaje principal que intenta buscarla de modos no convencionales, pero su verosímil apunta a algo más que eso, porque en el fondo despliega una descripción de esos pueblos de la realidad argentina cuyos habitantes quedan totalmente indefensos frente a un crimen, sin poder contar ni con jueces, ni fiscales ni policías.

Por eso el resultado es una película poderosamente frustrante y desoladora, algo que se logra no sólo por su argumento sino por una puesta en escena que expone hábilmente la sensación de soledad e impotencia de sus personajes (los momentos en los que alterna imágenes de los personajes con paisajes enormes y desérticos son tremendos en su significación). Pero el resultado termina siendo también un caso de una película argentina que sabe tomar códigos narrativos de otras partes para aplicarlos a realidades propias, como desde hace rato el cine argentino de género no sabe construir apropiadamente (por precisión y por capacidad de apropiación de un género). No es algo que el cine argentino haga seguido, por eso es interesante informar que una película con esta virtud tan poco frecuente existe en nuestra industrial nacional. Este breve pero elogioso escrito es ante todo un intento por apoyar esa causa.

(*) Publicada en Perro Blanco como cobertura Post-Bafici, Junio de 2017

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