Amanda 
Francia, 2018, 107′
Dirigida por Mikhaël Hers.
Con Vincent Lacoste, Isaure Multrier, Stacy Martin, Ophélia Kolb, Marianne Basler, Jonathan Cohen y Greta Scacchi.

Entre padre e hija

Por Carla Leonardi

La experiencia del duelo, consecuente a una situación traumática, puede ser la ocasión de una transformación que conlleve un crecimiento. El desafío es poder narrar esta experiencia sin caer en excesos melodramático. El tránsito del duelo y la asunción de la paternidad son los temas centrales de Amanda.

Sandrine (Ophélia Kolb) es una joven profesora de ingles y madre, que ha criado a su hija Amanda (producto de una aventura amorosa) en soledad por su propia decisión. Actualmente se encuentra en un momento de plenitud en su vida, ya que tras varias decepciones amorosas, manifiesta haber encontrado a una pareja con la cual la cosa funcionaría. Sistemáticamente, Sandrine es identificada en su vestimenta por la blusa roja, como elemento del amor y la pasión. El director sitúa de esta manera a Sandrine como un espíritu libre, que si bien no rechazó la maternidad, decidió no atarse a un marido y disfrutar de su sexualidad con los hombres, pero sin desdeñar el anhelo del amor de un hombre en particular. Su no rechazo de la maternidad ni del amor, es lo que permite situarla en una posición femenina, basculando entre tener un hijo y la posibilidad de ir más allá de él, en el encuentro amoroso y sexual con un hombre.

Al mismo tiempo, Sandrine aspira a reconciliarse con su madre y ha programado un viaje familiar a Londres para que la abuela conozca a la nieta. El viaje coincide con el torneo de Wimbledon, estrategia para captar el interés de David por el viaje debido a su afición por el tenis. La madre de Sandrine y su hermano menor David, abandonó a su padre, regresó a su tierra de origen y no volvió a tomar contacto con ellos tras 20 años, punto en el cual les envía una carta con ánimo de verlos. La actitud de la madre, puede ser más comprendida por Sandrine (acaso por ser mujer) que por David, que se ve más afectado y continua reacio a reencontrarse y hacer las paces con ella.

David (Vincent Lacoste), por su parte, es el hermano de Sandrine. Se trata de un joven de 24 años que ejerce su papel de tío de Amanda (Isaure Multrier) de manera relajada, que trabaja en la poda de arboles públicos y además administra los departamentos para turistas de su empleador. Realizando esta segunda labor es que conoce a Lena, una joven oriunda de Bordeaux, profesora de piano que viene a París para tomar distancia de su madre. Obviamente comienzan a frecuentarse en términos románticos.

El director presenta la dinámica familiar de los Sorel en la primera parte del film en un cierto tono de comedia ligera, aunque la mención a la metáfora “Elvis ha abandonado el edificio” como titulo de un libro en inglés que lee Sandrine, anticipa lo que seguirá. Efectivamente, el precario equilibrio familiar se ve súbitamente perturbado por un inesperado ataque terrorista. El atentando, perpetrado con ráfagas de fuego disparadas al azar en pocos minutos de una tarde de verano hacia las personas que se divertían y relajaban en un jardín público, es adjudicado a un grupo terrorista islámico. En este incidente muere Sandrine (junto a otras personas) y resulta herida Lena (Stacy Martin) y Axel (Jonathan Cohen), un amigo de los hermanos Sorel. David se salva por la contingencia del retraso del tren, que motivó su llegada tarde al parque. La película adopta a partir de acá un tono decididamente dramático.

El ataque terrorista puede ser pensado como un intento de retorno de aquello distinto que fue rechazo por el poder y el estilo de vida hegemónico occidental. Su presentación inesperada, de hecho, lo convierte en una situación disruptiva, que no puede ser metabolizada o significada por la narrativa de la vida cotidiana. De ahí que sólo puede responderse con el efecto de angustia y temor. Esto se observa en esas calles desoladas y militarizadas de París, por las cuales deambulan perplejos David y Amanda, y donde el adulto intenta brindar -como puede- una explicación a su sobrina sobre lo no simbolizable de la muerte acaecida. Para ambos, se trata en adelante de transitar el proceso de duelo por la pérdida de Sandrine, pero no sólo eso; ya que la orfandad en que ha quedado Amanda confronta a David con la paternidad.

Asumir la paternidad de Amanda aparece para David como un elemento angustiante, con el cual en principio, no sabe como lidiar. El horror a la paternidad se debe a que, contrario a la maternidad, que puede elegirse, conmina a asumirla ya que es el hijo el que elige al padre y lo constituye en ese acto como tal. En este sentido, psicoanalíticamente, asumir la paternidad implica afrontar la castración. Esto es, abandonar la posición del hijo que goza de todas las mujeres, para elegir a una mujer como causa de su deseo y convertirla en madre. En alguna medida la película construye una idea en sentido contrario: es soportar la castración que implica el encuentro con una mujer lo que hace potente a la virilidad. De ahí que David necesite ir en busca de Lena (a pesar de respetar su necesidad de espacio y tiempo dada su fragilidad emocional por el trauma), al menos como condición a partir de la cual poder asumir la paternidad. Aquí ya también entendemos que el padre no es una categoría que pueda pensar en términos biológicos simplemente, sino que se trata de una función simbólica.

Un padre, nos sugiere Amanda, no es solo el que prohíbe la satisfacción inmediata, es también quien introduce a su hijo en la filiación y quien se hace el soporte de una transmisión. Así vemos que David oficia de mediador, presentándole a la abuela a Amanda, que es ahora su hija aunque no aún en los papeles pero sí por su posición, introduciéndola en una genealogía familiar. Y al mismo tiempo vemos cómo le transmite, durante el partido de tenis, una posición ética de lucha y resistencia en momentos de adversidad.

Amanda es una película sobria, sin destellos formales, justamente porque su centro está puesto en los personajes. Por eso mismo funciona mejor cuando aborda la construcción del vinculo paterno-filial entre Amanda y David, que cuando busca trabajar en torno al duelo, en la cual trabaja de manera superficial, lacrimógena. Entre esos extremos se mueve esta película pequeña pero no por ello menor.

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