Annabelle 3: Viene a casa (Annabelle Comes Home)
Estados Unidos, 2019, 106′
Dirigida por Gary Dauberman.
Con Mckenna Grace, Patrick Wilson, Vera Farmiga, Madison Iseman, Katie Sarife, Stephen Blackehart, Steve Coulter, Eddie J. Fernandez, Michael Cimino y Emily Brobst.

Secuelas

Por Gabriel Santiago Suede

Si, el terror siempre garpa en salas. Pero a la vez que nos vemos expuestos a una catarata de exponentes, que no son necesariamente los mejores, también se filtran cosas buenísimas. No obstante el distribuidor promedio no considera demasiado al espectador interesado en este género, precisamente porque asume que cualquier cosa le vendrá más o menos bien y por qué no seguir entregándole lo que venga a la mano y pueda ser medianamente explotable.

Allá por 2012 se abrió toda una serie de coordenadas nuevas para el terror, que hoy por hoy no se lleva demasiado bien con las secuelas. Excepto, claro, que el material esté lo suficientemente cuidado como para que valga la pena. Algo de esto último sucedió con la saga de El Conjuro, siendo la primera y la segunda muy buenas películas. Al mismo tiempo, para evitar la contaminación de los productos más “cuidados”, buena parte de los productores más avivados del género decidieron explorar por otros medios. En este caso en particular habilitando eso que muy ingeniosamente han denominado “el universo El Conjuro” pero con películas que apenas si mantenían algún contacto con las dos películas mencionadas. De ahí que el concepto del spin-off termine siendo hoy para el género la carta perfecta para pertenecer a una tradición a la vez que habilitarse a probar cosas distintas. En el marco de ese universo podemos reconocer a las pobrísimas primera y segunda parte de Anabelle (no solo spinoffs sino precuelas del personaje), a paupérrima La monja y a la meridiana La maldición de la Llorona (a las que presuntamente se sumarían una secuela de La monja asi como un nuevo spin off sobre otro personaje visto en la segunda parte de El conjuro: sería la película sobre The Crooked man). Pero se trataba de películas hechas con pocas ideas, con un desgano corporeizado en repeticiones de lugares comunes carentes de amor por el género y al mismo tiempo una verdadera avivada: mantener caliente la silla hasta el retorno de los dueños de la pelota.

Pero por suerte el terror no vive de malos spinoffs y de secuelas empobrecidas. Por eso cada tanto los Warren vuelven. Y como todo parece indicar, lo harán en 2020 con el estreno de El Conjruro 3. Mientras tanto tenemos que sufrir esa espera con tortas fritas y mate cocido recalentado en el microondas de las radiaciones de los sustos pedorros? No, señores. Por eso era una buena señal que, aunque fuera por un rato, los Warren volvieran a escena. Por eso su retorno fue, para decirlo pronto y mal, para poner un poco de orden en ese universo desordenado que en su ausencia los hace quedar pegados a bodoques abandonados a su suerte. No es el caso de la sorpresa que se coló en la última semana de estrenos comerciales de junio en Argentina. Si: Anabelle 3 es menos una secuela-de-la-muñeca-que-hace-estragos-y-es-más-mala-que-pegarle-a-mamá y más lo que indica el título original: un regreso (o una venida) a casa. Un retorno al lugar del que nunca debió haber salido.

Al mismo tiempo, no solo es un retorno, sino también un desplazamiento de estilo lo que trae como novedad A3:VAC. Si las anteriores ponían el eje en un hilo narrativo por lo general pobre, menor, repleto de lugares comunes, esta película opta por un proceso de abstracciones, en donde el ritmo lo marque la sucesión casi plástica (antes que narrativa) de momentos inquietantes, incluso hay bastante poco de momentos plenamente terroríficos. Esa decisión (sin llegar al paroxismo del Darío Argento de Infierno) podría responder inicialmente al poco feliz razonamiento de “hoy por hoy la gente solo quiere asustarse, no le interesa lo que le puedas contar”. Pero contrario a eso, el terror contemporáneo no está moviéndose en esa dirección, acaso más vanguardista, más plegada a las formas antes que a los contenidos. No, el terror contemporáneo nos ha acostumbrado de sobremanera a hacer del terror un género explotable por nuevas vías, convirtiéndolo en un nuevo ghetto de consumo para los espectadores ajenos al género. Sin ir demasiado lejos, hace relativamente poco, en esta revista se le dedicaron extensas páginas al fenómeno del terror más reciente. Pero sobre las perspectivas del terror contemporáneo se ha escrito en particular en relación a lo que hemos llamado terror arty (ver link aquí). En la dirección opuesta se encuentran las salvajadas que rememoran otros tiempos más libres y desatados. Pero también en la opuesta dirección al terror pretencioso (asi como al terror berreta y adocenado) encontramos a A3:VAC.

Pero a decir verdad poco importa el punto de partida, en el que los Warren pasan unos pocos minutos frente a cámara, en donde nos enteramos que deben hacer un viaje y dejar a una niña al cuidado de una persona, en donde se nos cuenta que en su ausencia la casa queda al cuidado de una adolescente y en donde, a partir de una visita poco casual (más bien bastante interesada) de una amiga de la responsable del lugar se desatan los demonios contenidos en la muñeca que da nombre a la película.

A lo largo de una noche (como el género lo pide) los personajes quedarán encerrados en una casa en la que parecen haberse concentrado todos los objetos malignos del orbe. Y parece que la muñeca que da el título a la película es una suerte de imán para atraer desgraciadas almas en pena. Frente a esa circunstancia (que se revela paulatinamente, nunca de golpe) toda la película se comporta como una antigüedad en el mejor de los sentidos. Y retoma una variante del género que no siempre es bien recordada ni querida: la de las casas embrujadas. Naturalmente, desatada la maldición con la muñeca suelta (a la que nunca vemos en acción, dicho sea de paso) la película se comporta como un grandes éxitos de las figuras fantasmagóricas (desde una novia abandonada hasta un capitán de barco tenemos una y mil formas del terror espectral viviendo concentrado en esa casa, pero mi preferida es el terror que provee una tv que refleja la imagen y adelanta unos segundos a quien la mire el horror de lo que le va a acontecer poco después)

Decía que importa poco porque en A3:VAC el punto de partida es una excusa para jugar a tensionarnos, buscando asi que el eje sea un cine de sensaciones antes que un cine de narración y precisiones sobre los personajes. Por eso cuando veía esta película no podía dejar de pensar en el terror (casualidad? No lo sé) hecho por uruguayos, ese terror de climas inquietantes que supimos ver con La casa muda y con No respires. Esas películas (bastante mejor la segunda que la primera, que carga con el lastre de un final poco adecuado para todo lo que había construido en la previa) comparten con el largometraje de Gary Dauberman el interés por el costado más catártico del género. Por eso despoja la narración de lecturas de segundo orden, la despoja de subtramas, de subconflictos y de todo aquello que pueda entorpecer la fluidez de las acciones, que tienen un único y exclusivo fin: conmovernos sensorialmente. Si lo logra siempre es otro problema: quizás la película se ve un poco excedida en su duración y se hace redundante hacia el final. Asi y todo no deja de tener una potencia poco habitual para los estrenos de terror que nos caen jueves a jueves.

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