Foto Estudio Luisita 
Argentina, 2018, 72′
Dirigida por Sol Miraglia y Hugo Manso
Con Luisa Escarria, Graciela Escarria, Rosa Escarria, Sol Miraglia, Amelita Vargas, Moria Casán, Mimi Pons y Henry Nelson

La artista detrás de la foto

Por Carla Leonardi

Fotogramas de la Avenida Corrientes de los años 60, con los teatros de revista en su plenitud, desfilan ante nuestros ojos en todo su esplendor. Y contrastan con la misma avenida, en la actualidad, donde la merma de salas de cine y teatro resulta evidente. Sobre esa avenida, se encuentra el departamento que durante más de 50 años habitan las hoy octogenarias hermanas Escarria, en cual el pasillo copioso de plantas y el cantar de los canarios, captura la atmósfera tropical de su origen caribeño. Los realizadores argentinos Sol Miraglia y Hugo Manso meten de lleno así, a través de su documental, en el mundo de aquello que fue, durante los años 60, 70 y 80, el mítico “Foto Estudio Luisita”, por el cual pasaron muchos personajes famosos de la época (en alguna época definidos con el término hoy un poco avejentado de “farándula”), como Alberto Olmedo, Juan Carlos Altavista, José Marrone, Amelita Vargas, Tita Merello, Moria Casan, Gogó Rojo, Mimi Pons, Susana Gimenez, Mariano Mores, Luis Sandrini, Atahualpa Yupanqui , y una lista interminable, buscando ser inmortalizados en las fotos que tan hábilmente les sacaba la Luisita que da nombre al documental. 

El puntapié que nos permite conocer a la mujer detrás de la cámara es el encuentro afortunado que se dio, 10 años atrás, entre Sol y Luisita, cuando la joven dando sus primeros pasos en el mundo de la fotografía se topó e interesó por un almanaque con fotos artesanales de gente famosa que había realizado Luisita y que capturó su atención. Del vínculo afectuoso que se fue construyendo con los años entre ambas, es fruto este gran documental que, en paralelo a una muestra homenaje realizada en el Centro Cultural San Martín, permite al espectador no sólo conocer un valioso archivo fotográfico de época, sino también a la talentosa mujer detrás de la cámara, que durante tantos años no fue reconocida formalmente. 

La familia de las Escarria llega al país a fines de los años 50, escapando de la brutal violencia que sucedía en aquellos tiempos en Colombia. Los padres eran fotógrafos, si, pero fue la madre aquella que, venciendo los prejuicios machistas de la época, siguió fervientemente su deseo y tuvo el coraje de abrir un estudio fotográfico en un mundo dominado por hombres. Cuando el padre fallece, al mismo tiempo, es la madre y sus hijas quienes continúan trabajando en el estudio para salir adelante económicamente. Este es legado el que las hermanas Escarria desarrollan e incrementan uniendo del don de la mirada de Luisita con el apoyo de Chela con las luces y el trabajo en laboratorio, realizando tanto fotomontajes muy ingeniosos como una suerte de photoshop artesanal. El contacto con las estrellas de la mencionada farándula argentina se dará a partir de un compositor colombiano, que será el encargado de presentarlas a Amelita Vargas. Es el éxito de esas fotos con Amelita lo que oficia de puente para que el Teatro Maipo tome como estudio preferido el de Luisita, abriéndose así el trabajo hacia las revistas y los espectáculos que allí se realizaban.

Será la digitalización, entonces, la que las deje fuera del mercado, culminando la etapa de esplendor de incansables años de trabajo con las estrellas locales. Quizás por eso, a la luz de hoy, termina siendo realmente destacable la osadía de estas mujeres, que se forjaron a base de talento y tesón un lugar como pioneras en el mundo de la fotografía, desafiando el designio de la época que ubicaba a las mujeres principalmente como esposas y madres. Especialmente emotivos son los encuentros con Amelita Vargas disfrutando de la música caribeña, el regreso al Teatro Maipo, que fue su lugar de trabajo, luego de tantos años, y el reconocimiento  recibido de varias estrellas hoy consagradas a quienes Luisita fotografió al comienzo de sus carreras, en el marco de la muestra homenaje curada por Sol Miraglia para el Cultural San Martín. 

Al mismo tiempo Luisita se caracteriza por su timidez, a la cual debía sobreponerse cada vez que retrataba a un famoso, su bajo perfil y su sencillez, que no implica para nada un disvalor, sino su contrario: ese singular don por el cual colocaba la mirada de manera acertada para capturar en pocos clicks la esencia y la belleza del personaje retratado está directamente relacionado a esa capacidad de invisiblizarse. Este espíritu está presente sin dudas a lo largo del documental donde la dupla Miraglia-Manso, rinde homenaje y revaloriza la obra de Luisita, con  humildad y sensibilidad, empleando un estilo cercano al retrato documental de las inseparables hermanas Escarria, empleando material fotográfico de la familia, material fílmico de archivo, la producción rescatada del archivo del estudio y las imágenes testimoniales y cotidianas de las propias hermanas donde predominan los planos fijos. 

En una época que desprecia a lo viejo, Foto Estudio Luisita, desempolva el viejo arcón de los recuerdos y nos propone tanto un viaje maravilloso por la memoria de una época (que acaso todavía tenga algo para decirnos), como la posibilidad de que la obra de Luisa Escarria se reencuentre con el público y de que el público conozca a la mirada bondadosa que nunca dejó de buscar el lado bello de las personas. Oculta detrás de cámara y opacada por el brillo de las estrellas retratadas, el hermoso trabajo de Sol Miraglia y Hugo Manso, le devuelve al Foto Estudio Luisita la luz que nunca debió perder. 

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