P9ezj3BA

Tiempo de lectura: 2 minutosLas Furias

Rodolfo Weisskirch

Las furias 
Argentina, 2019, 70′
Dirigida por Tamae Garateguy
Con Guadalupe Docampo,  Nicolás Goldschmidt,  Daniel Aráoz,  Juan Palomino, Susana Varela

Una esperanza

Por Rodolfo Weisskirch

Miremos el panorama del cine argentino. Paremos y miremos. Entre los intentos mas personales por generar un cine de género no industrial y con voz propia, alguien brilla. No es la única, pero Tamae Garateguy está, sin dudas, entre los realizadores, más destacados. 

Desde Mujer Lobo, pasando por Pompeya hasta Las furias, Garateguy intenta generar obras con personalidad, combinando géneros, arriesgando al construir narraciones no lineales, con momentos oníricos, místicos, pero también apelando a un lenguaje reflexivo sobre el mismo dispositivo cinematográfico (sin por ello renunciar a una constante crítica social). Su obra es arriesgada. No apuesta a lo seguro o al efectismo fácil. No: Garateguuy tiene una mirada definida, no convencional, y una ambición cinematográfica (que no pretensión), que se agradece. Aunque no lo parezca, nada en el cine de Garateguy es arbitrario.

Las furias, posiblemente, sea su obra más clásica en términos narrativos. A diferencia, de Pompeya, Mujer Lobo y Hasta que me desates, está bien claro, cuánto de lo que sucede es en el «mundo real” y cuánto en un plano místico-onírico. Pero Las furias no es solo un gesto de diferenciación. En este pseudowestern moderno -con influencias del género gauchesco- Garateguy narra un clásico romance prohibido, entre la hija de un terrateniente (Guadalupe Docampo y Daniel Aráoz, respectivamente) y el sobrino del líder de una tribu de un pueblo originario (Nicolás Golschmidt y Juan Palomino, en cada caso). Para contar esta historia, la directora narra los hechos en dos planos temporales alternos. Esto le permite a Garateguy incrementar la tensión minuto a minuto gracias al constante pendular.

Pero en Las furias también hay un encuentro extraño entre cosas de distinta naturaleza: la tragedia clásica se mezcla con la crítica al patriarcado y a las tradiciones rurales. Los abusos de poder (incluyendo los sexuales, tema recurrente en el cine de Garateguy) se combinan con el gore (Garateguy no le teme a la sangre: de hecho vemos violencia gráfica en primer plano): puñaladas, gargantas cortadas, disparos a distancia. El exceso del borde de lo grotesco es una marca en el cine de la directora. 

Entre el concepto del amor entre dos clases sociales diferentes, y el perfil místico-sobrenatural-supersticioso de la obra, no es demasiado alejado pensar que la principal referencia de Garateguy es Nazareno Cruz y el Lobo, la mítica película de Leonardo Favio. Acá, la figura del lobo está tácito (aunque el personaje de Palomino, tiene el mismo sombrero que el de Alcón). El cielo y la geografía mendocina, son protagonistas absolutos del relato, como los cielos y el espacio en la película de Favio. Pero la referencia si bien es explícita no es condicionante como para invalidar, sino un punto de partida para crear.

El talento de Garateguy por fusionar todas las pretensiones temáticas sigue dando saltos riesgosos, transparentando el artificio -como ya lo hizo en forma literal con UPA, Pompeya y All Night Long– es uno de los grandes atractivos de Las furias, una película algo desatendida en la pandemia. Y una entrega mas de una obra a la que hay que seguir. Las esperanzas de un cine de género nacional y personal siguen intactas. No es poca cosa

Comentarios

Comparte este artículo

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on email

Articulos Relacionados

WP Feedback

Dive straight into the feedback!
Login below and you can start commenting using your own user instantly

Ir arriba