Luchando con mi familia (Fighting with My family)
Reino Unido, EEUU, 2019, 108′
Dirigida Stephen Merchant
Con Florence Pugh, Jack Lowden, Nick Frost, Lena Headey, Vince Vaughn, Dwayne Johnson. 

What are you waiting for?
What do you think you were created for?


Por Andrés Brandariz

Stephen Merchant, prolífico guionista en el mundo de la comedia de TV (co-creador, junto con Ricky Gervais, de The Office) filma en Luchando con mi familia un efectivísimo cuento moral sobre el éxito y el fracaso. Si, el relato está basado en hechos reales y aborda el esforzado camino al éxito de una joven inglesa de 18 años, Saraya Knight (Florence Pugh). El sueño de la protagonista no es otro que el de participar en WWE Smackdown!, el programa de wrestling más exitoso de la TV norteamericana. Para construir el arco dramático del personaje Merchant se vale de algunos lugares comunes del drama familiar. Pero no para asentarse en ellos, sino para tomar envión en el crecimiento del personaje. De hecho Saraya pasará de un luchar con su familia a luchar contra su familia, y de ahí a redescubrir la pasión por la lucha libre. 

Saraya convive con sus impresentables padres (Lena Headey y Nick Frost, que se divierten y divierten con el generoso tiempo en pantalla que comparten) y su hermano Zak (Jack Lowden) en Norwich, la capital de la mostaza en Inglaterra. Allí, organizan un espectáculo familiar, registrado en video, fiel al estilo de sus ídolos norteamericanos: Dwayne “The Rock” Johnson, John Cena, y demás musculosos carismáticos -que manejan por un lado una implacable aptitud física para la lucha y un extraordinario vínculo con el público: una magia inasible que se vuelve fundamental para triunfar en aquel mundillo exigente y competitivo-. La sorpresa llega de un día para otro: Saraya y Zak reciben una increíble noticia, y es que quienes organizan la selección de talentos para WWE han visto el video que les han enviado y los han seleccionado para hacer una prueba. Los hermanos, sintiéndose cerca de su sueño y felices de compartir la hazaña juntos, se prueban. El veredicto impacta profundamente al vínculo de los hermanos: Saraya es elegida, su hermano queda afuera de la competencia. Es ella quien posee ese “algo” que el entrenador detecta al instante (Vince Vaughn, en un acotado pero relevante papel que cumple de manera perfecta); Zak, que ha soñado con ser profesional del wrestling toda su vida, debe resignarse a continuar dando clases a los chicos de su barrio. 

Saraya inicia así un intensísimo entrenamiento, lejos de la contención de su familia y cuestionándose cada vez más su deseo de integrar el plantel de una de las industrias del entretenimiento más grandes de los Estados Unidos. La actitud de Saraya tampoco es la más humilde: pagada de sí misma por su conocimiento del mundo de la lucha libre, subestima y ningunea a sus compañeras, evidentemente elegidas por sus cuerpos esculturales, pero mucho más determinadas a afrontar el desafío que ella. Este vínculo no es casual, sino que habilita una mirada conciliadora y optimista (aunque un poco ingenua) sobre la rivalidad entre mujeres dentro de un ambiente machista que las reduce a sus atributos físicos.

Pero no hay una denuncia velada ni explícita, ojo. La película, producida por The Rock, suaviza en última instancia su crítica a la industria del entretenimiento: la mirada objetivizante pareciera ser, en algún punto, más un prejuicio de la protagonista que una situación real generada por el propio proceso de selección que, cuando menos, resulta discutible. Por otro lado, la presencia de The Rock como productor queda patente en sus reiteradas apariciones interpretándose a sí mismo, casi siempre elegantemente sorteadas por la escritura de Merchant para maquillar su completa ausencia de relevancia para la trama. En una película que fluye con una gracia admirable, estas situaciones lucen estiradas, diluidas hasta perder la gracia. Que esto se note a pesar del carisma del ex wrestler y la escritura grácil de Merchant sólo habla de un capricho de productor. Incluso al final, cuando aparecen las placas comentando los variados caminos tomados personajes, hay una que se le dedica a The Rock y que resulta bastante risible.

Cabe destacar, además, que en su segunda mitad Luchando con mi familia y aborda con más esmero el conflicto de Zak, quien contempla desde lejos los triunfos de su hermana a medida que el rencor se le acumula de forma inevitable. Sin perder el humor, la película se anima a jugar con los tonos, situación de la que sale airosa gracias a la prolija construcción de los personajes y al perfecto casting. En el tramo final, la película desbarranca un poco en el relato motivacional y es ahí donde sus intérpretes la sostienen de manera más notable, cargándose el peso del relato plenamente sobre sus espaldas. Tanto Florence Pugh como Jack Lowden son talentos muy poco comunes y logran que volvamos a la película, que el aprendizaje se quede con nosotros a pura convicción, desacartonando esta película que, más allá de sus pequeñas falencias, sabe aprovechar mejor a sus personajes, sus contradicciones y sus fallas que a un relato más o menos modélico sobre las complejidades de crecer, tener éxito y, de paso, sobrevivir a la familia. 

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