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Tiempo de lectura: 7 minutosModern Love

Federico Karstulovich

Modern Love
EE.UU., 2019, 8 episodios de 30′
Creada por John Carney, Sharon Horgan, Tom Hall, Audrey Wells
Con Anne Hathaway, Tina Fey, Catherine Keener, Dev Patel, Andy García, Julia Garner, John Slattery, Cristin Milioti, Sofia Boutella, Gary Carr, Laurence Possa, Brandon Victor Dixon, John Gallagher Jr., Shea Whigham, Brandon Kyle Goodman, Charles Warburton, Angela Oh, Rolando Chusan, Jane Alexander, Erinn Anova, Marin Ashby, Seth Andrew Bridges, Olivia Cooke, Lisa Ferreira, Barney Fitzpatrick, Liam Garten, Phillip James Griffith, Martin Harvey, Andrew Haserlat, Christian Hopper, Alexander Jameson, Chris Kepford, Rebecca Kling, Josh Marcantel, Brianna Masyn, Claire McClanahan, Caitlin McGee, Allen McLean, Charlie Meany, Kelly Mulvihill, Elizabeth Paige, Zachary Shea Podair, Grayson Powell, Christopher Quartuccio, Daniel Reece, Joseph Reiver, James Saito,Andrew Scott, Shana Solomon, Martin Tsien, Arden Wolfe

Cómo ser buenos/Como ser buenos

Por Federico Karstulovich

A Daniela, sin cuyo amor diario no podría vivir

Tengo una particular debilidad por las comedias románticas, ya que en ellas se cifra buena parte del artificio y la felicidad que me provee de buenos momentos cuando estoy mal y grandes momentos cuando estoy bien. El problema es que a veces no sé cuándo estoy bien o cuando mal. Entonces lo mejor que puedo hacer es volver a las comedias románticas, que cuando funcionan, estallan en el cerebro pero luego se expanden hacia otras partes del cuerpo: se guardan emociones en los glúteos, en los codos, en las costillas, en la mandíbula, en un lóbulo de la oreja derecha, en la pantorrilla izquierda, en la planta del pie, en el coxis. Porque la comedia romántica es también un acto fisiológico (no, no me refiero solo a llorar, algo que hago con bastante ritualidad frente a las películas) y como tal si una comedia romántica no se ve con el cuerpo, entonces algo falta. O al menos a mi.

Ahora bien. Cualquier comedia romántica es portadora de las virtudes de movilización fisiológica mencionadas previamente? No. Modern Love oscila, casualmente, entre momentos de una emocionalidad destacable, donde logra mucho con muy poco (y reverbera en el resto del cuerpo) y momentos en los que parece extraviarse de la mirada humanista que define a los momentos mas inspirados. En este sentido, cada uno de sus ocho episodios autoconclusivos (es notable que hayamos tenido que incorporar esta clase de aclaraciones porque el formato de capítulos unitarios fue quedando olvidado en el tiempo) tiene una historia distinta que narrar. En cada uno de los casos lo hace con herramientas similares. Pero los resultados son notablemente distintos.

Los primeros dos episodios son, probablemente, los mejores: el primero protagonizado por Cristin Milioti (a quien vimos hace poco en Palm Springs), que interpreta a una chica que quiere conseguir una pareja estable pero que al mismo tiempo no se siente convencida por ningún candidato (aunque ayudada en su escepticismo por el portero de su edificio, quien le indica qué candidato debe aceptar o no) y que tras quedar embarazada debe criar a su hija como madre soltera. No solo se trata se un capítulo emocionante sino también es una fábula perfecta sobre el cuidado mutuo y las familias construidas por fuera de los lazos de sangre.

Con este punto de partida me metí de lleno en el segundo, donde el asunto se duplica: ahora son dos las historias. Por un lado un desarrollador de una app de encuentros y su historia de pérdidas, por otro la entrevistadora de una revista que le cuenta su propia pérdida personal. En ambos casos las historias son mas breves, pero también emocionantes (con toda la fisiología incluida posible). Hay algo evidente de influencia del Linklater de la trilogía iniciada con Antes del amanecer. Tanto Dev Patel como Catherine Keener asi como Andy García funcionan con una perfecta sobriedad. Por eso en ningún momento nada de lo que vemos se transforma en un presupuesto consumo irónico contemporáneo con respecto al género. No hay ironía en ninguna de las dos primeras historias y eso se agradece lo suficiente. A tal punto que uno piensa que bien podría haberse tratado de dos largometrajes perfectamente extensibles muy al estilo de James L. Brooks.

El problema sobreviene con el tercer episodio, protagonizado por Anne Hathaway, que es a todas luces aquel que mas necesita desmarcarse del espíritu de comedia romántica y darle el giro actual, para modernizar la percepción. En este caso una mujer brillante pero bipolar (lo que la incapacita para su continuidad laboral pero también relacional) que debe aprender a socializar y a aceptar su condición. El problema es que aquello que en los otros capítulos implicaba una convivencia con el conflicto aquí se vuelve un relato edificante que usa a la comedia romántica como excusa para sostener otra cosa. No está mal que lo haga, pero sin lugar a dudas el tono se rompe o se interrumpe respecto de lo planteado en los primeros capítulos.

El cuarto episodio intenta retomar algo de la tópica de Woody Allen, que es la otra gran influencia que recorre a la serie. Es el caso de una pareja de adultos con hijos adolescentes. En este caso tanto Tina Fey como John Slattery están perfectos en su rol. Pero ahí donde el juego de la comedia de rematrimonio se imponía (con todo lo que las comedias de rematrimonio tienen de dolorosas, de complicadas para los personajes) hacia el cierre sentimos que no fluye orgánicamente de la narración. Como si de alguna manera el camino de reencuentro de la pareja se resolviera epifánicamente, incluso desaprovechando el factor dramático del tenis como competencia (algo que recuerda a Historias de Familia, de Noah Baumbach, otro elector del cine de Woody Allen). La sensación es la de quedarnos a mitad de camino.

El quinto episodio retoma algo de los primeros dos. Pero en un tono bastante menos lacrimógeno y en todo caso revinculando lo narrado a la tesis de la serie: repensar la idea del amor o de la construcción romántica del mismo. Por eso el reingreso de la comedia romántica en este caso se siente mas certero, mas cercano al cine de Judd Appattow (en particular no a una película suya pero si producida por él: The Big Sick). La historia de una pareja que interrumpe una segunda cita a punto de consumar su relación sexual por primera vez y que lleva a uno de los dos al hospital no solo funciona como comedia a secas sino que en efecto reescribe un modo actual de la comedia romántica: el reencuentro a partir de la revelación de la mascarada y la constatación de las limitaciones de origen de cada personaje. El capítulo no necesita mucho mas que un accidente, algunas horas en el hospital donde la chica cuida al chico lastimado. Y al día siguiente, la consumación del salto (como bien dicen: en una noche avanzamos años de conocimiento mutuo). No solo es un buen capítulo, sino que también es un capítulo sobre la bondad como base para cualquier pareja: no hay pareja sin cuidado mutuo y amabilidad.

El sexto episodio prosigue con la lógica del quinto: repensar la comedia romántica y sus patrones desde una perspectiva distinta. No sé si actual en este caso, pero si distinta. En este episodio Julia Garner es una empleada de una empresa de desarrollo informático y robótica que se enamora de su jefe y coordinador del equipo…quien le lleva casi 30 años de diferencia. Pero no es un enamoramiento de paridad, sino un enamoramiento fascinado de padre, un enamoramiento casi platónico. Ese equívoco construye una idea, bastante precisa y efectiva durante la primer mitad pero un tanto obvia y directa en el cierre cuando la metáfora del cierre del duelo y la necesidad de aceptar el crecimiento termina por imponerse. Es, en este punto, un tono a mitad de camino entre la bajada de línea del tercero y la renovación de tópicos del quinto episodio.

El séptimo episodio, sobre una pareja de dos hombres que eligen adoptar un niño que está gestando una chica nómade, de conductas radicalmente opuestas a las suyas (buddy movie inevitable) no solo se siente algo anticuado, sino también forzado. Como si se tratara de un episodio de una serie de inicios de los 2000s. No solo carece de interés sino que ni funciona como comedia romántica de padres primerizos, ni como buddy movie ni como agenda de «integración de las minorías sexuales» (algo muy de moda hace dos décadas y hoy un tanto estigmatizante). No solo desentona sino que no se entiende cuál es la relación con el resto del conjunto.

El octavo retoma (como era previsible) la idea del amor en la vejez. Pero todos y cada uno de los lugares que recorre son lugares comunes y publicitarios, que con una perspectiva distinta podía haber resonado de manera diversa y divergente respecto de la ansiedad por representar a la pluralidad mas amplia de grupos sociales. No obstante por sus mismas limitaciones, el capítulo es el mas corto, porque es el que habilita a que los últimos 7 minutos sean dedicados a construir la interconexión espacio-temporal entre todos los capítulos de la serie, forzando la coralidad que la serie nunca exhibió.

Frente a todo el recorrido no hice mas que preguntarme qué le pasa al presente con la comedia romántica, con la posibilidad de representar el encuentro, el enamoramiento, el cuidado, las peleas, las reconciliaciones entre dos personas. No hay en Modern Love un gesto cínico, es cierto, pero lo que si se percibe es una desesperación implícita e incapacitada de comprender un sentimiento que para ese gran género que es la comedia romántica no es otra cosa mas que un artificio. Pero que, al mismo tiempo, es un artificio que precisamos diariamente para sentirnos menos solos en un mundo oscuro.

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