Ocean’s 8: Las estafadoras (Ocean’s 8)
EE.UU., 2018, 110′
Dirigida por Gary Ross.
Con Sandra Bullock, Cate Blanchett, Anne Hathaway, Helena Bonham Carter, Mindy Kaling, Sarah Paulson, Awkwafina, Rihanna, Richard Armitage y James Corden.

…pero con mujeres

Por Hernán Schell

Ocean’s 8 no empieza mal. El primero de sus planos encuentra a Debbie Ocean (Bullock) hablándole a la policía de todo lo arrepentida que está de sus crímenes pasados. Bullock es realmente una gran actriz, de esas que rara vez valoramos lo suficiente. En este caso es una actriz que logra entender que su interpretación tiene que sonar tan pero tan impostada que uno entienda como espectador que aquello que vemos esta siendo falseando por completo. Esto es un indicio de algo bueno? No, apenas un recordatorio de las capacidades de Bullock, nuevamente desaprovechadas.

Pero volvamos a la película: Debbie quiere seguir estafando, de hecho empieza la película mintiéndole a la policía y uno entiende desde el vamos que lo hace por vocación de artista del crimen. Pocas escenas después de que sale de la cárcel seguimos viendo cómo su vocación y su habilidad están más fuertes que nunca, logrando hacer que hoteles y perfumerías caigan en sus trampas verbales mientras ella se las arregla para vivir siempre de arriba. Es un modo contundente y entretenido de mostrar las habilidades de un personaje, y eso parece anticiparnos que estaremos ante una película entretenida, y tal vez más que eso. Después de todo, el elenco parece espectacular, lleno de varias comediantes, con un director experimentado y con varias buenas películas en su haber. Pero la ilusión dura poco. La experiencia no asegura otra cosa que gente experimentada. Pero si no hay ideas detrás, es difícil. Para resumir el desgano y la torpeza de esta película basta con ver dos cosas: la actuación en piloto automático de la experimentada Helena Bonham Carter (suerte de versión opaca de los personajes excéntricos que realiza en las películas de Tim Burton), y el hecho de que la película quiera convencernos de giros inverosímiles de guión, como si quienes estuvieran detrás de la escritura fueran principiantes.

Por eso el problema de Ocean’s 8 no se reduce a si es o no entretenida, más bien a si es o no programática. En definitiva esto sucede porque estamos ante una suerte de copy/paste de las Ocean’s anteriores, con la única diferencia de que todo parece un poco menos de lo mismo. Acá está la misma propuesta de construir una suerte de comedia elegante, con alusiones al glamoroso mundo de las estrellas (algo que ya estaba en las versiones de Soderbergh), un plan perfecto que se irá develando con el correr de una trama con varias vueltas de tuerca, y un gran desfile de actores y actrices. Pero acá las estrellas actúan en su mayoría en forma desganada, como si estuviesen cumpliendo con un trámite. El plan perfecto no parece tan convincente; y la película es tan descuidada en su guión, que arruina la idea de un plan perfectamente cerrado -el fuerte de todas las Ocean’s anteriores- para insertar hacia el final un deux ex machina consistente en una asociación de un tercero sorpresivo, que habilita que las ladronas puedan salirse con la suya.

¿Y qué cambia el hecho de que acá haya mujeres? En realidad, no demasiado. De hecho, ni siquiera puede leerse como un gesto de feminismo. Más aún cuando la película se ve en la necesidad de hacer que casi todas las mujeres ladronas terminen hacia el final vestidas como divas, siendo hasta en algunos casos un eye candy para el espectador. Tampoco parece demasiado feminista  que en el fondo el personaje de Bullock haga todo esto para finalmente salirse con la suya en un acto de venganza despechada hacia un ex-novio. De hecho, no sé si hay muchas películas en las que se note tanto que están usando el cambio de sexo de actrices a actores para no esforzarse en hacer algo nuevo y vender un producto similar (o peor) pero cambiando testosterona por estrógeno. Igual se entiende esto como estrategia comercial: son tiempos en los cuales el woman empowerment se ha vuelto algo particularmente popular y cualquier cosa puede ser motivo para ampliar el nicho potencial de consumo. Nada que objetar a esto, pero por lo menos podrían disimular que les importa el tema vendiéndolo en el paquete de un entretenimiento más o menos decente.

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