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Tiempo de lectura: 3 minutosPequeños secretos

Por Gabriel Santiago Suede

The Little Things
EE.UU., 2021, 127′
Dirigida por John Lee Hancock
Con Denzel Washington, Rami Malek, Jared Leto, Chris Bauer, Sofia Vassilieva, Natalie Morales, Terry Kinney, Michael Hyatt, Kerry O’Malley, Sheila Houlahan, Joris Jarsky, Dimiter D. Marinov, Jason James Richter, Isabel Arraiza, Stephanie Erb, Samantha Cormier, Tom Hughes, John Kim, Patricia Mizen

Los intersticios

Si, estimados lectores. The litlle things se estrenó en abril, cuando las salas de cine habían vuelto y las películas retomaban alguna tentativa de normalidad. Pero si algo se puede arruinar, que se arruine completo. Dicho y hecho: para mediados de mes comenzaron las restricciones y para fin de mes todo se había vuelto a limitar. Por eso, frente al autoritarismo sin datos no hay que entrar en guerra ni responderle con números. Hay que señalarlo y no dejarse pisar. Y como no me gusta que me pisen como espectador no solo vi esta película sino que escribí sobre ella…pero no la terminé para el número de abril. Venga entonces esta nota tardía en mayo. Hecha la aclaración: tan buena era Pequeños secretos? (una traducción más adecuada sería Pequeños detalles, pero bueno, no es particularmente ganchero ese título). Si y no.

El motivo de esa oscilación tiene un nombre, John Lee Hancock. Se trata ni más ni menos que uno de esos artesanos competentes (hace un par de años había estrenado otra película también noble, Emboscada final, sobre la cual he escrito en esta nota) a cuyas obras da gusto volver. Pero al mismo tiempo hablamos de directores que portan algunos baches inevitables en esas películas disfrutables. Bueno, yo tengo una teoría borgeana, casi teológica, que nos permitiría entender las imperfecciones del sistema de JLH. La teoría indica que dios habría concebido un sistema tan perfecto que era capaz de habilitar instancias de sinsentido que hicieran posible dudar de su existencia. Bueno, hay algo de esto en las formas de ese sistema narrativo implacable que es el clasicismo. En este punto creo que los encargados de evangelizar ese credo narrativo no son, precisamente, los grandes maestros. Por el contrario, son los artesanos capaces de configurar formas narrativas en las que el error exponga el carácter reflexivo sobre el mismo sistema. LO QUEEEE? Estás diciendo que las películas imperfectas lo hacen con conciencia expresa del sistema que representan? No, no todas. Pero es muy difícil no pensar en esto en una película en cuyo centro está la misma idea de la creación, de el error y del carácter humano.

The litlle things tiene un centro engañoso, que es el de un thriller policial con asesino serial. Pero esto es una mera excusa, como también lo era en Zodíaco, una película con la cual tiene una amplia diversidad de puntos de contacto. Digo esto porque en esta película el mayor interés radica en un puñado de personajes (como casi siempre en los films del director lo que importa son las personas y no tanto las tramas), el deambular analítico de los mismos (habría que tomarse el tiempo se sentarse a pensar el rol que tienen los autos y los recorridos en las películas de JLH), pero sumado a eso un componente reflexivo y sutil a la vez, más bien discreto. Si el centro es engañoso, entonces es la periferia lo que expresa el mayor punto de atención. Y en esa periferia la película dispone una serie de fragmentos rotos de lo que pudo ser una película expresamente autoconsciente. Aquí en cambio esa autoconsciencia es de una marginalidad que puede perderse, pero que está presente. Y es que la idea de que un crimen puede llevarse adelante a partir de un armado racional pero que siempre permitirá la irrupción de la irracionalidad (el factor humano) parece hablar más del proceso creativo antes que de las formas del género.

Sostenido sobre una elegancia acaso afectada por algunas escenas que generan una disonancia que se olvida pronto, Pequeños secretos fue otra de las sacrificadas que casi nadie vio, en un oscuro jueves de estrenos, en medio de una pandemia, en un país en donde a nadie le importa el cine ni la gente ni las posibilidades de salir de la miseria cotidiana en la que nos están situando con cada vez mayor naturalidad. Pero las películas están ahí para recordarnos que no naturalicemos nada. Ni las cosas más pequeñas.

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