Wifi Ralph (Ralph Breaks the Internet)
EE.UU., 2018, 112′
Dirigida por Phil Johnston y Rich Moore.
Con voces (en la versión subtitulada) de John C. Reilly, Sarah Silverman, Gal Gadot, Taraji P. Henson, Jane Lynch y Alfred Molina.

El signo de los tiempos

Por Rodolfo Weisskirch

En La mula, su último largometraje como director hasta el momento, Clint Eastwood interpreta a Earl Stone, un viejo florista que pasa del éxito al fracaso, en gran parte por su temperamento y por otra parte, a su negativa de modernizar su negocio. Stone lo admite: el Internet mató al mercado de las flores, o por lo menos, a aquellos que no se ajustaron al cambio. Lo irónico es que el personaje comienza a adaptarse a los cambios tecnológicos a partir de que se convierte en una mula del narcotráfico. Lo que nunca le enseñaron sus nietos, lo aprende de dealers y criminales. Su ruina, sin embargo, es terminar eligiendo lo terrenal, los viejos valores.

Casualidad o no, el estreno de la película de Eastwood coincide con el de Wi Fi Ralph, la secuela de Ralph, el demoledor. En la primera entrega, el protagonista, es un villano que desea cambiar de vida y demostrar que tiene un costado más humano y bondadoso. Gracias a eso, conoce a Vanellope, la piloto de un juego de carreras orientado para niñas. Dos personajes marginales que convergen formando una amistad impensada.

Entre Ralph y Earl no hay tantas diferencias (y Ralph bien podría ser un personaje de una película de Eastwood). Ambos deciden redimirse infringiendo la ley, y en Wi Fi Ralph, el protagonista, al igual que el personaje del viejo Clint, es a la vez el antagonista, lo que es un cambio más que notable para una película animada de Disney.

En la secuela, las malas decisiones o la incorrección política de Ralph, con el propósito de darle un poco de emoción a la vida de su amiga, terminan perjudicándola constantemente. Por culpa de Ralph se rompe el volante del juego de Vanellope. Por suerte, y gracias a los deus ex machina de los guionistas de Disney, este hecho coincide con la incorporación de un módem en el Arcade donde viven los personajes. Para solucionar su error, el protagonista le propone a su amiga entrar en el universo digital para comprar por Ebay el único volante capaz de devolverle el trabajo.

Se podría decir fácilmente que Disney encontró el vehículo para introducir propaganda gratuita: desde Amazon hasta el propio sitio de merchandising de Disney, pasando por google, Ebay y otras compañías, desfilan delante de este universo muy similar visualmente al de Futurama. Sin embargo, la sólida estructura narrativa y el ingenio del guión generan que toda publicidad se encuentre justificada, y además aporte a la sátira y la corrección política de la compañía. Marvel, Los Muppets y Star Wars convergen en una sola película, y las princesas de Disney abarcan una de las secuencias más divertidas del film, en donde la coprotagonista se anima a criticar la misoginia que durante años ha caracterizado a la empresa matriz. Este mea culpa, muy acorde a los tiempos de hoy, generan que Vanellope sea una princesa de la generación millenial, y que el bueno de Ralph termine como un ogro machista.

Pero el propósito de Moore y Johnston no es “villanizar” al protagonista, sino enfrentarlo con sus propios errores, para poder derrotarlos, y en ese sentido, lo que consigue WiFi Ralph, que no tenía su precuela, que era mucho más convencional y previsible desde la narración, es una historia más introspectiva de lo que vende en primera instancia: el virus es interno, y solo Ralph puede destruirlo.

Más allá de eso, el film es también una extraordinaria buddy movie. La relación de ambos protagonistas trasciende lo amistoso. Por momento es paternalista, por momentos, es romántica. En una época, donde los guionistas de secuelas pretenden agregar capas y capas de subtramas y personajes pintorescos, este film decide limitarse a agregar solo dos personajes que acompañan a la pareja protagónica: Shank, una corredora de carreras de un mundo virtual apocalíptico, en quién Vanellope ve como una especie de mentora, y Yesss, una experta en marketing de viralización de videos. No es casual que ambos personajes sean femeninos y empoderados, lo que exhibe también el cambio de los estereotipos en el cine, incluso en el de animación.

Wi Fi Ralph es un reflejo del universo virtual, las tendencias digitales y las redes sociales. Más allá de la historia clásica de amistad que toma preponderancia, el film pretende dar un doble discurso sobre lo viejo contra lo nuevo, la tecnología digital contra el mundo retro, y el mensaje es conciliador: ambos pueden convivir en perfecta armonía.

En una era donde la tendencia de moda es la nostalgia y el marketing de lo ochentoso, Wi FI Ralph, al igual que Ready Player One, decide acabar con la mirada hacia el pasado y apostar por el futuro, aún cuando el protagonista elija quedarse en el viejo mundo, pero en definitiva ser fiel a su identidad. De alguna forma los realizadores empatizan con el personaje y no dejan de lado las citas y guiños cinéfilos: desde Tron (1986) hasta una hermosa reconstrucción del final de Cazafantasmas (1984). Pero esto solo lo entederán los fanáticos del clásico de Reitman. Recomiendo que la vean en su idioma original para poder disfrutar de la voz y personalidad de ese hermoso intérprete que es John C. Reilly. Pero también sugiero que se queden hasta el final de los créditos, en que el protagonista brinda una agradable sorpresa para los amantes de los 80.

De esta manera, Wi Fi Ralph se convierte en una propuesta acorde al tiempo presente, una de esas películas que representan necesariamente el aquí y ahora. En vez de apostar a la fórmula tradicional de cualquier secuela que es duplicar el concepto original con mayor ambición, decide dar un volantazo y usar a los personajes como McGuffin del reflejo de un cambio de paradigma ideológico que está sucediendo en Hollywood. Sin hipocresía ni explicaciones rebuscadas, con lenguaje directo y coloquial.

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