X-Men: Dark Phoenix (Dark Phoenix)
EE.UU, 2019, 113′
Dirigida por Simon Kinberg
Con Sophie Turner, James McAvoy, Jennifer Lawrence, Michael Fassbender, Jessica Chastain, Nicholas Hoult, Evan Peters, Alexandra Shipp, Tye Sheridan y Kodi Smit-McPhee.

Un brotecito de histeria

Por Ignacio Balbuena

Este año es uno de despedidas para los nerds. Ahora mismo, Toy Story 4 está rompiendo récords de taquilla. Avengers Endgame, ansiosa de destronar a Avatar, está por re-estrenarse con escenas nuevas, después de haber concluido una saga de más de diez años con enorme éxito. Game of Thrones tuvo una despedida bastante torpe, con una temporada que dejó muy (muy!) insatisfechos a los fans, tanto los más hardcore y lectores de los libros, como los más casuales, pero fue una serie que sin dudas marcó una época. Y a fin de año llegará a su fin la que quizás es LA saga nerd por excelencia del cine, Star Wars. Bueno, al menos la historia de los Skywalker que empezó en el ‘77, porque películas de Star Wars posiblemente tengamos hasta el fin de los tiempos.

Y en el medio de todo eso, los X-Men tuvieron su despedida también, con una película que decepcionó a los fans, que tuvo críticas horribles, que no hizo ni dos mangos en la taquilla y por la cual el director debutante (pero productor histórico de la saga) ya pidió disculpas. Los X-Men bien podrían haber sido un MCU paralelo. Sin dudas los cómics originales lo permitían, los personajes y las historias estaban allí. En cambio, tenemos una serie de películas irregulares, con una línea de tiempo incoherente e incomprensible, varias películas infames y deformes y algunos highlights, entre los que podemos contar las dos películas originales de Bryan Singer, la más que extraordinaria Logan, las dos Deadpool, y algunas escenas aisladas de las últimas. Pero quizás el mayor problema de las películas de X-Men fue no tener una visión clara, un director de orquesta a la manera de un Kevin Feige para Marvel Studios. Y en Dark Phoenix esto se nota, y mucho. Por empezar, la película ni siquiera respeta escenas de la película inmediatamente anterior, Apocalypse, en la que Jean Grey libera su poder para destruir al villano de turno formando un ave de fuego.Simon Kinberg podría haber tomado esa punta y abordar el personaje del Fénix por ese lado, como una fuerza oculta dentro de la personalidad de Jean Grey (de forma similar a lo planteado en la desastrosa versión de Brett Ratner). 

Pero no, Dark Phoenix hace de cuenta que esa escena nunca ocurrió, y arranca la película con los X-Men yendo al espacio y con Jean Grey absorbiendo la fuerza Fénix allí. Bueno, absorbiendo en realidad una especie de nube de gas cósmico o algo así porque la película no se anima a mostrar al Fénix propiamente dicho, uno de los personajes cósmicos más icónicos del universo Marvel. En vez de mostrar a un pájaro de fuego intergaláctico, nos limita a una nube espacial amorfa, como si fuera la secuela de Los Cuatro Fantásticos transformando al emblemático Galactus a una tormenta espacial. Así que ya tenemos dos problemas. Uno de orden argumental (ignorar cuestiones planteadas en torno al personaje principal en la película inmediatamente anterior) y otro, de orden estético. Lo segundo podría no ser un problema: el propio Kinberg se refirió a Dark Phoenix como un drama más íntimo, en oposición al típico blockbuster de verano (verano boreal, claro). Y, dentro de todo, es cierto, se nota que es una película de escala más pequeña (en parte por decisión, en parte por falta de presupuesto, también, un hecho que no puede soslayarse: el final de una saga que ha sido poco menos que abandonada su suerte).

El problema es  que las pocas ideas que la película tiene a nivel temático están debajo de un enorme desgano a nivel ejecución. Ni hablemos del arco contradictorio de Jean Grey que pasa del ‘liberá todo tu potencial y rompé todo!’ de la película anterior al ‘mejor contenete un poquito o nos vas a matar a todos’ de esta película. Al margen de eso ni los propios personajes tienen interés: Magneto (que está en esta película because…..reasons?) le dice a Charles Xavier en un momento algo así como ‘Siempre lo sentís. Siempre hay un discurso, y a nadie le importa’. Sip, así es. Hasta los propios personajes están conscientes de que están repitiendo una serie de esquemas familiares pero carentes de función dramática alguna.

Los X-Men enfrentan una amenaza. Xavier y Magneto van a tener su conflicto ideológico. Magneto va a ser bueno, luego malo, luego bueno. En el medio está Jennifer Lawrence con ese maquillaje espantoso preguntándose por qué firmó un contrato por tantas películas y en que debería despedir a su agente porque tiene un nivel de fama absurdo como para seguir estando en esta franquicia. El producto final ni siquiera es ofensivamente malo y trash (de hecho en esta revista defendemos esa clase de aproximaciones al mundo de los superhéroes), sino que es simplemente inerte y mediocre. Aclaro: no salí taaaaan insatisfecho del cine en su momento, y de hecho por las críticas esperaba algo muchísimo peor, pero sin embargo a la hora de recordarla y escribir sobre ella no podía pensar en muchas cosas que la redimieran.

Si, Sophie Turner hace lo que puede con el material que tiene, pero a medida que avanza la película, el hecho de que ya vimos esta historia en cine una vez y que el cómic original es notablemente superior en varios aspectos, la decepción se va reafirmando. No quiero ser de esos nerds odiosos que comparan las películas de cómics con los cómics originales, pero la saga del Fénix Oscuro es uno de los arcos argumentales más icónicos, no sólo de los X-Men, sino de los cómics en general. Es difícil hacerle justicia en una sola película (de hecho Dark Phoenix iba a tener dos partes en una versión inicial). El Fénix podría haber sido el Thanos del universo X-Men, en otro mundo posible. Es un villano de poder infinito: cuando Jean Grey se convierte en el Fénix Oscuro en el cómic original, lo primero que hace es escapar al espacio y destruir un planeta entero, y volverse la enemiga mortal de una raza alienígena. En la película, Jean Grey tiene un mini-brote cuasi psicótico y le causa un raspón en la cara a Cíclope. Si, después mata al personaje de Jennifer Lawrence (perdón, SPOILER ALERT tardío, por si a alguien le importa, cosa dudosa), y está toda esa cuestión que aporta la película sobre Charles Xavier manipulando los recuerdos de Jean, pero nada llega a convencer demasiado. 

Había una película interesante con este argumento: una sobre los X-Men manteniendo una relación tensa y al borde del colapso constante con el establishment político, sobre un líder que al final nunca fue tan benévolo como creyó ser, sobre la manipulación de los recuerdos y el poder latente de una mujer tratando de encontrar su identidad. Dark Phoenix por momentos amaga a explorar estas ideas pero se queda en el camino, e incurre en la torpeza de incorporar villanos alienígenas y escenas de acción visualmente coherentes pero tampoco notables, que diluyen el poco drama de personajes que hay. 

Tengo que reconocer que la película me sacó una sonrisa con el cameo de la mutante Dazzler (una muy bonita Halston Sage), que en los cómics es cantante de música disco y acá aparece haciendo una canción pop de 2019 pero en 1992. Anacrónico pero lindo. Y ni hablemos de ese plano final con la partida de ajedrez y la cámara paneando hacia el cielo para revelar la formita del Fénix en el espacio después del sacrificio final de Jean Grey: Una verdadera grasada de orden cósmico. Hagamos de cuenta que el canto del cisne de la saga de los X-Men fue Logan, mejor. Mientras tanto, esperamos el inevitable reboot por parte de Marvel. A ver si la cosa repunta.

Comentarios