Rapsodia en Octubre

Por Ariel Esteban Ramos

Mi actitud ante el anuncio de esta película podría ser el título de un libro de Jane Austen: prejuicio y expectativa. ¿Cuánto más nos puede dar Queen, Santo Grial de otra época? ¿Es posible recrear esta historia y contarla existiendo en la memoria un original tan nítido cercano? Rapsodia Bohemia es una mezcla de logros que superaron a mis prejuicios y de algunas decepciones lógicas a mis expectativas. Empecemos por lo más flojo:

1. REPETICIÓN: En música clásica, al interpretar una obra del gran repertorio, en el espectador se librará una competencia entre lo que escucha y versiones grabadas por los mejores artistas de varias generaciones. En muchos casos existe una expectativa adicional de orden afectivo: la versión perfecta que imaginamos y aún no existe. En la música popular, esto es más acuciante porque como no hay partitura, la versión consagrada y perfecta existe. En nuestro siglo XX se llamaba disco, un artefacto que los niños ya casi no conocen. En la película de Bryan Singer se utiliza música original, pero un problema subsiste: la cultura del videoclip. Es imposible no comparar cada toma recreada con una videoteca mental contra la cual la película siempre sale perdiendo, con la única excepción quizá de esa reproducción extraordinaria del escenario que luego quedaría retratado en la tapa de “Live killers”. El mejor ejemplo de este riesgo es el simulacro del videoclip de I want to break free, en donde sencillamente se necesita ser Freddie Mercury o nada: en ese momento, la muy buena imitación de Rami Malek toca fondo.

2. DIFERENCIA: Para el fanático es una tomada de pelo que Freddy Mercury asuma el look gay 80s San Francisco de su disco solista (que él mismo convertiría en una moda internacional) cuando todavía están por grabar los temas que entrarán en News of the World en el ’77. Hay varios pequeños desajustes de este tipo entre narración y cronología real que resultan molestas para el conocedor.

3. CAMEO SORPRESA: el guiño de Mike Myers personificando a un ficticio gerente de EMI. Afirma que los jóvenes nunca harán headbanging en un auto con un tema como Rapsodia Bohemia: justo lo que el mismo Myers hizo en la recordada y ya clásica Wayne’s World. Extrañamos a Garth.

4. YOU ARE MY HERO: ¿Y para qué una película sobre Freddie Mercury? El héroe rompe las antiguas reglas, mata al monstruo guardián (la industria, sus propios demonios, los prejuicios) y vuelve para darle algo nuevo a la humanidad. El Evangelio Rock de Mercury es clarísimo: En su búsqueda de sí mismo, Bulsara se vuelve Mercury, va a buscar un nuevo estilo para entregarlo al hombre de estos tiempos, que lo valorará y lo identificará como propio, como parte de su propia vida. Búsqueda y victoria en parte pírrica, porque el héroe morirá. Pero también un sacrificio, porque para entender y triunfar había que descubrir algo importante. ¿Qué?

5. LA PROPIA FINITUD: Freddie encuentra en el espejo de la muerte anunciada nada más ni nada menos que el sentido de su propia vida, de todo lo que ha vivido y sobre todo, de lo que ha creado. Lo ya cantado se transforma en profecía y da sentido preciso al final. Hoy leí a un crítico en mis antípodas, y me maravillo pensando que realmente vimos películas distintas: “cuatro temas, todos al hilo, sin ninguna relevancia argumental, sin razón de ser. Solo porque esta era una película sobre Queen y había que mostrarlos tocar”. Disiento. Ante la sombra de la muerte, toda la reproducción cuidada y azucarada del Live Aid tiene sentido: despedirse de su madre con Bohemian Rhapsody, reafirmar la vida con We are the champions y aceptar la propia finitud con una sonrisa en Hammer to fall, que Borges podría haber traducido como: “Dele ahora, muchacho, porque la guadaña nos espera a todos”. Pero no es sólo esto, que ya es mucho: de manera más sutil, cada canción aparece en la trama con un sentido argumental casi siempre claro. Logra el efecto de un Musical de una manera que en comparación con aquel pastiche que fue Moulin Rouge, resulta fluida y natural. 

En síntesis, cualquier expectativa de una performance a la altura de Queen se verá traicionada porque es una tarea no sólo ociosa sino imposible imposible. ¿Quién podría salir ileso de una recreación de De Niro actuando en Cape Fear? Pretenderlo sería no entender que algunas cosas tienen aura y punto. En el fondo, era una derrota que había que transitar para llegar a lo que sin dudas es un triunfo: arrojar la red en el mar de historias de Queen y sacar algunos peces. Jellyfish tal vez. Kinda like it.

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