Conversations with a Killer: The Son of Sam Tapes
EE.UU., 2025, 3 episodios de 58′
Creada y dirigida por Joe Berlinger
Con Kahlil Visser, Rowan Studti, Benita Doria, Francois Immelman, Megan Choritz, Chad Sequeria, Jessica Lynne Bester, Liat Bresler, Nic Sedgwick, Victor Little, Trent Moffett, Brad Theron, Mason Stern, Adam Neil, Nichols Byron John, Andy Colombo, Eric Naitac, Kayla Theron, Brett Williams, Mari van der Westhuizen, Lia Laguma, Sienne Lumb, Jonker Marcus Dominic, Robert Klein, Manny Grossman, Mary Murphy, Dick Belsky, Lawrence Klausner, Robert Violante, William Gardella, Joseph Borrelli, Vinny Minutolo, Carl Denaro, Kevin Breslin, Steve Wax, Jack Jones, Mike Caparrelli, Marlin Hopkins, Wendy Savino, Charles Lomino, Gloria Zonghetti, John Comparetto, Richard Edmonds.
La era del vacío
Conversaciones con asesinos: las cintas del Hijo de Sam es la nueva serie documental de Netflix sobre el infame David Berkowiktz, quien inspira un subgénero de explotación en la industria de contenidos de no ficción. El personaje estelariza innumerables referencias de la cultura pop, siendo una influencia para cantantes como Marilyn Manson, Cypress Hill y autores del cine indie de la envergadura de Spike Lee, cuyo filme El Verano de Sam se inserta en el contexto de las atrocidades cometidas por el forajido, entre julio de 1976 y su arresto en agosto de 1977.
En el medio, el pistolero del calibre 44 mantuvo en jaque a la ciudad de Nueva York y sus alrededores, al emprender una despiadada cacería contra mujeres y parejas de jovencitos calenturientos en sus automóviles. El entorno de caos y crimen, en la Gran Manzana, fue desbordado por el terror del Hijo de Sam, hacia finales de la década del setenta.
Por eso se le considera un ícono monstruoso de aquella era de profundos cambios y trastornos, cuando el sueño americano comenzaba a colapsar, producto del sentimiento de derrota en Vietnam y el fiasco de Nixon en Watergate. Surgió así un tipo de serial killer, desde la realidad hasta las pantallas, marcado por un absoluto vacío, una apatía y una anomía que resultaron casos de estudio para la época, pues reflejaban el impacto social de la miseria de la mayoría silenciosa.
La serie documental aborda el tema espinoso a través de diferentes ángulos y teorías: la versión de la policía, el enfoque de las víctimas, la perspectiva de los medios, el análisis contemporáneo de los expertos en Podcast de True Crime, el aporte de los biógrafos del protagonista de la trama, los terapeutas y psiquiatras involucrados en los juicios.
El eficiente director Joe Berlinger se ocupa de montar y narrar los episodios, con los clásicos esquemas del formato, bajo el obvio saqueo de los hallazgos de Errol Morris en la fundacional The Thin Blue Line, amén de sus testimonios frontales ilustrados con escenas recreadas por actores profesionales. Por supuesto, la creatividad visual del realizador es limitada al frente de su maestro, dueño de una inventiva imposible de duplicar.
Por tanto, Conversaciones con asesinos: las Cintas del Hijo de Sam se ve lastrada por un casting de telefilme al tenor de unas interpretaciones poco lucidas. Las secuencias de ficción, basadas en hechos reales, pueden sacarte de quicio y provocar la estampida del respetable. Sin embargo, el trabajo del cineasta hace virtud de sus carencias, al momento de editar los archivos con música, desarrollando algunas ideas inquietantes. Llama la atención, sobre todo, el episodio dedicado a investigar las relaciones de los asesinatos del Hijo de Sam con el estreno de la película Taxi Driver en febrero de 1976, meses antes de iniciarse el cruento verano de David Berkowiktz.
El documental no le echa la culpa al largometraje de Martin Scorsese, pero sí cumple con explicar cómo inspiró y detonó la mente trastornada del psicópata, al sentirse identificado con el espiral de venganza y soledad del Travis de De Niro. Los dos fueron hijos del trauma de la guerra, regresaron al país sin pena ni gloria, terminaron viviendo en ratoneras de la periferia de Nueva York, acumulando un enorme resentimiento social, para luego descargarlo en la forma de un presunto plan mesiánico y heroico. Naturalmente, el cine no es el responsable de la acción de los copycats del hate.
No obstante, las películas como Taxi Driver radiografían y anticipan el ascenso de los fenómenos extremos de la posmodernidad indolora, de la transparencia del mal, tal como lo vislumbraron filósofos como Kracauer, Baudrillard, Lipovetsky, Imbert y Subirats.
Hoy las secuelas del Hijo de Sam, siguen ramificándose y exponiéndose en Nueva York, sin aparente explicación, solo el conteo indiferente de muertes inexplicables, a manos de anómicos asesinos seriales y solitarios. En tal sentido, Conversaciones con asesinos: las Cintas del Hijo de Sam cobra vigencia y permite comprender el asunto, fuera de los códigos binarios del estereotipo y la prensa amarillista.

