Armisticio (o una mirada retrospectiva y prospectiva para un género inestable)

Por Federico Karstulovich

No es grande ni pisa fuerte, pero si es un monstruo. No, no hablo de la guerra sino del bélico como parte de ese sistema de codificaciones y representaciones que se asume como uno de los nueve géneros canónicos-fundacionales de la gramática audiovisual y la narrativa clásica para el cine. Es un monstruo porque, como todo monstruo, es un conglomerado discontinuidades, que a su vez comporta como género una paradoja: se trata de uno de los mitos narrativo-audiovisuales más altamente codificados en lo que hace a su iconografía y a sus arquetipos, tiene un frente definido de temas que lo atraviesan y una serie de marcas formales definida. Sin embargo, su cronología es relativamente imposible, porque es oscilante y muta como pocos casos dentro del marco de los llamados géneros clásicos. Intentemos entonces formular algunas preguntas para pensar qué sabemos sobre este género, qué hemos visto y qué puede llegar a pasarle a esas películas que, a veces, pensamos que solo se definen por un grupo de personas tiroteándose (si fuera así Tinder debería ser considerado una instancia superior del género en cuestión…si, malísimo, por algo no hago comedia).

¿El cine de batallas en la antigüedad, las batallas medievales y las de la modernidad, al menos hasta lo que son las guerras independentistas del siglo XIX puede ser considerado bélico?

Técnicamente, no. Todo lo que es el cine que refiere a gestas fundacionales en la antigüedad está atravesado por el componente mítico como por el histórico. El componente mítico nos habla más de un género extinto, como la epopeya (quizás reformulado en la actualidad con el cine de superhéroes) mientras que el histórico (con un pie en la leyenda y otro en lo fáctico) nos habla de la épica. Ese componente atraviesa -con diferentes perspectivas- al cine de caballeros medievales, que es un cine que da pie a una de las formas de otro género inestable como es el cine de aventuras, pero a la vez carga con el componente épico y parcialmente el componente de epopeya. Es la modernidad la que desarma el componente mítico ya que, en alguna medida, comienza a otorgar entidad humana a esos héroes bigger than life , por eso la última épica posible con carga de leyenda es previa a los procesos independentistas conformadores de los estados-nación modernos. Películas como Corazón valiente podrían confundirse fácilmente con epopeyas o con épicas disfrazadas de cine bélico. Pero de seguro no es cine bélico estrictamente. El proceso de emancipaciones independentistas y el pasaje de contextos imperiales a formas republicanas modernas (es decir, contextos históricos post 1776 y 1789) ponen un límite al mito heroico (epopeya antigua y medieval), al mito-leyenda (épica antigua y medieval) y a la leyenda-historia (épica moderna) para que lo que prime sea la fuerza fáctica de la historia (aunque no todo el cine bélico se atenga demasiado a esta suerte de ideal). El bélico necesita del dato fáctico, de la verdad histórica para luego si, repensar sus modos de representación. Es, si se quiere, el más periodístico de los géneros canónicos (junto al policial negro). Por eso es un género fundamentalmente contextualizado en los siglos XIX, XX y XXI.

¿Como se lo puede periodizar entonces?

La periodización según conflicto bélico es una tentación facilonga, tanto como decir que te gusta una banda de música y mostrar que solo escuchas los greatest hits: primera guerra mundial, revolución rusa, revolución mexicana, independencia irlandesa, guerra civil española, tensiones de entreguerra, segunda guerra mundial, guerra fría, guerras libertarias contra imperios coloniales modernos en América, Asia y África, guerra de Corea, guerra de Vietnam, guerras territoriales en medio oriente por el conflicto árabe-israelí, guerra fría por medio de países periféricos, guerra de Irak (1991), guerras post 9/11,  guerras de servicios secretos, micro guerras contemporáneas o guerras gaseosas. Todas y cada una de esas clasificaciones tienen algo de preciso como de impreciso, ya que el proceso cronológico-histórico real no tiene por qué dar cuenta de la evolución-cambio de un género. Creo que, en ese sentido, es interesante particionar al género en tres grandes segmentos: globales, regionales, nacionales e internamente subdividirlos según temperatura del conflicto: fría (asociada fuertemente al cine de espionaje y a las guerras entre e intra servicios secretos), templada (los períodos de entreguerra o las guerras quirúrjicas breves, de días u horas), caliente (las guerras territoriales extendidas en el tiempo y de trascendencia). Ahora bien, el género, quizás apelando a una auto conciencia feroz, demanda una lógica que le sea inherente, por eso es ideal pensarlo menos como una línea de tiempo sino como un dispositivo reticulado de tensiones en el plano vertical (cualidades, extensión, intensidad) y en el horizontal (cronología histórica). Si, estimados lectores: una batalla naval. Ese sistema de cuadrantes hablaran mejor de las oscilaciones y palpitaciones de un género que una progresión estable y dura. En esto hay que seguir a Rick Altman, especialista en la historiografía de los géneros cinematográficos: “Quizás los géneros no hayan sido otra cosa que grupos de familia, vinculados por asociaciones circunstanciales”. Bueno: la periodización de este género demente tiene sus bemoles, pero no es imposible.

¿Cómo se lo puede organizar internamente? ¿Según los temas que aborda?

Yo creo que la organización interna es distinta a la periodización. La primera es caótica y heterogénea, la segunda precisa algo parecido a una progresión temporal pero ramificada (como hemos visto) según cualidades, extensión e intensidades. Pero no todo es tan fácil. Veamos. El cine bélico no pide siempre que nos enfrentemos al campo de batalla, sino que también incluye al antes y al después. La pre-guerra, la guerra en si y la post-guerra son los tres grandes tópicos, en cuyo interior podemos encontrar a una variopinta serie de temas (incluso, en muchas películas, superponiendo el antes, con el durante y el después). Y en virtud de los distintos momentos poder pensar una perspectiva pro-conflicto (Los boinas verdes sería un caso paradigmático), una perspectiva pacifista (Johnny agarró su fusil lo sería, sin lugar a dudas) y una perspectiva indefinida (por ejemplo Apocalipsis Now, que oscila entre el horror-testimonio de la violencia y la fascinación con esta). En este sentido el cine bélico también asume sus temas predominantes pero también el modo de abordarlos según la instancia de la guerra elegida.

¿El cine bélico entiende entonces límites precisos de representación?

Ni tanto ni tan poco. Porque si bien hay una superficie de cruces y una serie de temas y desde qué perspectiva abordarlos también hay un tono, un mood de lo bélico que dialoga muy plenamente con otras formaciones, con otras manifestaciones periféricas al género. Por eso también hay que pensar el abordaje desde tres perspectivas para el género: películas canónicas que cumplen con la expectativa del género (Sin novedad en el frente, sería un claro ejemplo), películas no canónicas que torsionan desde los límites las expectativas y posibilidades del género (Fuimos los sacrificados sería un ejemplo paradigmático) y películas periféricas (AliensDepredador pero también Pequeños guerreros o la poco conocida La segunda guerra civil) serían ejemplos fuera del género pero que se reconocen en él). En esos niveles y vectores que escapan lo estable también reconocemos la capacidad de mutación, multiplicación y resiliencia de un género que no se digna a morir y que a la vez reaparece siempre.

¿El cine bélico tiene futuro en un contexto post-1989 y más específicamente, post 2001?

Como hemos dicho previamente, si. Pero es un futuro incierto, porque a la vez que busca releer y agotar lo que en el pasado el género no supo hacer (Más allá del honor/Cartas desde Iwo Jima, de Clint Eastwood lo intentaron con suerte dispar) hay otra parte del género que está dejando un camino abierto hacia la revisión del último tabú, que es la autodestrucción de los servicios secretos, es decir, la recuperación de cierto cine de espías por otros medios. En la necesidad de jugar a una película que mire el pasado y otra que mire demasiado al futuro son pocos los que se preguntan por el bélico en tiempo presente. Por eso, en ese intersticio que se cuestiona sobre la naturaleza del los días actuales y sus silencios ruidosos, encontramos directoras como Katryn Bigelow, que al día de hoy se pregunta no sin cierto horror qué es naturalizar la violencia y la experiencia de la aniquilación (la propia y la ajena). En esa dirección de razonamiento el cine bélico (sin por ello caer en el horrible cine testimonial) tiene mucho de esa necesidad en la que pensamos muchas de las películas de este dossier: el cine es un arte del presente y el mejor cine bélico es el que está siendo en el sentido de que tiene capacidad de interpelación. Por eso, siempre que interpele al presente, el cine bélico seguirá existiendo y teniendo entidad, volumen y texturas. Caso contrario será pieza de museo, probablemente.

Fin del armisticio. Recomienzan las acciones armadas. Prepárense para el cierre del dossier, que será con todo.

 

(*)La foto pertenece al famoso armisticio de la guerra de Corea, firmado el 27 de julio de 1953

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