The Rip
Estados Unidos, 2026, 112′
Dirigida por Joe Carnahan.
Con Ben Affleck, Matt Damon, Steven Yeun, Teyana Taylor, Sasha Calle, Catalina Sandino Moreno, Scott Adkins y Kyle Chandler.
Old school entertainment
La amistad entre Matt Damon y Ben Affleck es de esas que trascienden la industria del entretenimiento, y es quizás por eso que, dentro de la pantalla, sus presencias se complementan y se potencian. La colaboración anterior, Air, fue maravillosa; una épica deportiva de oficina, dirigida por Affleck y protagonizada por Damon, quien como actor no ha dejado de crecer en el último tiempo. El último proyecto en conjunto es el que nos convoca, esta vez con los dos delante de la cámara: El botín, dirigida por Joe Carnahan y estrenada en Netflix. Una película de acción a la vieja usanza, donde no se escatiman los tiros, las puteadas y las traiciones.
Damon interpreta a Dane Dumars, un teniente de la policía de Miami atacado desde varios frentes: primero, la muerte reciente de su hijo; después, el asesinato de la capitana de su división y, a raíz de eso, la investigación a su equipo por parte del FBI, con la sospecha de que el culpable se esconde entre ellos. Dumars está roto, cansado y no confía en nadie. Las deudas lo acechan y ya no está seguro de su profesión. Su único amigo real dentro de la división es el sargento J.D Byrne (Affleck), a quién Dumars le ganó un ascenso y que, según parece, mantenía una relación amorosa con la capitana. El equipo está tensionado, vigilado, sin un norte claro. Todo se siente estancado y sin miras a mejorar, hasta que Dumars recibe un mensaje anónimo sobre una casa dónde un cartel de drogas guarda su dinero. Una gran, grandísima, cantidad de dinero.
El noble artesano detrás de cámaras, Carnahan, es un veterano del género. No siempre obtiene los mejores resultados, pero conoce los resortes de este tipo de relatos, tiene las herramientas y sabe cómo utilizar cada una. El guión, escrito por él en conjunto con Michael McGrale, quizás sea un poco enrevesado, pero la puesta en escena le otorga músculo y una fisicidad que se agradece. Nervio, golpe, impacto, palo y a la bolsa. Tanto Damon como Affleck lucen orgullosamente mayores en sus roles; ya no son aquellos muchachos despreocupados de Good Will Hunting o Dogma, pero la vida y el oficio parecen haberlos bendecido con un aura atemporal de estrellas en su cénit máximo. Su presencia nos hace confiar, nos da seguridad, incluso cuando la película a su alrededor no destaca, simplemente está bien, como sucede acá.
¿Y por qué pasa eso? Puede que tenga que ver con la dimensión emocional de la historia, un poco básica, un poco chata, quizás un poco grasa (al respecto, ver la escena final en la playa, con la niña llamada Jackie). Todo sucede demasiado rápido, enlatado, como para que los personajes tengan un arco real. Los vemos, les creemos (algo no menor, responsabilidad también de unos sólidos secundarios como Steven Yeun, Kyle Chandler o Sasha Calle, entre otros), pero, al final, poco importa quién vive o muere. Las emociones pretendidas no terminan de consolidarse, aunque el rostro de Matt Damon las contenga todas. Pero, si lo que buscamos es un rato de adrenalina y sonido de balas, más un interesante juego del gato y el ratón, ahí está El Botín, servido para cumplir.

