En presencia del diablo (Goksung / The Wailing)
Corea del Sur, 2016, 156′
Guión y dirección: Na Hong-Jin.
Con Hwang Jung-min, Kwak Do-won; Chun Woo-hee, Jo Han-cheol, Jun Kunimura y Jang So-yeon.

A la buena de Dios

Por Ignacio Balbuena 

Durante el verano de 2017 se estrenaron dos excelentes películas de género de Corea del Sur en las salas argentinas. En enero, llegó Busanhaeng o Train To Busan, que acá tuvo el más que genérico título Invasion Zombie. La película de Sang-Go Yeon es una gran versión del subgénero ‘apocalipsis zombie’, mostrando las consecuencias de la epidemia para un grupo de sobrevivientes que intenta llegar a la ciudad del título de la película viajando en tren. Train To Busan es muy entretenida, violenta, exhilarante y con la medida justa de emoción, un balance que a muchos blockbusters americanos como Guerra Mundial Z les cuesta.
Apenas dos meses después, llegó a las salas En presencia del Diablo, una película de terror de Na Hong-Jin, un director que conocía por el thriller policial The Yellow Sea. Corea del Sur es un gran país para esto de los crime thrillers violentos, ya sean procedurals (películas sobre el accionar policial), películas de acción o thrillers más bien de terror. Hay mucho para ver, desde Oldboy y Memories of murder hasta las más recientes The Handmaiden o Snowpiercer, ya con estrellas internacionales y en inglés.

En presencia del diablo (EPDD de aquí en más) es definitivamente otra película para sumar al listado de films sobresalientes de Corea del Sur. Sostenida sobre los cambios de registro que van del thriller sobrenatural a ciertos momentos de comedia oscura, logra sostener la mezcla de genéros a lo largo de su extensa duración (dos horas y media). Ahí donde muchos thrillers coreanos se limitan a un setting más bien urbano EPDD aprovecha su locación principal, el pueblo montañoso Gokson, como un personaje más. Gran parte de la sensación constante de misterio en la película se debe a lo meticuloso del modo de configurar la aproximación a la hora de filmar el pueblito, con un modo casi extrañado.

El protagonista es Jong-Ju, un policía abrumado por una investigación que lo supera cuando una serie de muertes en el pueblo parecen vinculadas a una suerte de posesión zombie, una presencia demoníaca, un extranjero solitario o vaya uno a saber muy bien qué. Lo interesante de EPDD es la forma en que logra sostener el suspenso a través de personajes y situaciones que perfectamente podrían ser estereotipadas o que en manos de un director inexperto podrían dar como resultado un thriller desabrido. Pero Na Hong-Jin, logra construir una idea de horror metafísico pero con componentes del terror pagano contemporáneo: un mundo de maldad y fanatismo librado a la gratuidad del ejercicio de la violencia.
Resulta apropiado que esta película se estrenara con un par de meses de diferencia con Invasión Zombie. La primera es un ejercicio de género compacto, cortito y al pie, que no se corre mucho de sus márgenes establecidos. Es igual que su trama, un recorrido guiado por vías. Soberbiamente ejecutado, eso sí. EPDD, por el contrario, abandona las convenciones. Es una película larga, atmósferica, y uno como espectador muchas veces intenta encontrar un sentido para todo lo que ocurre, una lógica interna que los propios personajes tampoco encuentran. Lejos de las convenciones argumentales y formales del mainstream de terror americano, Na Hong-Jin usa los tópicos del género para hacer de una película demencial en la que todo es posible. Quizás el futuro del cine de terror venga de estos vientos de libertad e incertidumbre. Corea siempre estuvo cerca.

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