LOS FANTASMAS DEL PASADO

A lo largo del número que comienza, nos dimos cuenta, identificamos, desde distintas perspectivas, una constante que en realidad excede a este número y que en realidad bien podríamos identificar como un síntoma de época. Ese síntoma es la persistencia obsesiva del pasado en las formas audiovisuales del presente. Hay, en ese gesto, una necesidad de posicionar la mirada sobre lo que fue, una y otra vez, como si de alguna manera eso convocara a algún espíritu en particular o en todo caso a una serie de ellos. Y que a partir de esa convocatoria nos habilitara o nos autorizara a enunciar la propia voz.

Si, es cierto: esto no es particularmente novedoso ni un problema completamente nuevo. La obsesión con el tiempo pretérito, antes que gesto retro es un gesto depresivo. Porque abre un sistema de representaciones alternativas a lo que el presente tiene para ofrecernos. O dicho de otro modo: miramos obsesivamente el pasado para que rediseñe nuestras expectativas de presente. Como si al volver a él pudiéramos, de algún modo, reinterpretar lo que somos hoy. El problema es que ese ejercicio tiene menos de gesto nostálgico que de lógica despolitizada. Esa relación con lo que fuimos reescribe y no habilita a reconocer los errores. Es decir: se cambia el pasado, de lo re-representa una y otra vez para que las limitaciones del presente se hagan tolerables y no tengamos que convivir con la angustia del contraste, con la derrota, con la posibilidad del fracaso. En definitiva se reescribe el pasado para que el presente sea su continuidad lógica y no su discontinuidad. Hoy por hoy las distintas representaciones audiovisuales parecen obsesionadas con esa posibilidad. Por eso el gesto del retorno al pasado no es otra cosa más que un anclaje desesperado en el territorio de la seguridad que brinda el mundo de la infancia.

Ese pasado, en alguna medida, se nos está volviendo una norma de referencia. Si, es cierto: en la irregular Medianoche en París el personaje de Owen Wilson experimentaba esa suerte de “angustia de las influencias” en relación a los artistas del pasado a la vez que terminaba por comprobar que toda época, de alguna u otra forma, siempre vivió perseguida por el tiempo anterior y fue presa de alguna suerte de comparación. Pero frente a esa angustia de lo previo, frente a ese andar temeroso del presente que no logra construir y narrar con la inseguridad derivada de la discontinuidad (discontinuar es eso: irrumpir, cortar con la memoria, pero también es crear algo distinto), encontramos excepciones vitalistas, gestos que no miran al pasado, que no necesitan ninguna marca de autoridad ni gesto celebratorio con lo hecho.

El abandono de los fantasmas del pasado es la mejor forma en la que el cine puede conciliar la potencialidad de un futuro distinto. El gesto, en alguna medida, parece o se asemeja al de las vanguardias, para las que todo era futuro. Ni siquiera presente, como bien podíamos reconocer el las formas más sofisticadas del arte popular por excelencia del siglo XX. Hoy la salida del pasado implica, también, la salida del cine como única posibilidad de futuro. Y no, no hablamos de formas de consumo o de ventanas de reproducción, ya que eso implicaría reducir al futuro a las limitaciones de los medios de acceso. Hablamos de la necesidad de repensar menos el lenguaje audiovisual que nuestra forma de relacionarnos con él. Empecemos a pensar en el futuro, en lo que vendrá, en el presente discontinuo, en la desamarra con las figuras del pasado. Sólo ahí habrá ojos creativos, ideas nuevas, pero fundamentalmente, ojos distintos, que nos alejen del fantasma de lo que fue, imposibilitándonos ser lo que podemos ser: algo mejor que simples réplicas automatizadas de los amantes del pasado. El futuro será nuestro, si. Pero no solo por prepotencia de trabajo, sino por cambiar la mirada de lo que fuimos. Y de una vez por toda, discontinuar algunas tradiciones mortuorias: si siempre se replica lo que se fue, jamás se podrá ser algo distinto. Y como sabemos: el cine es un arma cargada de futuro.

Mientras tanto no dejen de pispear el número que estamos comenzando, que viene lleno de ideas, de vida y de gente nueva.

ESTRENOS
Spiderman: lejos de casa
Chubut: Libertad y Tierra
Delfín
Las facultades
Esa mujer
Chucky, el muñeco diabólico
En los 90s
El Rey León
Infierno en la tormenta

TV Y SERIES
El caso Alcásser
Waco
Stranger Things 3
Sex Education
Dark S02

NO ESTRENOS
Rolling Thunder Revue
The edge of democracy
Cómo nos ven
Always be my Maybe
El canto del lobo
Alles ist Gut
Booksmart
The Wandering Earth

PODCAST
Perro Blanco / Perro Negro

VIDEOENSAYOS
Por qué el cine de superhéroes es un éxito hoy y no lo fue antes? (parte III): perspectivas de futuro

OTROS ESPACIOS
Jean Rouch, el otro (V)

VOLVER AL FUTURO
Anabelle 3: vuelve a casa
Astrogauchos
El diablo Blanco
El emperador de Paris
Border

DIARIO CINÉFILO
Roger Corman
Coca Sarli

LOST AND FOUND
The Norliss Tapes (Dan Curtis, 1973)
Fortress (Arch Nicholson, 1985)

Participaron en este número:
Daniel Alaniz
Ignacio Balbuena
Amilcar Boetto
Andrés Brandariz
Tomás Carretto
Ludmila Ferrreri
Claudio Huck
Federico Karstulovich
Carla Leonardi
Diego Maté
Sergio Monsalve
David Obarrio
Raúl Ortiz Mory
Ariel Esteban Ramos
Marcos Rodríguez
Sebastián Rosal
Rodrigo Martín Seijas
Gabriel S. Suede
Rodolfo Weisskirch

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