Fanny Camina

Por Amilcar Boetto

Argentina, 2021, 82′
Dirigida por Alfredo Arias & Ignacio Masllorens
Con Alejandra Radano, Nicola Constantino, Marcos Montes, Fabián Minelli, Marta Lubos, Manuel Martines Sobrado, Adriana Pegueroles, Fanny Bianco, Jorge Priano, Carlos Felisatti, Francesca Bab Andryseca, Ignacio Rodríguez de Anca, Abril Lis Varela

Fantasmas

Una mujer de otra época camina, como Paula Beer en Transit, como los soldados caminando  sobre cuadros de Turner en la segunda parte de Historie(s) du Cinema. Lo hace vestida con un esplendor de otra época. Lo hace hablando como si fuera una silueta recortada de una película del período clásico argentino. Pero lo hace en la actual sala Leopoldo Lugones, del TMGSM. 

Al hablar de Fanny Camina, se podría hablar mal de la evidente búsqueda de relacionar un  formato fílmico con una época, de un juego plástico y formal que tiende a ser exagerado y, hasta cierto punto, exasperante. Se podría hablar, entonces, de una nostalgia impostada con cierto tufo a “todo tiempo pasado fue mejor”. Se podría hablar de una oralidad que, más allá de cumplir con el dialogado propio de una película, genera, en su ejecución, incomodidad, como si algo no estuviera ajustado. Lo que no sabemos es si esa ejecución es deliberada. 

Sin embargo todo aquel ruido, todas las vacilaciones que nos pueda generar Fanny Camina se reducen al mínimo frente al espíritu que vive en la profundidad de la película. La operación de Fanny Camina es, de alguna manera, una operación iconoclasta. Pero pero no porque quiera subvalorar y/o desmitificar el culto al peronismo (y por consiguiente, su mitología), sino porque le permite a la fuerza-creadora-de mundo de las películas subyugar los iconos y convertirlos en parte de ese mundo creado. Realiza esa operación en lugar de subyugar su narración al mito. Es la operación contraria a la que hace Favio en Gatica, en donde Perón queda congelado-cristalizado, mirando al mono, como si la inmovilidad del mito estuviera impresa en la película. La Evita de Arias & Masllorens es un personaje vivo, que sufre y se lamenta, pero además es un personaje que visualmente dista mucho de la imagen icónica de Eva. Su repdoducción fantasmagórica es una imagen transformada por la propia película. 

Esa iconoclasia no es, por lo tanto, una operación destructiva. Básicamente porque se autoimpone como condición, a su vez, la de nunca faltarle el respeto a las figuras que representa. El enorme respeto que demuestra Favio dejando al mito cristalizado no es mayor al respeto que emana Alejandra Radano por Fanny Navarro, por más obvia o exagerada que pueda resultar su representación por momentos. Así como la Evita moribunda o el Perón ubicado en el fondo de una escalera (en esta operación, también de inmovilidad, se podría  pensar que la película pone en evidencia algo: es un Perón simbólico, sí, lo que nos podría  hacernos pensar que se acerca a la idea cristalizada de mito), las decisiones que pergeñan sus directores no hacen mas que alejarnos de su iconicidad tradicional. 

En definitiva, el viaje de Fanny, el de revivir su vida, es un viaje de revisión. Pero el viaje es tanto de ella como de la película. No, no se trata de un simple revisionismo histórico, porque lo que vemos no tiene que ver con la investigación ni la reinterpretación. Más bien se trata de una revisión icónica, una nueva forma de construir a Fanny Navarro y a Evita. Un ejercicio de desplazamientos, que se propone buscar, pensar y encontrar nuevas imágenes, nuevas maneras de filmar el pasado en una  Buenos Aires contemporánea. Como en Rouge de Stanley Kwan, vemos a una mujer que mira, y al mirar, contempla, re-piensa su pasado, y nosotros como espectadores contemplamos esa  contemplación.

Acaso por todo lo anterior importe menos que la profusión de clichés, de imágenes obvias, exageradas, incluso grotescas, sobre todo en sus momentos musicales. Importa poco porque dentro del pastiche creado por Fanny Camina está la intención creadora como potencia escrituraria. Por supuesto, esa intención logra imágenes que también pueden ser realmente extraordinarias, como aquella caminata por Corrientes en la que se sobreimprimen los teatros, donde esa imagen del Maipo eclipsa las cara a la actriz. Sobre esa mirada (la observación de la observación) es en donde la lógica fantasmagórica del cine como potencia importa más que lo que estamos viendo.

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