Golda

Por Raúl Ortiz Mory

Reino Unido, 2023, 100′
Dirigida por Guy Nattiv. 
Con Helen Mirren, Liev Schreiber, Camille Cottin, Ellie Piercy, Rami Heuberger.  

El momento

De entrada es necesario aclarar algo: la película en cuestión sostiene una postura israelí que justifica y reivindica las acciones militares y políticas aprobadas por Golda Meir, ex primera ministra de Israel, durante la Guerra del Yom Kippur en 1973. Es decir, no esperemos que este largometraje exponga contrapartes ni descargos árabes. Mucho menos un mea culpa sentido que pueda celebrarse como un equilibrio al discurso nacionalista que recorre todo el filme. Si bien cada realizador puede hacer la película que le da la gana, el director Guy Nattiv, nacido en Tel Aviv, se las ingenia para sostener su obra en dos detalles mayores que, por momentos, logran distraernos del foco político y la esencia de Golda: la actuación de Hellen Mirren y el espíritu de thriller que la gobierna. 

La actriz británica ejecuta una interpretación que oscila entre la decisión más férrea y el miedo a la duda. Mirren en el rol de Meir exalta la complejidad psicológica y la responsabilidad política para liderar a una nación que se mantiene en alerta constante. Algo así como Gary Oldman en Las horas más oscuras (2017). En esa línea, Nattiv ingresa a la mentalidad de una mujer que comete errores y los corrige, pero que siempre está reflexionando sobre lo que podría pasarle a la nación judía en el futuro próximo y lejano. Una visionaria con mirada de estadista que conduce la estrategia expansionista con orgullo y determinación. La mano de hierro de Meir llega a ser convincente gracias a la experiencia actoral que Mirren otorga.

El otro aspecto cinematográfico que resalta en Golda es la solvencia y la agilidad de su narración. La película de Nattiv está más cerca del thriller político que de la estampa biográfica. Lejos del fragor de los campos de batalla y de las ocupaciones militares, el director sitúa la mayor parte de las acciones en secuencias donde los altos funcionarios israelíes y Meir discuten sobre movimientos armados y repercusiones políticas. Un entramado de espionaje, que tiene al Mossad como eje central, fortalece su cadencioso ritmo repartiendo los roles secundarios entre oscuros y misteriosos personajes. Nattiv entiende que este capítulo en la vida de Meir -la Guerra de Yom Kippur- no es el más sencillo de contar, por ello decide no cuestionarla y cuida su aura de lideresa histórica dotándola de una sabiduría terrenal capaz de alienar al más díscolo de sus compatriotas. Atención: no olvidemos que la película está proyectada desde la mirada israelí y que Mirren hace tolerante cualquier divulgación propagandística.

Aunque Golda está contextualizada en un tiempo muy distinto al nuestro, Nattiv aplaude la pericia que tuvo Meir para moverse en un círculo masculino bastante acartonado en el que influenció y del que recibió influencia. Un año antes del estallido bélico entre sirios, egipcios y judíos, Oriana Fallaci, polémica periodista italiana, le preguntó a la primera ministra qué opinaba del feminismo y ella contestó que estaba de acuerdo con sus dirigentas en algo: “para tener éxito, una mujer tiene que valer mucho más que un hombre. Tanto si ejerce una profesión como si se dedica a la política”. Dicha frase podría resumir el pensamiento contracorriente que esta mujer propugnaba -sin que estuviera exenta de varias ideas machistas-. En la película se vuelve esporádicamente a este punto, aunque de forma contundente; sobre todo, cuando sus decisiones son cuestionadas. La fuerza femenina como una imposición que respalda la igualdad. 

En otros escenarios, Golda, quizá, hubiese pasado desapercibida ante la cantidad de películas que ofrecen las plataformas de streaming, pero la actualidad de Medio Oriente la convierte en objeto sensible a cuestionamientos de corte político y moral. A nivel cinematográfico, tiene un indudable valor sustentado en su abordaje narrativo y la genialidad de Hellen Mirren. 

Quedará flotando una duda: ¿Era el momento adecuado para distribuirla? ¿O el momento se oscurece por el contexto?    

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