Una atmósfera : Entrevista a Gustavo Biazzi, director de Los vagos

Por Marcos Rodriguez

Conocido quizás, en primera instancia, por su trabajo como director de fotografía (aunque ya había debutado en el largometraje con un documental y también contaba con varios cortometrajes encima), Gustavo Biazzi pegó el salto a la ficción. A su vez ese salto lo (nos) llevó hacia atrás en el tiempo y hacia otras latitudes (menos porteñocéntricas, afortunadamente para el imaginario audiovisual del cine argentino). El resultado es una película suspendida en el tiempo, pero a su vez cerca de los personajes, a los que cuida y quiere. En un año difícil y raro para el cine argentino, películas como Los Vagos resultan indispensables. En Perro Blanco quisimos hablar con su director. Y nos dimos el gusto

PB: ¿Por qué ambientaste la historia en los 90? ¿Qué te resultaba importante de esa época?

La historia la ambientamos a finales de los 90 porque esta basada en el recuerdo de esa época. Si bien la temática de la película, el amor y la amistad, son universales, me interesaban las particularidades del caso. Porque es una película sobre un conflicto interno que se  potencia en ese espacio y tiempo en el que sucede.
En una zona sub tropical como Misiones, el comportamiento está fuertemente influenciado por el sol y el agua. La sensualidad y la camaradería que se vivía en aquel momento me atraía como motor para los personajes. Además para comunicarse era indispensable estar cara a cara. Para lo cual los personajes necesitaban desplazarse. Y el desplazamiento es otro de los temas que me interesaba retratar.

Y el tiempo que los personajes pasan sin hacer nada concreto es fundamental para construir la atmósfera de la película. Si hubiera sido ambientada en la actualidad quizá hubiese sido necessrio más atención en cosas concretas como los teléfonos celulares por ejemplo. Y eso ya no me atraía.

PB:Después de tantos años y de un trabajo reconocido como director de fotografía, ¿cómo fue el paso a la dirección?
Fue un paso muy estimulante. Yo había dirigido algunos cortos y un largometraje documental, pero esta película demandaba una dirección mucho más compleja.
La primer dificultad era conformar un elenco convincente. El guión propone una película con un conflicto interno del protagonista, sumado a un retrato generacional en el que el tiempo y el espació son los que determinan el comportamiento y la progresión dramática. Queríamos acompañar a los personajes, compartir con ellos sus experiencias de cerca, sin forzar los acontecimientos para sostener una atención constante. O mejor dicho, que la atención sea puesta no solo en los acontecimientos que impulsan el drama, sino en el tono en el que estos se desarrollan, en la manera en que el espacio, y el tiempo los afecta. Y en la belleza que ese tono puede producir en si mismo.

PB: ¿Cómo surgió la idea de esta película?

Surgió a partir de una larga  introspección, en la que de a poco fueron apareciendo los recuerdos a la manera de un diario personal. Después, con esa materia prima armé un tratamiento. Y con la colaboración de Hector Jaquet estructuramos el guión y recién ahí fue tomando un rumbo  más de cuento. Pero siempre intentando mantener un tono poético, en el que priorizamos exponer el estado emocional del personaje por sobre los acontecimientos que los guían.

PB: Hay una diferencia muy clara en la forma en la que se filman Posadas y Buenos Aires.
¿Cómo pensaste esas diferencias? ¿Qué estabas buscando?
Hay diferencias en la manera en que la cámara encuadra Bs As, mucho más fija y con líneas rectas, sobre todo verticales, está acentuado el gris típico de la gran ciudad y las formas geométricas. Todo es un poco más rígido, pesado y estructurado.  Mientras que en Misiones la cosa es más colorida, espaciosa y las formas son variadas, no siempre geométricas. Ahí la cámara se mueve frecuentemente trazando diagonales y curvas en el espacio.
Buenos Aires es el lugar donde el personaje está solo, aislado y Misiones es donde se lo ve acompañado y siendo parte del entorno. Las diferencias se plantearon en relación a como siente el personaje el mundo que lo rodea.

PB:¿Cómo fue el trabajo para encontrar a los actores? ¿Y cómo fue el trabajo con ellos?

Hicimos, junto a Agustín Toscano y Ezequiel Radusky una búsqueda en varias etapas. Primero viendo fotos y  películas en las que había actores misioneros. Una vez agotada esa etapa, convocamos actores del litoral que viven en Bs As. Después viajamos al litoral y volvimos a convocar actores y personas sin formación actoral de la zona. Cuando ya identificamos a los que más nos gustaban (había una mezcla de actores con y sin formación) empezamos a probarlos en grupo. Pero más que pruebas técnicas, tratamos de descubrir si era orgánico el funcionamiento grupal y si el vinculo entre Agustín y Bárbara  (Ernesto y Paula) y Agustín y Ana Clara  (Ernesto y Andrea) podía ser verosímil.

Una vez que estuvimos convencidos de que la cosa podía funcionar, continuamos trabajando el vinculo humano entre todos y haciendo algunas pruebas de interpretación e improvisación que eran guiadas por Toscano y Radusky, en las que yo observaba para aprender y estar mejor preparado en el rodaje. Finalmente durante la filmación improvisamos bastante los diálogos. Pero nos guiaba una clara puesta en escena y  de cámara que armamos junto a varios del equipo.

PB: Los vagos recibió apoyo del INCAA (a través del Raymundo Gleyzer), pasó por Lobolab, recibió apoyos locales. ¿Cómo fue el proceso para lograr llevar adelante la producción? ¿Cuánto creció/cambió el proyecto en ese proceso?
Los vagos recibió el apoyo del INCAA, el IAAviM, y del dueño del Hotel City de Posadas. Fue un proyecto que costaba más de lo que teníamos, el doble diría yo. Pero gracias al aporte extra de muchos amigos, familiares y gente que dio una mano en distintos aspectos, se logró hacer la película como la habíamos imaginado.
Una de las cosas que cambió de mi idea original es que el grupo de amigos eran nueve. Y se fue reduciendo porque, (salvo Ernesto), ninguno de los otros tiene desarrollo dramático individual, en el sentido que no se transforman. Entre todos conforman una sola fuerza del conflicto. Entonces determinamos el número en función de cuantos podían entrar en un solo auto un poco apretados.

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