La caída

Por Pedro Gomes Reis

México, 2022, 95′
Dirigida por Lucía Puenzo
Con Karla Souza, Hernán Mendoza, Dèja Ebergenyi, Claudia Lobo, Enrique Singer, Mabel Cadena, Christian Vazquez, María Renée Prudencio, Mauricio Pimentel, Amalia Rangel, Fernanda Borches, Gizeht Galatea

El borde

Cada tanto, cuando me cruzo con películas de Lucía Puenzo me pregunto si no está obsesionada con contar siempre la misma película con variaciones argumentales. La idea de narrar contextos familiares que son invadidos por elementos que siempre estuvieron ahí pero que se revelan con cierta violencia como algo ominoso, que estalla en los ojos. En este sentido no puede sino reconocerse esa marca autoral en una película que, a primera vista, podría parecer ajena al mundo de la directora como lo es La caída. No obstante ahí están las marcas, acaso un poco automatizadas, pero presentes.

Encargada de narrar una película basada en un caso real, lo que se propone Puenzo es una narrativa naturalista, obsesionada con el desbarrancadero de la vida de una persona que, al mismo tiempo, es el contrapunto de una serie de abusos que a partir de un determinado momento se ponen de manifiesto. Y si bien en un inicio podíamos llegar a confundir la narrativa con el clásico tropo de ascenso del novato (en este caso una clavadista de 14 años) y caída del viejo maestro (en este caso una mujer que bordea los 30 años, también clavadista de primer nivel con su última oportunidad olímpica a la vuelta de la esquina), se revela como otra variación más de las narrativas de lo que, desde 2015 podríamos llamar el cine del #MeToo.

Oscilando entre una mirada esencialmente material, sexuada (otra marca autoral de Puenzo) y una mental, que redunda en los fantasmas de la protagonista, La caída intenta, valga la ironía, no caer en los lugares comunes habituales del cine de denuncia. Y si bien una cierta equidistancia y duda instalada nos sitùa en un lugar impreciso, la necesidad del señalamiento de lo obvio y previsible (el abuso de menores de parte de adultos que se valen de la relación de poder) convierte a los puntos màs inquietante de la película en movimientos esperables. Por ese mismo motivo el final se percibe estirado ya que lo conocemos desde varios minutos antes de que lleguen los créditos, en alguna medida como si Puenzo se abandonara a un automatismo que no le agrega demasiado ni a su obra ni a una historia que podía abismarse en el abismo, pero que optò por quedarse en el borde.

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