La única opción

Por Marcos Rodríguez

No Other Choice / Eojjeolsuga eobsda
Corea del Sur, 2025, 139′
Dirigida por Park Chan-wook.
Con Lee Byung Hun, Son Yejin, Park Hee Soon, Lee Sung Min, Yeom Hye Ran, Cha Seung Won, Choi So Yul, Kim Woo Seung, Kim Hyeongmook, Oh Dal Soo y Lee Suk Hyeong.

Giros

El curioso giro de Park Chan-Wook, nada menos que el director de Oldboy, por poner el ejemplo más extremo, hacia el clasicismo narrativo es tal vez uno de los movimientos más interesantes de los últimos años. Para quienes venimos siguiendo su carrera, a pesar de que este cambio ocurrió ya hace unas cuantas películas, sigue siendo todavía llamativo que precisamente uno de los autores que ayudó a definir el cine de principios del siglo XX en lo que tuvo de más neurótico, barroco, inestable y acelerado se nos presente ahora no solo como un respetable autor sosegado sino alguien, todavía un paso más allá, que filma con un aplomo narrativo que casi tiene un aire demodé. Claro que quienes todavía sientan nostalgia por el Park modelo dosmilero pueden recurrir, por ejemplo, a The Sympathizer, la serie que filmó en 2024, y, en rigor de verdad, todavía hay algunos truquitos y juegos de cámara en La única opción que le sacan una sonrisa a cualquiera. Pero el espíritu está en otro lado.

Lo más curioso de este cambio, por otra parte, no es tanto la medida en la que nos obliga a adaptarnos a un cine diferente al que esperábamos de Park (el cine, después de todo, es una criatura viva) sino la medida en la que nos obliga a repensar aquellas primeras películas a la luz de lo que fue después. Lo que fue rupturista, ahora es canon. Lo que era la periferia ahora es un nombre instituido. Pero, también, lo que era puro saltos y juego de puesta en escena ahora es una comedia grotesca de contenido social: como si Park hubiera querido filmar su propia Parasite. Un juego un poco triste en la medida en la que Parasite ya existe y no había forma de que pudiera generar un impacto similar. En cambio, la película en sí se sostiene por sus recursos: no tanto por el comentario social que proporciona (que está ahí, es evidente y servirá a quien quiera buscarlo) como por la forma meticulosa y detallada en la que va construyendo sus personajes y las situaciones que los ven empujando siempre un pasito más allá. Park siempre fue un maestro en crear personajes con los que no deberíamos poder identificarnos, pero que te terminan por succionar. En este caso, al homicidio múltiple que incluye asesinatos ahogados por música con un equipo de vinilos, cadáveres bonsái y trasplante de cuerpos como si fueran árboles. Todo para poder mantener, en un mundo cada vez más automatizado, el estatuto de clase media alta de una familia.

Es muy interesante cómo, además de presentar los motivos y la desesperación de su protagonista, Park se dedica a construir, a través de su plan homicida para mantener su estatus, todo un mundo en el que los personajes secundarios cobran un cuerpo propio: los asesinados, cada uno y a su tiempo, tienen su propia historia, sus angustias, sus problemas con el alcohol (todos), sus familias que se desmoronan y sus desesperaciones. No por nada Man-su se dedica a despachar a todos los demás candidatos que podrían quedarse con el puesto que él está deseando: es un personaje embarcado en un desmalezamiento de sus iguales. No es muy grande la barrera que separa al homicida del hombre arruinado. No es diferente su desesperación a la de cualquiera que está buscando un trabajo: ese es uno de los puntos que plantea La única opción, llevado por supuesto a su extremo. La suavidad o no con la que conduce la curva que lleva desde el idilio inicial de familia prolija y conservadora que hace un asado de anguila en el jardín a la familia cómplice de homicidio y un par de crímenes más por el camino tiene que ver con el arte de Park: presentar los elementos cotidianos que, puestos en tensión, conducen naturalmente a las conclusiones que estaban ya integradas en su funcionamiento normal. Lo que puede decir La única opción sobre el mundo en el que vivimos tendrá que evaluarlo cada uno. Pero lo dice de forma entretenida.

Hay una secuencia que me parece fundamental para entender el funcionamiento de todo esto: el principio de la secuencia de créditos final. Entre nombres de actores y detalles de fragmentos de papel (Man-su es un ejecutivo de la industria papelera, se habla mucho del tema), de pronto aparece una gran máquina podadora de árboles. Se trata de una especie de grúa gigante, con una pinza diseñada especialmente para derribar árboles y luego desrramarlos y descortezarlos, para dejar lista y prolija la materia prima que necesita la industria del papel. Se menciona muy al pasar en la película la cuestión ecológica, los monocultivos de árboles y el impacto ambiental, pero como una nota sin relevancia. No creo que la elección de esa máquina tenga que ver con un agregado ecologista en la película, si bien es muy impresionante ver la forma en la que opera. En cambio, hay algo muy crudo ahí: la máquina que arranca y pela, que corta para dejar listo y procesado. Hay también una especie de comentario sobre el capitalismo en todo esto: repite en forma gráfica lo que La única opción fue elaborando de a poco.Pero, por sobre todo, lo que hay es una atención por parte de Park a la imagen que puede causar el impacto que necesita. Si Park Chan-Wook sigue siendo un autor relevante todavía hoy no es porque sea joven y nuevo, ni un gran maestro venerable, sino porque es, como supo ser también en sus comienzos, un gran amante de la maquinaria que es el cine. Los recursos con los que trabajaba en la trilogía de la venganza buscaban un tipo de impacto. Ahora, está buscando otro. El medio a través del cual logra sus objetivos es, fundamentalmente, su conocimiento de los recursos de la puesta en escena. En ningún momento en La única opción, a pesar de toda la lectura sociológica que nos está planteando, uno encuentra escenas en las que el discurso se imponga por sobre el cine, en las que los parlamentos y los buenos (o malos) sentimientos de los personajes se nos manifiesten como una revelación aleccionadora. Todo lo que Park tiene para decir, lo dice a través de la puesta en escena: ya sea a través de un primer plano de una aleccionadora/personal trainer para recién despedidos, a través del goteo del agua de una maceta o de un dolor de muelas. El cine se impone. Esa fe y ese amor por el cine le dan una potencia a todo lo que filma, que son en definitiva lo que sostiene sus películas.

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