Landman S02
EE.UU., 2025, 10 episodios de 44′ a 55′
Creada por Taylor Sheridan
Con Billy Bob Thornton, Ali Larter, Jacob Lofland, Michelle Randolph, Paulina Chávez, Kayla Wallace, Mark Collie, James Jordan, Demi Moore, Jon Hamm, Colm Feore, Michael Peña, Emilio Rivera, Alex Meraz, Robyn Lively, Bart Johnson, Mustafa Speaks, Andy García, JR Villarreal, Sam Elliott
Proudly Made in Texas
A esta altura del partido, Taylor Sheridan es como el Aaron Sorkin sureño/republicano: alguien capaz de construir grandes personajes que arrojan frases, monólogos y diálogos afiladísimos a cada minuto, pero desde otra mentalidad que no deja de ser también parte del entramado cultural norteamericano. Luego de los éxitos de Yellowstone y sus spinoffs, de Mayor of Kingstown, de Operativo: Lioness, de Tulsa King, lo de la segunda temporada de Landman parece ser la cumbre de este posicionamiento discursivo: una serie más texana que la libre portación de armas, poblada por individuos claramente imperfectos, conscientes de esas imperfecciones, pero que nunca piden perdón por lo que piensan y hacen. Especialmente el protagonista, Tommy Norris, al que Billy Bob Thornton le pone la corporalidad y gestualidad indispensables para hacerlo querible.
Muchos se dedicaron a señalar que la primera temporada de Landman estuvo más focalizada en mostrar los avatares del negocio petrolero y que la segunda le dio más centralidad a la familia de Tommy. Algo de eso hay, pero solo hasta cierto punto, porque ya en la primera entrega el peso de las dinámicas familiares y cómo eso afectaban las decisiones profesionales era considerable. Y esta segunda parte no dejó de ser un muestrario de los riesgos y tensiones de un ámbito como el petrolífero, que abarca desde los trabajadores en el territorio hasta las decisiones de los dueños y ejecutivos. Lo que en verdad se apreció es una mayor confluencia entre ambos factores, con los factores personales y laborales uniéndose en una retroalimentación constante. Indudablemente, Sheridan (que escribió todos los capítulos, que a su vez fueron dirigidos en su totalidad por Stephen Kay) es un tipo que cree que ambas vertientes son inseparables, y que al mismo tiempo cada individuo se define por su interacción con los demás. Sus héroes, como Tommy, se relacionan de manera permanente con el entorno, con un paisaje muchas veces hostil, pero sus acciones, cuando las papas queman, son de carácter grupal.
En ese marco, hubo cuatro personajes clave que no solo condicionaron las decisiones de Tommy, sino que también expusieron con sus propias acciones su ética y su moral. El primero fue Cam (Demi Moore), la viuda ahora a cargo de la petrolera en la que trabaja Tommy, que en su afán por estar a la altura de un (supuesto) legado que le dejó su marido, presiona para tomar riesgos con los que él no está de acuerdo, en un vínculo que se va deteriorando progresivamente. El segundo es Gallino (Andy Garcia), un hombre de negocios/criminal que encabeza una compañía financiera que funciona como mascarada de un cartel de drogas y que termina invirtiendo dinero en la empresa de Cam. El tercero es Cooper (Jacob Lofland), el hijo de Tommy, que emprende su propio camino en la exploración petrolífera, aunque termina mezclado con Gallino y pasando por toda clase de avatares en su relación de pareja. Y el cuarto es T.L. -brillante Sam Elliott-, el padre de Tommy, quien reaparece en su vida tras el fallecimiento y funeral de la madre, pasando de estar alojado en un geriátrico a residir en la casa de Tommy, reiniciando un vínculo que estaba prácticamente congelado. Todos ellos, cada uno a su manera, hacen correr de un lado a otro a Tommy, quien también debe lidiar con su esposa, Angela (actuación subvalorada de Ali Larter), una mujer que puede parecer superficial, pero que en verdad presenta muchos matices a partir de una feminidad deliberadamente polémica e incómoda para el feminismo dominante actual.En la segunda temporada de Landman hay multiplicidad de vaivenes, con algunos episodios -como los melancólicos Almost a home y Dancing rainbows, o el más transicional Forever is an instant– fuertemente focalizados en los lazos afectivos de los personajes y en momentos contemplativos, y otros -como el primero, Death and sunset, y el último, Tragedy and flies– donde todo fue a un ritmo mucho acelerado, con tramas y subtramas retroalimentándose. El resultado general quizás no fue del todo fluido, pero hay una atmósfera que, a pesar de la variedad de sucesos, espacios y protagonistas, atraviesa a toda la serie y la hace inconfundible. Texas en Landman se siente única, potente, tangible y fascinante, un territorio hostil y amigable a la vez, que inevitablemente atrapa al espectador. Y que alberga a Tommy, su familia y amigos, que conforman un grupete variopinto y enormemente querible. Por eso también cobran un sentido adicional esos momentos donde Tommy, luego de tantas corridas, se permite mirar el horizonte: el paisaje, aquí, es un personaje más.

