Looper: asesinos del futuro (Looper)
Estados Unidos-China, 2012, 118′
Guión y dirección: Ryan Johnson.
Con Joseph Gordon-Levitt, Bruce Willis, Emily Blunt, Paul Dano, Piper Perabo y Jeff Daniels.

Misterio y ministerio  

Por Federico Karstulovich

 

La invocación. De repente Nolan se nos convierte en una estampita-o en un 4 de copas, mejor- cada vez que hay que pegarle a alguna película, director o bodoque que –presuntamente-abunde en explicaciones, datos, especificaciones técnicas. Tiene algo de justo –Nolan es de esos directores que se ganan algunos prejuicios con justicia- con ciertas personas, pero resulta especialmente injusto con el cine, que se tiene que comer el bife sin haber comprado la carne siquiera.

Otro que la ligó este año fue el danés Nicholas Winding Refn, particularmente con esa cumbre del copy-paste publicitario que es Drive. En aquella –insisto: creo que es una película incomprendida y que no es “buena por ser mala”- también había explicaciones pero menos por lo verbal que por la metáfora explícita, que por la apelación a figuras estilísticas relativamente estandarizadas (el escorpión y su naturaleza traicionera, la máscara, la sangre en los billetes…y así). En definitiva, aunque fuera por medio de imágenes –“creyendo en el cine” dirán algunos- volveríamos al terreno de la explicación.

Looper –por más que la quieran vestir de mona- no es Inception ni Matrix Revoluciones, pero tampoco es Drive. Ni siquiera es Blade Runner-otra película con la que se la comparó-. Por el contrario, está más cerca de El vengador del futuro…aunque sin el humor de ácido sulfúrico que destilan los artefactos de Paul Verhoeven. En todo caso, lo que no se le perdona a Looper es que irremediablemente se mueva en el marco del clasicismo y que deba apelar, selectivamente a dos o tres explicaciones sobre la lógica de los viajes en el tiempo (muchachos: no recuerdo haberlos escuchado putear contra las múltiples explicaciones de La Jetee, obra maestra de Chris Marker con la que Looper dialoga extensamente). Esa necesidad –la aclaración por sobre el misterio- es la que condena a la película de Johnson a priori.

No obstante, la misma película nos provee de cazabobos, como si fuera consciente de los prejuicios que pudieran conjurarse en su contra. Pero… ¿Qué es el cazabobos? Abrir líneas explicativas para, desde el mismo centro del film, recuperar el misterio a puro golpe, riéndose de las implicancias racionales (“es demasiado complicado y no tengo ganas de explicarlo” dice el Joe del futuro a su versión joven mientras esperan su comida en un restaurante caminero cuando el joven pregunta sobre las características del viaje en el tiempo). Entiendo que, ese movimiento oscilante entre lo que las palabras parecen explicar y lo que verdaderamente explican o aclaran forma parte del mismo juego, del mismo tono de distancia-afección que la película propone con los géneros que aborda. Porque Looper en definitiva, sobreactúa ser parte del club de las “explicadas” cuando en realidad pertenece al terreno del misterio –que no de hermetismo- de las películas complejas. Está más cerca de la escuela de las ramificaciones inexplicables de Lost (primeras temporadas, claro) o inclusive de X-Files que de las sentencias con las que se la ha condenado.

En ese juego de pretender explicar lo inexplicable es en la superficie en donde Looper se mueve con velocidad y se hace inaprensible: a cada paso va mutando su raíz genérica, como si fuese una película en fuga. Esto le permite procrastinar explicaciones (de ahí que la última de ellas, la que intenta vincular la circularidad de la violencia sea lo más desafortunado de la película por lejos) pero mientras esa procrastinación dura el juego se abre, dialoga con otras películas (pero no hace cinefilia de museo, esa que se valida por la cita, sino que hace cinefilia pelotero, esa que va pasando de película en película como una posta interminable de juegos…en loop), se permite tonos inquietantes como el de la inteligencia del niño con telekinesis, juega a ser filosófica e idealista y se muestra más preocupada por los cuerpos que el promedio de la ciencia ficción actual. En el medio, con algo de velocidad histérica y parafernalia visual, Looper no se olvida de sus personajes (aunque el Joven Joe sea el menos interesante hay un planteo deliberado en torno a esa vida sin interés), a los que va presentando con intensa velocidad (insisto: la velocidad y la economía de recursos son factores clave para entender la propuesta y tono de la película) hasta que, procrastinación mediante y cambio de ritmo, en el final todo se detiene. Quizás ahí haya que pensar el principal problema de una película que juega todo por el todo a una idea hecha carne: que hay más complejidad y corazón en las ideas visuales que en el simulacro de seriedad de las explicaciones cerebrales.

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