Now You See Me: Now You Don’t
Estados Unidos, 2025, 113′
Dirigida por Ruben Fleischer.
Con Jesse Eisenberg, Woody Harrelson, Dave Franco, Isla Fisher, Justice Smith, Dominic Sessa, Ariana Greenblatt, Rosamund Pike, Daniel Radcliffe y Morgan Freeman.
Un mundo feliz (o la torta de mamá)
Dentro de ese subgenero del policial (y dentro del policial el cine criminal) al que llamamos Heist Movies o Caper film podemos encontrar una infinidad de variantes y tonos, lo que vuelve a este subgrupo tan pasible de ser atravesado por películas tan disímiles entre si como Fuego contra Fuego (Michael Mann, 1995) hasta Rapidos y Furiosos 5 (Justin Lin, 2011), desde Casta de malditos (Stanley Kubrick, 1956) hasta El Plan perfecto (Spike Lee, 2006). Pero probablemente lo que las vuelva especialmente populares no es la tontería progre de «empatizar con los ladrones que son antisistema» sino con poder acompañar el proceso, casi como si estas películas se trataran de un verdedero anti-whodunit. O en todo caso una transformación del whodunit (literalmente «Quién es el culpable») a how-they-did-it (literalmente «cómo lo hicieron»). En todo caso la fascinación es menos por el submundo del crimen que por la planificación. De ahí que se trate de películas deliberadamente transparentes (algo bien distinto a las películas de giro de tuerca, que necesitan postergar la resolución hasta el final).
Dentro del variado mundo de variantes de las Heist movies, probablemente se cuenten con los dedos de una mano las que lograron superar el acostumbramiento del público. En este sentido, las que pudieron sobrevivir como sagas no son necesariamente las mejores exponentes (de hecho hay extraordinarios casos de una sola película), sino las mas populares y que mejor entendieron al mercado. Por eso, desde el 2001 al presente tenemos pocos exponentes que se puedan sostener de pie y con orgullo, incluso con sus vaivenes, como la saga de Rapidos y Furiosos y como la saga Nada es lo que parece. En este sentido se trata de películas honestas y gozosas porque se disponen a narrar sin demasiados ambages el lado B de una estafa. Pero el punto mas importante es que el placer del engaño no se transforme en canchereo. Ahí es donde caen irremediablemente películas como la saga de La gran estafa.
En Nada es lo que parece 3 hay una reivindicación del placer del juego que si bien estaba en la primera, en la segunda se había automatizado un poco. ¿Inventa algo la tecera parte de la saga? Prácticamente nada. Pero en todo caso recupera a un director oscilante como Ruben Fleischer, quien ostenta en su currículum maravillas disfrutables y autoconscientes como Zombieland y Zombieland: tiro de gracia así como moplos indefendibles como Gangster Squad y Venom, pero también películas nobles como Uncharted: fuera del mapa. Y cuando Fleischer recupera las capacidades de artesano competente todo se hace muchísimo más fácil, porque notenemos que exigirle que invente un mundo, sino, siguendo a Hitchcock, que sepa hacer bien la torta que nos vamos a comer.
Nada es lo que parece 3 es una torta esperabe: chocolate, crema, dulce de leche, frutilla y acaso durazno. Está plagada de todo lo esperable y sabemos el gusto que vamos a comer en cada momento. Pero no nos importa porque el juego de precisión es ese: el bizcochuelo de nuestra infancia recuperado, la posibilidad de la entrega ante el artificio burbujeante de una gaseosa. Quizás por esa irreflexividad es que pasó tan radicalmente inadvertida. Su efectividad profesional propia de los magos de nuestra infancia hace efecto: logra que lo que podría haber sido una experiencia más nos salve un jueves funesto luego de una pelea estéril que nos puso de mal humor y nos distanció de quienes amamos. Es el poder del cine, todavía presente.

