Ni olvido ni perdón: Louis CK, Gervais y el final de la corrección política

Por Federico Karstulovich

Nunca menos

Algunas ideas sobre Sorry de Louis CK, Supernature, de Ricky Gervais y la corrección política.

Cuando Louis CK sacó su especial Sorry, un stand up que marcaba el retorno a los escenarios, allá por el 14 de agosto de 2021, día de mi cumpleaños, casi me pareció una señal. Si, es cierto, lo vi después, porque en un territorio oscurantista como el que nos toca vivir -un oscurantismo populista de mayorías incomprobables-, la cancelación se ha vuelto un sistema normalizado(r) de consumo. Y en ese plan, excepto que un alma piadosa subiera el material a alguna plataforma pirata o a pirate bay, la realidad es que cualquier cosa de el buen y viejo Louie se volvería en porno flamígero en nuestras manos.

Pero Louie ya había aceptado su culpa por haberse masturbado frente a empleadas de su productora. Y ya había pagado por eso. No obstante, incluso luego de semejante estupidez (que fue un abuso de poder, ya que él estaba en una situación asimétrica con sus empleadas, pero no fue ausente de consenso…claro, un consenso un poco extraño y oscuro), el tipo cumplió con todas y cada una de las demandas sobre su persona: sus series y películas volaron de cuanta plataforma existente (y pasible de presión por las modernas ligas de la moral) pudiera alojar el material. Y su persona fue exiliada al ostracismo. Se proyectó su actitud criticable sobre su humor (“habla sobre masturbación en público, debe ser un abusador que gusta de masturbarse en pùblico” y así). Y ese punto de partida habilitó casi cualquier barbaridad, haciendo de la excusa del señalamiento el perfecto justificativo para la persecución.

Uno podría decir, casi que partiendo del mismo problema, Ricky Gervais piensa la plataforma de lanzamiento de Supernature, cuya excusa es, como bien lo indica el título, la naturaleza humana (que puede ser contradictoria, adorable y perversa, cruel y empática, y varios pares antitéticos más fucnionando a la vez). Pero asi como la plataforma de lanzamiento es una, el horizonte final es otro: dejarse de romper las pelotas de una buena vez con la corrección política porque lo que está en juego, si lo permitimos, si habilitamos esa psicopateada nivel Dios (el chiste sobre el SIDA, la homosexualidad, las lesbianas, dios y el voyeursimo es una cima extraordinaria para el humor ateo), lo que sigue es nuestra libertad privada, porque la pública ya la habremos entregado.

Un poco en la línea de Humanity, pero mejorando notablemente la puntería, siendo más preciso, más contundente con sus piedrazos, pero antes que nada, siendo más violento en su defensa de la autonomía del humor como estrategia para escapar de la tiranía cotidiana de la corrección política (que comienza siendo corrección de la expresión para luego ser policía del pensamiento), la clave que revela este stand up es, justamente, aquella en donde terminaba el de Louis CK, quien pedía perdón por sus acciones en la vida real (pero a quien no se perdonaba en sus creaciones ficcionales). Bueno, en ese orden de cosas Gervais plantea una idea reveladora: no podemos cejar ni un solo paso atrás frente a los totalitarismos disfrazados de buenismo.

Gervais plantea una idea: si yo pido disculpa por mi humor sobre pedofilia, discapacidades, enfermedades, minorías sexuales varias, minorías étnicas, pobreza y otras varias cosas que suponen un tabú moral innombrable (curioso: si las excluyera realmente estaría haciendo una diferencia condescendiente, algo mucho peor), lo que queda es la autocensura y el fin de una de las características de la especie humana, que no es otra cosa que reírse de si mismos con la angustia de aquello que no puede repararse. Quizás Gervais siempre haya tenido a la muerte como tema circundante. Por eso, como modo de exorcizar una existencia finita, multiplica su crueldad en una escalera hacia un cielo de hipérboles de incorrección.

Cuando terminamos de ver Supernature no solo sentimos que hemos recuperado la comedia (más allá de las bravatas extorsivas como la que propuso alguna vez Hanna Gadsby con Nanette, curiosamente también en Netflix), sino que sentimos que recuperamos el país de la libertad, para poder reir y llorar en paz. Sin que nadie nos diga qué y cómo debemos sentir nuestra existencia.

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