PERRO BLANCO | NÚMERO 98 | MAYO / 25

Por Federico Karstulovich

Los monjes negros

Esperamos. La mayoría de los ciudadanos tiene una relación con la política sostenida en la espera. Pero también en la inacción. En el otro extremo, los desesperados (que parecen antagónicos al primer grupo, pero que en el fondo se revela como algo que roza con la quietud: no moverse nada o moverse demasiado en el mismo sitio son, en definitiva, formas del estatismo) y los que accionan haciendo casi cualquier cosa. Y los menos son los que participan, opinan, se meten y operan hacia resoluciones posibles ante los problemas. ¿A qué viene esto?

Hace unos días, con la finalidad de acompañar los nuevos concursos del INCAA, se produjo la elección del consejo asesor. Como resultado de esa elección circularon memes, tuits, posteos e historias de toda clase y tipo, acusando por diestra y siniestra a la nueva gestión del INCAA (cuya comunicación en redes en el tono de las formas oficiales de Casa Rosada es, cómo mínimo, confusa y como máximo expulsiva, ya que no invita a comprender nada del nuevo plan de fomento) sobre la designación y pegándole al poder ejecutivo nacional en el camino. En lo que no reparó ninguno de los responsables de las burlas y las puteadas es de dónde salía el conjunto de participantes del comité asesor. Y ahí, cuando comenzaron a circular las respuestas, el reproche se fue apagando y convirtiendo en una suerte de retroceso en chancletas silencioso. Los integrantes del comité asesor (así como otras áreas de responsables pertenecientes al medio audiovisual) SON ELEGIDOS POR LAS MISMÍSIMAS ORGANIZACIONES DEL CINE. Y en todo caso son designadas por las autoridades, previa elección democrática de las asociaciones. Personajes históricamente criticados (no tanto en voz alta, por lo visto, pero si en voz baja: asumimos que por miedo a represalias de alguna clase) como Cristina Agüero (de fulgurante y prestgiosa trayectoria audiovisual, como podrán corroborar por aquí, con obras magnas como Experto en ortología, Policía Corrupto, Deja la luz prendida y Olaf -siendo actriz en las primeras, de inicios de los 90s y productora y directora en las últimas dos en ese orden-) u Oscar Azar (con histórica trayectoria, como podemos ver aquí) siguen estando sobre la línea de flote. Como podrán imaginarse, la rabia, indignación y espanto que genera la reacción a esas designaciones tiene como correlato la irreflexividad sobre el origen de esos personajes tan cuestionados.

No es la primera vez que como docente y crítico escucho a otros docentes o a otras personas del ámbito audiovisual hablar del cierre del INCAA, algo que en los hechos no solo no sucedió sino que puede constatarse en su falsedad. Tampoco es la primera vez que escucho que el cine argentino dependiente de los fondos de INCAA no produjo ninguna película nueva en 2024 (cuando en realidad la información indica que no se produjo en su totalidad, de punta a punta, pero si se terminaron proyectos que estaban congelados a la espera de resolución, en algunos casos incluso desde 2017). Pero como mencionaba al inicio, la actitud que prevalece es la misma: el grito, el movimiento falso, la quietud, la inacción y la falta de participación como correlato de una despolitización violenta y profunda, instalada como indignación. En ese plano nos movemos hoy quienes circulamos por el medio local: puteadas en voz baja, exageraciones en voz alta, ausencia de participación y monjes negros (hay varios más que no mencioné explicitamente en éste editorial, donde apenas nos limitamos a reproducir lo que es un secreto a voces: hay muchos que son los mismos personajes oscuros de siempre que no solo no se van sino que vuelven a ser elegidos por sus pares) que siguen transitando los pasillos.

Pero como siempre, es más fácil gritar que participar y proponer. Quizás sea tiempo de pensar en nuevas asociaciones para nuestro cine, con nuevos integrantes, con una perspectiva más plural, imaginativa, amplia y propositiva. Excepto, claro, que optemos por elegir a los mismos personajes de siempre mientras ponemos el grito en el cielo con el flatwhite o con el termo y el mate en mano, mientras el mundo sigue girando.

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