El candidato
Uruguay-Argentina, 2017, 82′
Dirigida por Daniel Hendler
Con Diego De Paula, Alan Sabbagh, Ana Katz, Verónica Llinás, César Troncoso, Fernando Amaral, José Luis Arias, Matías Singer y Roberto Suárez.

El canto de los pájaros 

Por Nadia Marchione 

Quién, después de ver algún spot vacío lleno de marketing y de contenido nulo que han invadido hoy día el ámbito de la política, no intentó hacer el ejercicio de imaginarse qué hay tras eso. Quién no intentó de algún modo pensar en qué estarían pensando los que lo diseñaron, en cuál es su verdadero propósito. Quién no fantaseó incluso con la posibilidad de que desde dentro de esos spots haya un mensaje oculto, contrario al que parece enunciar.La proliferación de figuras políticas sin sustento, el vaciamiento de sentido de la política como ejercicio intelectual y el bastardeo del concepto “político”, tan de moda en los noventa, encuentran en la era de las redes sociales y el “cualquiera-puede-opinar-sobre-cualquier-cosa” un apogeo obsceno.

Ya no importa quién dice qué. Ni siquiera cómo. Importa el que más alcance tenga, el que más likes alcance, el que más “reacciones” recolecte, ya sea a favor o en contra. La famosa frase de sobrecito de café que alude a que no importa si hablan mal de uno, sino que hablen, hoy por hoy rige las vidas de la nueva política. A veces pareciera incluso que se hacen cosas groseras, que se pinta -parafraseando a mi colega que ha escrito también sobre la película que hoy nos ocupa- con brocha gorda adrede, para esquivar el bulto de hablar en serio, para hacer saltar la banca de los bienpensantes o para caldear el ambiente haciendo arder la famosa “grieta” y convirtiéndola en casi lo único que importa a la hora de relacionarse con un desconocido.

Pero a qué vamos con esto si de lo que vamos a hablar es de cine. A qué vamos con este “menjunje” de palabrerío que no lleva a nada si vamos a hablar de una película que es ficción pura, una película que no pretende (como parece deslizar mi compañero) ser cine político ni parecerse a él.

Porque El Candidato no es cine político. Es ficción pura. Es un ejericicio de imaginación con resultado tal vez desparejo pero no por eso menos interesente. Hendler crea un universo donde habitan esos personajes vacíos que vemos en los spots políticos. Un universo de spots. Ni de programas políticos, ni de candidaturas, ni de debates de ideas. Un mundo hecho puramente de spots. Por eso, esa “brocha gorda” a la que alude la crítica del compañero Rosal no es un error sino un claro objetivo narrativo.

Por otro lado, más allá de la temática del asunto, hay una cuestión que parece hermanar esta película con muchas otras películas rioplatenses. El ojo uruguayo de Hendler para retratar esos personajes grises y hasta un poco autómatas, de los que se escapa una comedia sutil y tan imperfecta como involuntaria, es el mismo que retrata a Norberto en la ópera prima del director. Esa misma mirada que construye personajes tan queribles a simple vista como Norberto, hombre común si los hay buscando algo que lo apasione en la vida, es la que construye hoy a este Martín que a simple vista es lo menos querible del mundo, pero se deja querer en sus gestos detenidos tan inocentes como cuando le pregunta a alguien cómo hace un asado. Esos pequeños gestos que construye Hendler para su personaje, son los que lo alejan de toda pretensión de bajada de línea, porque claramente construyen en la ficción una humanidad de la que tengo sospechas que la realidad carece. Hendler se alinea entonces así en esa tradición de cine uruguayo de tiempos detenidos. Es como si el cine uruguayo fuera lo más parecido al “mumblecore” que tenemos por estos pagos. Un cine en voz baja, que masculla y no pretende nada, sólo contar una historia. Un cine que no tiene como objetivo deslumbrar, y que genera una cierta incomodidad en el espectador ansioso. Que ese cine se haya acercado al universo de la política vacía provoca una película tan incómoda como extraña, una comedia tan singular e intermitente como sutil, que nos interpela desde esa incomodidad. El Candidato tiene un humor tan sutil e incómodo como el canto de esos pajaritos metalizados en el spot de campaña de Martín. A algunos los espanta, sí, pero a otros nos fascina y nos da curiosidad.

 

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