Estiu 1993
España, 2017, 96’
Dirigida por Carla Simón
Con David Verdaguer, Bruna Cusí, Laia Artigas, Paula Robles, Paula Blanco, Etna Campillo, Jordi Figueras, Dolores Fortis, Titón Frauca, Cristina Matas, Berta Pipó, Quimet Pla, Fermí Reixach, Isabel Rocatti, Montse Sanz, Tere Solà, Josep Torrent

La edad de la inocencia

Por Federico Karstulovich

En La ciénaga (Lucrecia Martel, 2000) diversos niños se desplegaban en un espacio caótico, abandonado a la buena de Dios, carente de adultos responsables (apenas un intento de personas, arrastradores de carne, hueso y cartílagos). Esos niños (huérfanos en la práctica) estaban rodeados de peligros, que dramáticamente se expresaban como potenciales actos de violencia. Prácticas atravesadas de tensión, que nunca explotaban (como sí podían explotar lateral o frontalmente en esas películas ibéricas que se tomaron el trabajo de desacralizar a la inocencia infantil, como Cría cuervos (Carlos Saura, 1976) y Quién puede matar a un niño? (Narciso Ibañez Serrador, 1976)), en las pequeñas acciones de la opera prima de Martel se encontraba comprimida la imposibilidad de empatía y de vínculo alguno para salvar al mundo frente a los males de quienes lo habitan.

Con menor nivel de misantropía, con una carga de violencia contenida similar, pero con una infrecuente ternura que construye un tono incómodo pero melancólico es que Carla Simón concibe ese milagro secreto que es Estiu 1993. En la ópera prima de esta directora también están esos niveles de incomodidad que mencionábamos en la película de Martel, pero a la vez hay un modo distinto, una tersura que permite abordar la superficie rugosa de lo que cuenta, que no es ni mas ni menos que el duelo que debe hacer una niña de seis años quien tras perder a sus padres debe adaptarse a la vida con sus tíos y a una serie de destratos microscópicos que construyen un acabado sistema de frustraciones, cuyo último eslabón es la violencia que busca un punto de salida.

Pero ahí donde el mainstream suele valerse de los lugares comunes de la representación de la infancia o en donde la misantropía pura y dura gozan con el sufrimiento, en el cine de la directora de E1993 se produce una suerte de movimiento oscilante entre la distancia (perceptiva) y la afección (empática), logrando que no todo sea tan fácil ni tan definitorio, haciendo así de la niña protagonista un personaje complejo, con zonas oscuras pero también con una carga de angustia inevitable, que se carga en los ojos como, quizás desde la mismísima Ana Torrent niña (en la mencionada película de Saura), el cine español no lograba.

Es notable, entonces, como esta oscilación encuentra en E1993 un registro formal adecuado: la sustracción que propugnan los planos generales frente a los planos detalle nos deja sin bloques de información. Hay, en ese corte perceptivo, algo del corte de la experiencia de la angustia (que a la protagonista le sobrevendrá en el final, como quien por primera vez en mucho tiempo siente que puede volver a respirar, porque ya no se siente en territorio comanche, territorio de escaramuzas y batallas). Pero hay una segunda gran elección formal, que tiene que ver con el uso del paneo hacia los laterales, también como un movimiento vinculatorio entre un mundo ajeno a la protagonista y su own private Idaho. Esa claridad de lenguaje encuentra en el paneo el punto preciso de ternura: el paneo busca juntar lo que está disperso, busca reunir lo que las decisiones de encuadre disocian.

Y es que, en definitiva, E1993 es una película que no le hace asco a esa terrible experiencia de estar roto y andar mendigando con los pedazos hasta dar, en alguna esquina de alguna habitación, con eso que los arquitectos llaman ángulo de encuentro, pero que cuando estamos hechos pelota puede ser la mejor de las casas. Por eso el plano final es desgarrador: porque toda casa es aquel lugar en el que, luego de la tormenta, sobreviene un techo que refugie por un rato. Y quizás por primera vez nosotros lloremos con los ojos de Frida (la protagonista), porque los suyos son nuestros ojos volviendo a ser abandonados.

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