Resident Evil: Capítulo Final (Resident Evil: The Final Chapter)
Francia-Alemania-Canadá-Australia, 2017, 106′
Dirigida por Paul W.S. Anderson.
Con Milla Jovovich, Iain Glen, Shawn Roberts, William Levy, Ruby Rose, Ali Larter y Ever Anderson.

Lo que no te mata te hace más fuerte

Por Ignacio Balbuena

Resident Evil tiene muchas virtudes usualmente menospreciadas: es entretenimiento clase B sólido y sin pretensiones, con una actriz protagonica de armas tomar (no canonizada ni autorizada por premios o críticas), que encima pone el cuerpo, y que encima muestra un buen manejo de la espacialidad y de la puesta en escena que muchos tanques de acción no pueden exhibir.
Las película de la saga son películas de zombies & tiros hechas sin ninguna otra pretensión que la de ser blockbusters entretenidos. Paul W.S. Anderson, escritor de todas, director de 4 de las 6 películas que componen la saga, se comprometió siempre a fondo con su (falsa) falta de ambición. No es menor el dato que indica que se trata de la única adaptación cinematográfica de un videojuego que tuvo éxito sostenido, en parte por no subordinarse ni al fandom ni al material original, si no a la visión particular de un autor. El resultado fueron 6 películas de acción baratas, pero bien hechas, honestas, y con espacio incluso para la experimentación formal, como en la secuencia que abre Retribution, un tiroteo arriba de un barco que se va reproduciendo en reversa.

De forma similar a las Rápido y Furioso, saga que le encontró el groove a la serie a partir de la quinta película, Resident Evil llegó a su punto más alto en las últimas secuelas, Afterlife y la mencionada Retribution, que llevaban todos los tropos de la serie al paroxismo. Clones, geometrías 3D, guiones enrevesados llenos de flashbacks y melodrama, referencias múltiples a Alicia en el País de las Maravillas (Milla Jovovich hace de Alice, un personaje original que no está en ninguno de los videojuegos originales y que con sus acrobacias y poderes mutantes acerca la franquicia más a Matrix que a una de George Romero).

Muchos de estos elementos vuelven a aparecer en Resident Evil: Capítulo final (un nombre que resulta irónico, frente a la noticia que la compañía que tiene los derechos anunció hace poco un reboot y seis películas más), pero lamentablemente esta última entrega no tiene la magia de las dos últimas. De movida, nos deja sin el gran enfrentamiento prometido al final de la anterior, y nos pone de nuevo a Alice en un paisaje postapocalíptico desaturado, imcluso con algunos ecos de Mad Max, un setting que habíamos visto en la tercera, de Russell Mulcahy (otro visionario del exploitation de baja categoría), director de las queribles berretadas Highlander y The Shadow .

Las persecuciones y secuencias de acción en mayor medida funcionan, y Milla Jovovich sigue siendo una actriz de acción convincente. Después de seis películas, se desenvuelve perfectamente en un personaje que hace de las peleas y los disparos un espectáculo coreográfico y elástico. Lamentablemente, en esta última se abandona el manejo de cámara más elegante de las anteriores en favor de un estilo más frenético, con shaky cam y edición rapidísima, que termina siendo de lo peor de la película: a veces más es menos. El estilo de Paul W.S. Anderson siempre tiende a abrirse hacia afuera, a una cosa más coreográfica, y el montaje al estilo Jason Bourne propone algo más inmediato o claustrofóbica, el choque es evidente. Resident Evil no es una saga de peleas cuerpo a cuerpo, y los momentos que remiten más a las anteriores son cuando deja de haber tantos cortes: los grandes planos abiertos y cenitales de ciudades destruidas, los recorridos por las trampas y túneles subterráneos.

Por otro lado, más allá del resumen de rigor al comienzo y el planteo que pone en marcha la trama la película es bastante plana al menos durante la primera hora. El plot es sencillo, hay que llegar de A a B en menos de una cantidad x de horas, los detalles no son necesarios, y ponerme a detallar quién es quién no hace falta, no creo que alguien que esté viendo Resident Evil 6 no tenga ya una noción de las cinco anteriores. Se pone más interesante cuando se introducen algunos elementos clásicos, como los perros zombies, las trampas complicadas y pasajes laberínticos, los mapas y grillas en 3D, y un final con plot twist telenovelesco incluido que sirve como un buen moño no solo para esta película sino para el personaje de Milla Jovovich en general.

En definitiva, Resident Evil: Capítulo final es una película que no vale demasiado la pena por sí misma, es decir, en autonomía, pierde. Pero si se tomaron el trabajo de ver las cinco anteriores, vean esta, ya llegaron hasta acá: hay algo del folletín que tira a querer seguir un poco más. Otras franquicias intentaron unir directores de acción berretas con interés en filmar a sus esposas sexies en trajes de cuero apretado y sucumbieron en el intento (Underworld y Kate Beckinsale, te estamos hablando a vos), y Resident Evil prueba al menos que Milla Jovovich puede sostener una saga de éxito internacional con su presencia física y con un director que entiende cómo filmar acción de forma atractiva.

Hay otros elementos que la redimen: Además de Milla hay dos badass girls más, Ali Larter y Ruby Rose, y además está Iain Glen (Jora Mormont en Game of Thrones) haciendo un doble papel que aporta una gran cuota de camp en medio de tanta seriedad distópica. Curiosamente, de forma similar a lo que pasa con Ridley Scott en Alien: Covenant, lo que menos le interesa a Paul W.S. Anderson son los bichos. Los zombies son apenas una nota de color, despojados del poder metafórico que suelen tener en las películas de Romero, y esta película, igual que las anteriores, es un ejercicio de puesta de escena de las obsesiones propias. Por lo menos le celebramos la ambición, aunque en esta haya fallado un poco la ejecución.

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