Saint Catherine

Por Santiago Gonzalez

Argentina-Nueva Zelanda, 2024, 86′
Dirigida por Michael Escobedo, Juan de Dios Guarduño, Hana Kasim, Gonzalo Mellid, Raffael Oliveri. 
Con Valentina Mas, Pachi Lucas, Julia Kraiselburd. 

Si te he visto no me acuerdo

Saint Catherine, de entrada, se nos presenta como una película de explotación. Luego de dos confusas secuencias que parecen inconexas pasamos a una historia con presentación, nudo y desenlace y así descubrimos que estamos ante una extraña antología donde la protagonista, una huérfana con algún problema con un demonio, entra en un convento. Y, para exorcizarla, la meten en un cuarto donde hay objetos poseídos. Sin anestesia, de manera brutal. Por eso cada vez que agarra un objeto entramos a una nueva historia. 

Si, estamos ante elementos deEl Conjuro (James Wan, 2012) y La noche del demonio (James Wan, 2009) como principales influencias, sobre todo en el apartado visual.Al mismo tiempo, como ocurre con las producciones donde están metidos los hermanos Onetti, su fuerte se encuentra en el trabajo de producción de arte. Partiendo desde aquellos extraños objetos, hay una obsesión casi malsana con los detalles. Pero contrario a ser un elemento a favor,la obsesión por la recreación de época pierde peso en la narración, algo que, por otra parte, suele pasar en las antologías: variedad a costa de profundidad narrativa. De la diversidad de historias solo algunas resaltan. La primera por copiar al cine de James Wan, y después otra que está narrada desde el punto de vista de un religioso y otra que coquetea con los demonios de Evil dead (Sam Raimi, 1981).

Pero volvamos al problema de la película. Es notorio que se trata de un grupo de cortometrajes distintos con un tema en común, al cual le inventaron una historia para articular al conjunto. El problema es que esta operación narrativa y estructural se siente como una suerte de estafa más allá de que se resuelve narrativamente en la historia principal. ¿Es algo malo? No necesariamente. De hecho podemos contabilizar miles de casos iguales, pero en esta ocasión el problema es notorio. Por eso cuando la mayoría de las historias se concentran en el mismo tema es la lógica estructural la que se termina agotando: no hay más que un puñado de historias que duran apenas unos minutos, con un desenlace que queda en nada. Saint Catherine si bien no es espantosa, quizás tenga un destino aún peor: será olvidable.

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